11 Nov 2020 - 3:00 a. m.

La lucha sobre cambio climático está en tablas

La política de Trump respecto al cambio climático y sus reacciones groseras y antidemocráticas frente a varios temas hicieron pensar a muchos observadores externos, incluidos los ambientalistas, que había claras razones para que los estadounidenses no lo reeligieran. Se pensaba así, era un deseo, pero la realidad era otra. Los resultados de las elecciones demuestran que Trump tiene mucha acogida en su país y, así haya ganado Joe Biden, las alarmas quedan prendidas. Mientras en Europa el tema ambiental tiene peso político, en EE. UU. es mucho menor y no genera cambios políticos. Para muchos estadounidenses el calentamiento global no es tema relevante.

En mi opinión, con la dinámica económica previa a la pandemia, Trump habría sido reelegido. El pleno empleo y el crecimiento económico antes de la crisis llevaban a que aquellos que definen su voto por temas de ingresos y bienestar de corto plazo estuviesen con Trump. Durante su mandato se impulsó, a un alto costo ambiental, la producción y el consumo de energía fósil y, usando fracking, EE. UU. se convirtió en exportador de gas natural desde 2017, por primera vez en casi 60 años. Desde el 2019 no solo se autoabastece —antes importaba casi el 50 % de lo que consumía—, sino que ahora es exportador neto de petróleo, según la Administración de Información Energética (EIA, por su sigla en inglés) de EE. UU.

Trump impulsó la desregulación ambiental, flexibilizó o abolió normas en campos tan importantes como el sector automotor —eliminó requisitos que obligaban a invertir en vehículos híbridos, eléctricos y de baja contaminación—, aumentó los niveles permitidos de contaminación para generación de energía y de vertimiento de desechos por minería a fuentes hídricas, entre muchos otros cambios. Entregó licencias para explotación de petróleo y gas en áreas silvestres e impulsó muchas otras medidas en contra de la regulación ambiental y climática.

El anuncio de la salida de EE. UU. del Acuerdo de París —efectiva el 4 de noviembre, mientras se estaba haciendo el conteo de votos— ha tenido múltiples impactos globales. EE. UU. es, después de China, la nación que emite más gases efecto invernadero y muchos países, ante la disminución del compromiso de EE. UU., se sienten autorizados para incumplir el Acuerdo. Esto ha tenido impacto sobre procesos productivos y el comercio internacional, que no incluye los costos climáticos en sus transacciones. Biden se comprometió a volver a incluir a EE. UU. en el Acuerdo de París, ajustar impuestos al carbón y otras medidas en el comercio internacional.

Coincido con los analistas que dicen que votos de afrodescendientes, antes abstencionistas, y la pandemia tumbaron a Trump. Su reacción frente a las manifestaciones antirracistas y su manejo del COVID-19 llevaron a que parte de la población calificara la actitud de Trump como racista e irresponsable y movilizaron muchos votantes.

Suponemos que con Biden, dados sus compromisos de campaña, algunas cosas cambiarán en EE. UU. y que el país se alineará con Europa, Japón y Corea del Sur para enfrentar la crisis climática, apoyar la recuperación enverdecida y la descarbonización. Hay expectativas positivas, pues EE. UU. aún pesa mucho en la dinámica global, en la continental y, particularmente, en la de Colombia, donde tenemos que pasar del discurso a la práctica en gestión ambiental. ¡Presionemos y trabajemos localmente para que así sea!

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