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El ciudadano derrotado

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Juan Carlos Bayona Vargas
27 de marzo de 2026 - 07:15 p. m.
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En el barrio La Cabrera, en Bogotá, hay un hombre sentado en un andén y recostado contra un muro de piedra. No lo había visto nunca. Me acerqué sin pensarlo porque se me pareció a San Jerónimo. Cuando caminé a su lado confirmé que no estaba equivocado. Es idéntico. Los ojos grandes y hundidos, la mirada lejana y seria, la blanca barba larga e hirsuta, el cuerpo enjuto y la mente en otro mundo. Tengo una querencia por ese Santo desde niño. Una persona que se retiró al desierto durante más de treinta años para traducir la biblia y ponerla al alcance del idioma de la gente, es conmovedor. Al verterla del griego y el hebreo en que estaba mayoritariamente escrita al cuenco inmenso del latín, San Jerónimo logró que el vulgo pudiera conocer el mensaje que traía y que antes era incomprensible para la mayoría. La vulgata, la llamaron, porque el vulgo, por fin, tenía la oportunidad de conocerla.

El óleo que, siglos después, pintara el Greco del paciente Santo, es quizás la imagen más exacta que tenemos suya. En él, se ve al erudito y ermitaño con su obra terminada. Manoseado por los poderes terrenales, el amor, en el mundo de la fe cristiana, siempre prevalece como un don incomparable. El amor al prójimo es sólo semejante al amor a sí mismo, según el clásico precepto de la redención esperada y prometida. Un poeta latino, dos siglos antes del advenimiento del crucificado, lo había resuelto de otra manera, pero con el mismo fondo: nada de lo humano me es ajeno.

He pensado en todo esto mientras me acercaba y después me alejaba del hombre sentado a su suerte en el piso de cemento. Aunque tuve la tentación no le di dinero. Apenas lo miré con respeto y con pena. Las dos cosas por igual. Este hombre no es el santo. Este hombre está sentado pobre y solo y quizás enfermo, y a punto de perder el juicio si no es que lo ha perdido ya. Y seguí mi camino preguntándome si la caridad cristiana solucionará los problemas sociales de los miles de ciudadanos derrotados de nuestra ciudad como lo declaran los más pudientes mientras atesoran con minucioso celo sus caudales. Y no, claro que no. La justicia social es un asunto de los seres humanos y es sólo a nosotros a quienes nos corresponde hacerla verdad, o estrangularla. Resulta fútil especular sobre la divina. Y rentable. La justicia divina es otra cosa, otra es su belleza, otro su influjo. La justicia divina es más propia de políticos fariseos en campaña o de sepulcros blanqueados, pero, al fin y al cabo, putrefactos.

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Camilo Sanchez Espejo(3yl69)28 de marzo de 2026 - 09:44 p. m.
El columnista a pesar de que es educador no visibiliza al prójimo, por el contrario sigue derecho.
angela gómez Suárez(622)28 de marzo de 2026 - 04:14 p. m.
Juan Carlos: usted se suma a otros columnistas,con sus monólogos.Sera que los colombianos vivimos en un idílico país como Suiza o que la élite al igual que.los aristócratas europeos,en su comfort no veían las columnas de miserables en los cuales se apoyaban.
DIEGO ARMANDO CRUZ CORTES(25270)28 de marzo de 2026 - 04:03 p. m.
Su historia me hizo interesar en San Jerónimo y entendí lo lejos que estamos de ser cristianos. Tantos que miran la paja ajena y no la viga en sus ojos, tantos otros que no libres de pecado lanzan la piedra o las palabras para lastimar. Me quedó con la relfexión de hacer el bien sin mirar a quien y que cada acto de amor o compasión por pequeño e insignificante es valioso y valeroso.
Atenas (06773)28 de marzo de 2026 - 03:20 p. m.
Vacua retórica de quien así se atornilla al progresismo como ideología internacional y q’ en Colombia representa el asqueroso ojisapo con jauría como este espécimen. Sencillo expediente es este de mantener mostrando las heridas de todo proceso -dificil y tortuoso inevitable/- y consabidos esfuerzos q’ no ha querido admitir la siniestra izquierda. Claro, así es q’ engatusan a la ignara jauría ávida de q’ les tiren “guesos”. Atenas
UJUD(9371)28 de marzo de 2026 - 01:36 p. m.
Pilatos....
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