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El pasado 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, se hizo el lanzamiento oficial de la Década de Naciones Unidas para la Restauración de Ecosistemas. Restaurar es clave para recuperar la salud del planeta, evitar mayores pérdidas de biodiversidad, enfrentar la crisis climática, gestionar territorios sostenibles y generar opciones de trabajo a las comunidades locales.
El país anfitrión fue Pakistán y su primer ministro abrió el evento anunciando haber sembrado los primeros 1.000 millones de árboles en su programa de 10.000 millones de árboles. También intervinieron el secretario general de la ONU, los directores del PNUMA y FAO, la canciller de Alemania, el presidente de la Unión Africana, ministros de Barbados, Dinamarca y Finlandia e importantes personalidades del mundo empresarial. Hubo mensajes del papa y del jefe de la Iglesia musulmana. El mundo está comprometido con la restauración.
Sobresalió la intervención de #GenerationRestoration, un movimiento juvenil que lidera la propuesta de cambio y hace un llamado a la acción. #GenerationRestoration preguntó a líderes mundiales cómo entienden el papel de los jóvenes, quienes conocen y viven la degradación del ambiente y saben que para poder recibir de la Tierra es necesario darle y restaurarla. El futuro del planeta depende de lo que decidan hacer los jóvenes, sus objetivos de vida, sus énfasis profesionales, de cómo gestionen y empleen sus recursos, qué compren o dejen de comprar, cómo participen en política y por quién voten.
El poder en este y otros campos no se entrega, se toma y los jóvenes lo están haciendo. Así debe ser, más cuando serán ellos quienes vivan, sufran o superen los impactos de la crisis climática que los mayores hemos generado. Los jóvenes están llegando a la vida pública para quedarse. La acción y el liderazgo son de ellos. Hoy, en todo el mundo, lideran las movilizaciones sociales, Colombia es solo un ejemplo.
Mientras el mundo habla de restauración de ecosistemas, en Colombia deforestamos y se está discutiendo el proyecto de ley (283 en Cámara y 446 en Senado) que establece e incrementa penas para quienes talen bosque en zonas de reserva forestal, zonas de nacimientos hídricos, ecosistemas estratégicos o zonas protegidas. La complejidad colombiana incluye la coexistencia conflictiva en zonas de deforestación de campesinos sin tierra que buscan sobrevivir, capitales que apuntan a la especulación predial y fuerzas que buscan dominio geopolítico.
En un país con más del 75 % del territorio deforestado, utilizado en ganadería extensiva, de baja productividad y muy baja carga ganadera comparada con el resto de Latinoamérica; un país que ocupa en la región el segundo lugar en el índice de concentración en la propiedad del suelo, parecería lógico que se pensara en redistribuir la propiedad rural y no en deforestar bosque húmedo tropical para seguir expandiendo la ganadería extensiva. Pero hasta ahora las políticas no han sido claras ni efectivas, y la deforestación avanza y destruye un bosque biodiverso que cada día es más valorado en el contexto mundial.
Si queremos ponernos a tono con la tendencia global de restauración, además de penalizar la deforestación asociada a la especulación predial, debemos fortalecer la gobernabilidad de indígenas, afrocolombianos y campesinos en tierras y bosques comunales y reservas campesinas, y adelantar una política pública que, cuidando la función ecológica de la propiedad, haga de la tierra y su uso una herramienta para gestionar territorios sostenibles, combinando producción sostenible y conservación. Restaurar las cuencas andinas y frenar la deforestación del bosque húmedo tropical son prioridad y urgencia nacional.
