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En Glasgow los dirigentes políticos de casi 200 países se comprometieron, en nombre de las naciones que representaban, a mantener el objetivo del Acuerdo de París (2016) y adelantar acciones para limitar el calentamiento global a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales.
Así mismo, en junio de 2021, en el marco de la plataforma Convergencia por Colombia de la Universidad Nacional, Mesa N.° 9, Agenda 2030 sobre asuntos ambientales y climáticos, profesores universitarios y líderes de organizaciones sociales y ambientales presentaron a los colombianos el acuerdo Pacto por la Vida. Desde la socioecología y partiendo de la estrecha relación entre calidad del ambiente, economía y bienestar social, el Pacto promueve alianzas y acciones climáticas desde la sociedad civil. El liderazgo ciudadano en la acción climática es la esencia de la propuesta del Pacto por la Vida y desde allí se articula con lo acordado en Glasgow.
La propuesta es suprapartidista y supera en tiempo y espacio la próxima contienda electoral, pero no por ello es ajena a su resultado, pues el tipo de alianzas que se puedan establecer entre sociedad civil y Gobierno depende de las propuestas y acciones de sus líderes políticos. El Pacto por la Vida, como acción ciudadana independiente y comprometida con el país, es de largo plazo y se relacionará con los gobiernos de turno para asegurar políticas públicas coherentes y enfrentar la crisis climática. La acción climática, sea cual sea el próximo presidente, tendrá que estar en el centro de los planes nacionales y regionales de desarrollo y en la gestión gubernamental.
El Sexto informe de evaluación del IPCC (julio de 2021) señala la necesidad de acelerar las acciones públicas y privadas para cambiar hábitos ciudadanos de producción y consumo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y desarrollar capacidad de adaptación. En Colombia debemos incorporar medidas que aborden los problemas socioecológicos de adaptación y la necesaria articulación de la educación para generar cambios culturales y económicos profundos, orientados a la construcción de una nueva sociedad basada en una producción enfocada a la sostenibilidad y no al consumo y el desecho, una mejor distribución del ingreso, la conservación de la biodiversidad y la restauración de ecosistemas.
El Pacto por la Vida propone pasar de proclamas absolutistas en redes sociales y del cacareo gubernamental a acciones ciudadanas que signifiquen cambios, desde lo individual hasta lo nacional. Ejemplos sencillos y cotidianos que podemos iniciar de inmediato: rechazar y hacer explícito nuestro rechazo a agua, gaseosas o cervezas que vengan en envases de un solo uso; rechazar empaques plásticos en supermercados y promover la imposición de un gravamen o de un sobreprecio para empaques de plástico e icopor; priorizar el consumo de productos orgánicos y, en el campo, regular o incluso suspender en algunos casos el uso de agroquímicos; contribuir a la protección de nacimientos de agua, ríos y quebradas; al salir de paseo de la ciudad al campo, compensar nuestras emisiones sembrando árboles o financiando que alguien lo haga; reducir el consumo de gasolina; evitar los viajes innecesarios y promover el cobro de una tarifa diaria para sacar el vehículo particular a circular; usar e incentivar el transporte público y la movilidad en bicicleta y otros medios menos contaminantes.
El 2022 debe ser un año de efectivo liderazgo ciudadano en la acción climática.
