Hay mucha controversia respecto al discurso del presidente Petro en Naciones Unidas. Yo voy a centrar mis comentarios en dos puntos que requieren acciones nacionales y locales para que sus propuestas ganen peso a través de la gestión: la necesidad de legalizar el cultivo de coca y el cobro por los servicios ambientales provistos por los bosques naturales.
Legalizar el cultivo de la mata de coca evita que se ubique dentro de la selva tropical y lo pone a competir con otros cultivos no sólo en términos de rentabilidad sino de uso del suelo al interior de la llamada frontera agrícola, dejando de ser un motor para la deforestación. La ilegalidad genera un precio de sustentación para el cultivo de la coca, haciéndolo tan rentable que es utópica su erradicación; dadas la pobreza y las grandes utilidades, siempre habrá personas dispuestas a tomar riesgos y cultivar coca selva adentro, en áreas pequeñas y con alta rotación en medio del bosque. Legalizar no es una solución mágica, pero evita la relación entre deforestación y cultivos ilegales, y despenaliza al campesino cultivador. Como lo dijo Petro en su discurso, y ya lo había dicho el expresidente Santos en su momento, es hora de cambiar la estrategia. Tenemos que ser creativos y no hacer más de lo mismo.
El punto de debate y controversia es si se debe legalizar la producción de pasta base, es decir, el siguiente paso en la cadena, y penalizar sólo la transformación de la pasta base en cocaína y la comercialización de cocaína y basuco. Hoy día, en los alrededores de muchas escuelas y centros educativos en la Colombia urbana y rural, el microtráfico es un problema social y de salud pública.
Si no legalizamos, la guerra estará financiada y se perpetuarán la violencia y la deforestación. El campesino cultivador de coca no es mafioso ni guerrillero, es sólo un instrumento de esos grupos. La legalización debe ser parte de la estrategia de paz para Colombia por razones de desmonte de las mafias y su lógica operativa. Podemos y debemos erradicar esa categoría de “cultivos ilícitos”. Lo ilícito es la producción de cocaína y su comercialización. La persecución a la transformación de la pasta de base en cocaína, su transporte y distribución es un tema político y debemos abrir la discusión nacional e internacional.
Una solución gradual de mediano y largo plazo requiere precios de sustentación y mercado para los nuevos productos del bosque y pago de servicios ambientales para recuperar y conservar los bosques.
Esto conecta con otro aspecto del discurso de Petro que quisiera resaltar. Como se señala en el libro del Foro Nacional Ambiental titulado Colombia país de bosques (2022), en el capítulo “Creciente valor económico y social del bosque: retos y oportunidades”, el valor económico de los servicios ecosistémicos de regulación climática y conservación de biodiversidad que prestan los bosques tropicales está creciendo. Colombia debe unirse a otros países tropicales para negociar en el contexto internacional, desde la próxima Cumbre del Clima de Naciones Unidas, para que se generen las compensaciones económicas —esto puede incluir canje de deuda externa por compromisos de conservación— y así seguir prestando los servicios ecosistémicos asociados al bosque tropical, de gran relevancia para la economía y el bienestar global.