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La ciudad de La Paz, capital de Bolivia, demuestra que en medio de la pobreza sí es posible pasar de una ciudad sucia y desaseada a una limpia y digna. Bogotá deberá tomarla como ejemplo.
Hace 12 años, cuando visité La Paz, ésta era una ciudad sucia donde la basura después de las lluvias hacía colapsar el precario sistema de drenaje. Papeles, plásticos, materia orgánica y desechos de obra dominaban el paisaje urbano. La semana pasada visité La Paz y me encontré con una grata sorpresa: una ciudad limpia y muy digna. Esto me permite contradecir con hechos a un alemán que en el año 2002, al caminar por La Paz, me decía “es que los indios son genéticamente sucios”. ¡Pues no! Los descendientes de los incas nos demuestran que pueden ser más organizados y disciplinados que los mismos alemanes.
¿Por qué en medio de la pobreza se dio el cambio y se hizo posible manejar los desechos y el reciclaje? Bolivia tiene un ingreso per cápita que no alcanza a la mitad del colombiano y, aun así, hoy su capital presenta un aspecto mucho más higiénico y digno que el de Bogotá. La Alcaldía de La Paz inició desde 2005 una gran campaña ciudadana para el manejo de la basura, relacionando la suciedad con problemas de salud y su impacto sobre las poblaciones infantiles de los grupos más pobres. Vinculó a los niños a la campaña de aseo y esto contribuyó para transformar el comportamiento de los adultos, que fueron educados por sus hijos. La sociedad entendió las ventajas de mantener una ciudad limpia y hoy el aseo de las calles de La Paz no tiene nada que envidiar a las de Washington D.C. Además, Bolivia es un país que recibe mucho turismo, especialmente europeo, y la suciedad de las calles de La Paz empezaba a afectar su potencial turístico. Bogotá sucia no será turística.
En Bogotá, que creemos que es una ciudad mucho más moderna y rica que La Paz, no hemos sido capaces con el tema de las basuras. Sólo para mencionar dos hechos: no somos capaces de separar en nuestros hogares lo reciclable, lo orgánico y el resto de la basura. No hemos logrado acuerdos con los recicladores callejeros que destruyen las bolsas para extraer lo que pueden aprovechar; su condición de pobreza los obliga a esta actividad y su trabajo lo debemos respetar. Bolivia, con menos recursos técnicos y financieros, logró manejar el aseo en su capital y hoy nos demuestra que con eficiencia administrativa y conciencia ciudadana es posible superar un tema esencial para la vida urbana que eleva la dignidad al tener un medio ambiente limpio y saludable.
Imposible que nosotros, que nos consideramos los vecinos ricos del norte de Bolivia, no seamos capaces de vivir con dignidad y habitar una ciudad limpia y aseada. Para contradecir al alemán: “el nativo americano, mal llamado indio, no es genéticamente sucio; nosotros somos sucios por razones culturales, no genéticas”. Tenemos que cambiar nuestra cultura ciudadana.
