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Transición sin cortocircuitos

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Juan Pablo Ruiz Soto
16 de junio de 2021 - 03:30 a. m.
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La crisis climática nos obliga a realizar una transición socioecológica. No es cuestión de voluntad ni de discurso, debemos explorar y recorrer un camino que no conocemos ni diseñamos. Si bien hay quienes sueñan (y su sueño aporta) con que esa transición será rápida —como suspender antes del 2025 el uso de combustibles fósiles— y beneficiará a todos, pienso que no es gratis ni mágica, pues cuesta y toma tiempo, y su forma depende de nuestra inteligencia en la acción, del ajuste cultural y del entendimiento y la capacidad de adaptación. El cambio climático tiene impactos costosos —ejemplo, las inundaciones por las lluvias torrenciales—, que serán asumidos de distinta manera por diversos grupos sociales. La transición socioecológica requiere solidaridad y aplicación del principio de justicia ambiental.

Bienvenida la protesta, pero el ambientalismo ya no es un discurso de oposición. Ahora tiene que ser una propuesta de acción, de múltiples acciones para acelerar el cambio de actitud y disminuir el costo social de la inacción. Estamos obligados a pasar de la denuncia y el pronóstico a los hechos. Ante los embates del cambio climático, no hay tiempo que perder. Debemos identificar acciones de adaptación y mitigación. A pesar del dolor que eso genera a los soñadores extremos, el cambio será gradual.

El ambientalismo, señalado primero como una propuesta ideológica burguesa y luego de izquierda, es ahora una exigencia para la supervivencia de todos. El cambio en las aspiraciones y formas de vida es necesario, y de la capacidad de repensar nuestros sueños y deseos depende el buen vivir. El que no quiera cambiar sufrirá aún más, el mundo seguirá cambiando bajo sus pies.

La necesaria transformación social no depende solo de los políticos, depende sobre todo de la capacidad de gestión de la sociedad civil, tanto de la organizada como de la no organizada. Para Colombia, el termómetro son las próximas elecciones. Allí surgirán nuevas propuestas y los líderes juveniles tendrán que realizar el cambio. El discurso, sea de izquierda o de derecha, no es suficiente y el purismo ambiental tampoco es opción. Tan evidente es la necesidad de cambio que Naciones Unidas y hasta el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se han alineado para apoyarlo. ¿Cómo se dará y con qué características? Está por definirse, pero que viene, ¡viene!

Hace 40 años en el popular barrio El Codito en Bogotá, durante el proceso de regularización del barrio, Tarzán y Piscasucia tomaban la energía de un transformador ubicado en un poste sobre la carrera séptima y así le daban luz (energía de contrabando) al barrio. Ahora no tenemos palo al cual treparnos, hay energía y entre todos tenemos que usarla de manera eficiente y con justicia social.

Con premura, debemos gestionar la transición sin cortocircuitos, como lo hacían Tarzán y Piscasucia, sin quemar transformador ni cables. El principio no negociable es la vida y el respeto por ella en todas sus formas. Con la vida como referente supremo, todos tenemos que aportar.

Debemos reconocer la diversidad de visiones e intereses, así como las responsabilidades y capacidades de gestión entre las generaciones y los actores sociales. Entre jóvenes y viejos, izquierdas y derechas, consensos y disensos, tenemos que acordar y generar el cambio entre todos, donde cada uno y desde sus posibilidades hará su contribución para gestionar y vivir una profunda transición socioecológica.

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María(60274)17 de junio de 2021 - 01:22 a. m.
Muy cierto, pero hágale entender eso a un gobierno asesino y ladrón como el que tenemos.
Fernando(70558)16 de junio de 2021 - 04:40 p. m.
NO existe la menor duda de que hoy el mayor problema de la humanidad es el cambio climático y tampoco hay mínima duda d q´la voracidad de riqueza del capitalismo es la causante. La solución es política y quienes hoy gobiernan no pueden ni quieren hacerlo: Invertir en educación para generar nuevas tecnologías q permitan enterrar las q nos están matando. Solo Petro lo ha planteado, así les duela.
juan(9371)16 de junio de 2021 - 03:42 p. m.
Y la columna de Cecilia Orozco ?
DAVID(rv2v4)16 de junio de 2021 - 10:39 a. m.
Muy interesante. Y a la vez preocupante. Pueda ser que, el billete gastado en armamento y en cambiar de decorado a la Cancillería, no nos haga falta para enterrar a tanto muerto por Covid...¡Y la gripa que viene!
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