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De sol a sol

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Juan Carlos Bayona Vargas
27 de febrero de 2026 - 07:51 p. m.
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En 1986 los antropólogos Jaime Arocha y Nina S. de Friedemann publicaron, luego de años de investigación en el terreno, el libro que da título a esta columna. Cuarenta años después, la Universidad del Cauca publica la segunda edición, con prólogo de Aurora Vergara.

El subtítulo de la segunda edición aparecida el año pasado apenas varió el de la primera: génesis, transformación y presencia de la gente de ascendencia africana en Colombia.

Si yo fuera ministro de Educación, encargaría a un grupo interdisciplinario que realizara un ejercicio fabuloso de transformación de las casi 500 páginas que incluyera los relatos, las historias, el glosario, los mapas, las cartografías humanas, los conocimientos ancestrales, las experiencias silenciadas durante siglos, sin perder la rica flora conceptual que lo anima, para que, convertido en fascinantes libros de aventuras, los niños y jóvenes de las escuelas de nuestro país se enteren de cuánto de lo que el libro dice habita en todos nosotros y nos conforma como sociedad colombiana.

Se diseñarían talleres para los niños de muchas de las cosas que el libro hace emerger del estanque del olvido a la superficie de la nación colombiana. Un viaje por la historia que ayude a desmitificar la clásica costumbre de identificar lo negro con la maldad y lo blanco con la pureza del espíritu.

Porque es eso lo que hace el libro: nos muestra cómo de los 15 millones de negros que fueron esclavizados por los europeos desde el siglo XIV, miles de ellos arribaron a las costas colombianas y fueron sistemáticamente ultrajados durante siglos.

Pero el libro no se detiene en lo que ya sabemos. Lo verdaderamente interesante es que nos muestra cómo entender los códigos con los cuales se establecieron las intrincadas categorías socio raciales de la esclavitud, y cómo tuvieron que pasar siglos para llegar a consagrar como un principio constitucional en 1991 las tres líneas que tiene el artículo séptimo de nuestra Constitución Política: el Estado se obliga a reconocer, proteger y salvaguardar la diversidad étnica de la nación colombiana porque no somos una nación homogénea sino conformada por múltiples culturas y etnias.

Saber cuántos de los quistes mentales que se construyeron por los colonizadores y esclavistas para legitimar el oprobio perviven, de una u otra manera, en nuestros inconscientes colectivos es, a mi juicio, el gran aporte de la colosal investigación ahora reeditada. La pereza, las pasiones malévolas, una capacidad de comprensión menor, una mayor resistencia al dolor, la natural proclividad a la venganza y al odio de los negros, entre muchos otros, son algunos de esos quistes que fueron ganando terreno a la luz de dogmas pseudocientíficos gracias a la versión del evolucionismo de Spencer, muchos de ellos reeditados en la década de 1920, por políticos nostálgicos de la regeneración de 1886. Nunca se entendieron como una forma activa de resistencia de los negros.

La cultura de que había razas en la evolución humana cuyos atributos venían de la sangre, cobró fuerza, y dividió la geografía nacional asociando las tierras frías y templadas a las gentes blancas de mejor raciocinio y las cálidas para los indígenas y los negros deficitarios en raciocinio intelectual.

En estos tiempos en que nuevas ínfulas de supremacía blanca enarbolan sus banderas y afilan sus colmillos, el libro de Arocha y Nina S de Friedemann, refresca la memoria y vacuna contra el olvido. Pero más que eso: otea un futuro distinto.

Conoce más

 

maribel martinez(mypzj)01 de marzo de 2026 - 01:47 a. m.
https://youtu.be/TITKgT3iOOY?si=wO05obcLbCLkV3d- En ese link hay un aporte desde la biología que se debería enseñar desde el preescolar hasta la educación superior y de una vez por todas dejamos de ser una sociedad estúpida y malvada. Ah y gracias por tan honesto escrito y me conseguiré el libro.
Rosdel(57807)28 de febrero de 2026 - 10:59 p. m.
Colombia y podría decir que el mundo, desde cualquier etnia o cultura ha decrecido el deseo de conocer y apropiarse de su identidad. Es muy muy triste no conocer de dónde y cómo son nuestros ancestros, quién no conoce su pasado tien
Atenas (06773)28 de febrero de 2026 - 03:33 p. m.
2 cosas me permito precisar: 1a, q’ de suerte éste no es MinEducación, le faltó un pelito pa q’ el infame sofista Petro así lo hubiera retribuido al perder su voto por él y por hacerse el loco con el caos q’ lega.Y 2a, quién le contó ese bulo de “la clásica costumbre de identificar lo negro con la maldad….y su natural proclividad a la venganza..”, en el vasto número de personas q’ conozco y trato jamás he percibido tal idea.Inquieta sí q’ haya tantos q’ hurguen el pasado pa envenenarse. Atenas
Helga66(40077)27 de febrero de 2026 - 10:31 p. m.
Cultura negra presente en la comida y en la música. Obviamente no solo en estas dos dimensiones. Enriquece la vida esta diversidad y con su reseña del libro y comentarios ayuda a formar una opinión favorable al entendimiento de nuestra realidad
  • Felipe Fegoma(94028)28 de febrero de 2026 - 01:45 a. m.
    ¿Comida y música? ¿Eso es todo lo que aportan las personas negras al país?. Obviamente no solo, dice usted, pero a nadie se le ocurre añadir algo más. La triste realidad se queda en triste realidad.
Jose Dulcey(91028)27 de febrero de 2026 - 10:23 p. m.
Adan y Eva fueron negros. Para hacer Melanina se parte de la fenil alanina que por enzimas pasa a Tirosina. Esta da lugar a la DOPA por otra enzima. Sigue la Dopamina y la cumbre es la Melanina. Cuando por contaminaciòn se pierde acciòn enzimàtica se aclara la piel. el cabello ,los ojos.Ser rubio es signo de deterioro. Cuando se completa la decadencia aparece la Idiocia fenilpirùvica
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