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Inició la COP26. Buenos discursos, falta ver los acuerdos. Vivimos el comienzo de una profunda crisis climática y la naturaleza sigue reaccionando ante el incremento de gases de efecto invernadero. Ciudadanos y gobernantes estamos advertidos: si los gobernantes no acuerdan acciones contundentes, nosotros como sociedad civil debemos tomar la iniciativa.
Del 2015 a la fecha hay avances, pero muy insuficientes. Según Climate Action Tracker, en 2014 se estimó que el mundo estaba camino a 4 °C de calentamiento para 2100. Hoy, después del Acuerdo de París y dadas las acciones en diversos frentes en Europa, el desarrollo de energías renovables —incluidas China e India—, la desfinanciación del 76 % de los nuevos proyectos de termoeléctricas a carbón, el aumento del uso de vehículos híbridos y eléctricos y la desaceleración de la deforestación, el estimativo baja a 3 °C.
El informe de Naciones Unidas (IPCC, 2021) señala que debemos avanzar rápido. Sería desastroso pasar de 1,5 °C, y aun cumpliendo las actuales promesas de carbono-neutralidad para 2050, la temperatura subiría cerca de 2 °C. Según la Agencia Internacional de Energía, los compromisos antes de COP26 significan que para 2030 el mundo planea producir un 240 % más de carbón, un 57 % más de petróleo y un 71 % más de gas natural que lo que se necesitaría para limitar el calentamiento a 1,5 °C. El mundo debe abandonar rápidamente el uso de combustibles fósiles. ¿Se llegará a un acuerdo en este aspecto?
Estados Unidos, mayor responsable histórico del calentamiento, debe jugar con J. Biden un papel protagónico. Por justicia climática, debe disminuir sus emisiones per capita y apoyar financieramente a los países afectados por el cambio climático. En su presupuesto del 2022, ha incluido incentivos internos para energías renovables, crédito para vehículos eléctricos, inversión en estaciones de carga para automóviles eléctricos, actualización de la red eléctrica haciéndola más propicia para la transmisión de energía eólica y solar, y regulación estricta a la contaminación de plantas de energía y automóviles. Aún está pendiente que defina cuál será el monto de los recursos que asignará para apoyar a otros países a enfrentar la crisis climática. La carbono neutralidad a la que debe llegar el mundo significa reducir drásticamente las emisiones y aumentar la fijación de CO2 con bosques o tecnologías artificiales. Esto exige financiación y compensaciones que se deben acordar en COP26.
El Consejo Nacional de Inteligencia de EE. UU. en reciente informe “Cambio climático y respuestas internacionales. Desafíos crecientes para la seguridad nacional de EE. UU. hasta 2040” (octubre, 2021), mirando hacia adentro, señala grandes y crecientes riesgos para EE. UU. como consecuencia de lo que puede suceder en los países afectados e identifica los 11 países más vulnerables, entre los que está Colombia. Este es un argumento adicional para negociar, por justicia climática, transferencias financieras y tecnológicas de EE. UU. a Colombia como parte del compromiso del Acuerdo de París. El monto de las compensaciones a los países más afectados y a los que con sus bosques contribuyen a la regulación climática quizá no se defina en Glasgow, pero Colombia como Estado-nación debe presionar para que se concreten estos temas.
La condición y vocación forestal de Colombia abre una oportunidad para conseguir recursos a escala global e invertirlos evitando la deforestación e impulsando la reconversión en el uso del suelo. La ganadería en Colombia genera el 24 % de las emisiones. Como ciudadanos, una acción climática importante es nuestro voto en las próximas elecciones. Debemos ser conscientes de la imperiosa necesidad de un próximo gobierno que actúe con transparencia, justicia ambiental y efectividad. Colombia debe pasar del discurso a una contundente acción climática.
