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24 Aug 2022 - 5:30 a. m.

Restauración, inundaciones e ingeniería

Al ejecutar el programa ambiental que llevó a que un buen número de electores votáramos por el Pacto Histórico, el nuevo Gobierno ha determinado un cambio de paradigma en el manejo de los ríos. Como lo afirmó Susana Muhamad, ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible, la concepción política del territorio parte del principio y el propósito de recuperar los valles aluviales como reguladores naturales del caudal de los ríos. Según la ministra, cabeza del Sistema Nacional Ambiental, esta aproximación se reflejará en el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026, y dijo en el Consejo Directivo de la CAR Cundinamarca de agosto de 2022 que para el Gobierno Nacional es inaceptable la “adecuación hidráulica” de la cuenca alta del río Bogotá.

Para recuperar los cauces se restituirán los meandros de los ríos y se buscará suspender las inversiones de las CAR, los municipios y los departamentos en las llamadas “adecuaciones hidráulicas”, que han sido utilizadas como herramienta principal para el control de caudales. Las “adecuaciones hidráulicas”, entendidas como rectificaciones, canalizaciones y construcción de jarillones para convertir los ríos en canales de conducción de agua, son una errática aproximación del siglo pasado. Este tipo de intervenciones que han destruido los ríos hoy se están revirtiendo en los países desarrollados, donde se invirtien grandes sumas de dinero para recuperar los atributos naturales de los ríos. Hacer esto en Colombia significa un cambio del paradigma que han utilizado las CAR en los últimos años.

En el caso del río Bogotá, la determinación de canalizar y destruir la parte del río que estaba rodeada de asentamientos urbanos desordenados surgió de una recomendación del Banco Mundial que, ante la imposibilidad de reubicar a cientos de miles de personas, consideró que para evitar desastres era necesario sacrificar esa parte del río y convertirlo en un canal de evacuación rápida y controlada de aguas. Así se buscaba evitar la inundación natural de espacios que ya habían sido invadidos, rellenados y construidos en áreas que tradicionalmente se inundaban en épocas de inviernos intensos.

Después de canalizar esa sección del río, la CAR Cundinamarca resolvió por su cuenta, sin apoyo técnico del Banco Mundial, replicar la inversión de “adecuación hidráulica” aguas arriba de Cota, en la parte superior de la cuenca del río Bogotá y en varios de sus afluentes, donde predominaba el paisaje rural de la sabana de Bogotá, un ecosistema protegido por la Constitución de 1991. A pesar de las múltiples protestas de la ciudadanía, la CAR ha seguido canalizando la cuenca alta, favoreciendo o posibilitando el cambio de uso del suelo, transformando zonas inundables en espacio para seguir urbanizando la sabana de Bogotá para beneficio económico de algunos urbanizadores privados e incrementar los ingresos de la CAR por el cambio de uso del suelo.

Con el apoyo del Grupo de Acciones Públicas de la Universidad del Rosario y de la Procuraduría Ambiental, la sociedad civil ya había conseguido que se conformara una mesa de expertos para revisar y modificar las intervenciones de la CAR en esta parte de la cuenca; ahora encuentra en el nuevo Gobierno un importante aliado. Es de esperar que las soluciones basadas en la naturaleza serán la prioridad y que podrán ser complementadas con inversiones en obras de ingeniería. Vamos a ver cómo la CAR Cundinamarca ajusta su proceder según el nuevo enfoque.

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