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Trancón positivo en Monserrate

Juan Pablo Ruiz Soto

17 de enero de 2012 - 06:00 p. m.

El pasado 9 de enero fui uno de los 18.000 visitantes que vivieron el trancón en el camino a pie a Monserrate.

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Subo con alguna frecuencia y normalmente antes de las 6 a.m., pero esta vez, con el ánimo de compartir el ascenso con los bogotanos, resolví subir un domingo a las 10 a.m., cuando encontraría el mayor número de visitantes. Con el traslado del festivo de Reyes, era una excelente oportunidad pues también encontraría a algunos feligreses que en fechas especiales visitan el Santuario de Monserrate.

Tremenda sorpresa: cuando llegué a la base del camino encontré que la Policía, con muy buen criterio, ya no dejaba subir. El camino estaba tan congestionado que en ciertas zonas había trancón y era necesario que parte de la gente terminara de bajar antes de permitir el ascenso de más caminantes. Hice lo que los deportistas hicieron durante el año y medio que duró cerrado el camino: anduve unos 500 metros por la carretera circunvalar en sentido norte y subí en medio de un degradado bosque de eucalipto, retamo y kikuyo. Como en los tiempos del “cierre”, no hubo inconveniente y pude retomar de nuevo el camino normal de piedra unos 700 metros más arriba. En contraste con las veces anteriores, que por el cierre no había ni perros callejeros, esta vez estaba lleno de gente y casi no era posible moverse. Como bien anotaba un niño que subía con su papá, eso se parecía a Transmilenio, “no cabe la gente y está muy apretado”. Estuve preguntando y casi todos eran bogotanos que querían caminar y subir al cerro; había pocos feligreses.

A los pocos metros el trancón era total, todos quedamos parados y resolví aventurarme por una pequeña trocha en medio de retamo espinoso y algo de basura, especialmente plásticos. Unos 200 metros adelante, y cuando ya era imposible salirse del camino debido a las espinas del retamo, de nuevo un trancón, esta vez generado por unas cien personas que intentaban retomar el camino empedrado. Tuve que aventurarme con una pequeña escaladita en roca para salir a la parte superior del camino. Al llegar arriba compartí con miles y miles de bogotanos la alegría de haber coronado la cima. Había sido, sin duda, el más difícil de todos mis ascensos a Monserrate, como dicen los montañistas; cada ascenso es distinto y es una aventura que podemos disfrutar.

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Desde el 17 de noviembre del año pasado, cuando se reabrió el camino, ya han pasado más de 250.000 visitantes por las registradoras de ingreso. A los bogotanos nos gusta cada día más caminar por nuestros Cerros Orientales. Esto es lo más valioso; el trancón es una expresión de la necesidad de dar acceso seguro a todos los Cerros Orientales, el gran capital natural de la ciudad. Ni Guadalupe con sus 3.317 m, ni los caminos de las quebradas del Arzobispo y La Vieja tuvieron la misma congestión. La razón es que en la vía a Monserrate hay seguridad.

El reto para la nueva administración es dar acceso masivo a los cerros y hacer realidad el corredor ecológico y recreativo de los Cerros Orientales que desde hace años viene promoviendo la fundación Cerros de Bogotá. Este proyecto propone un camino que limita la ocupación urbanística de los cerros e invita a los ciudadanos a tomárselos con fines recreativos, para promover la educación ambiental y recuperar la flora nativa, hoy amenazada por el retamo, una especie invasora. La crisis y el trancón del 9 de enero expresan una necesidad de recreación y generan un reto y una oportunidad para los cerros.

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