El sábado es el primer día de la semana laboral y escolar para el islam y el viernes, que es el día santo, el último. El pasado sábado 28 de febrero, los Estados Unidos e Israel bombardearon la escuela primaria femenina Shajare Tayyebeh, en Minab, en el sur de Irán, una ciudad cerca del estrecho de Ormuz. Era el primer día de la guerra.
No se sabe cuál de los dos lo hizo. Para el caso es lo mismo. Murieron decenas de niñas y jóvenes mujeres que apenas empezaban la jornada escolar, junto con muchos de los profesores que en el momento del ataque estaban en clase. Es ingenuo pensar que los hombres de la guerra no lo supieran y que sus oscuras charreteras de latón no les hayan servido sino para apretar los botones de la muerte. Nadie ha dicho mayor cosa. Una semana después de comenzada la guerra, sólo se sabe que habrá una investigación. Marco Rubio, el secretario de Estado norteamericano, aseguró que su ejército no haría una cosa así de manera deliberada.
No queda más remedio que creerle. Cuesta mucho. Pero cuesta aún más pensar que haya sido planeado. Cuesta aún más creer que los satélites de la guerra y las personas que los manejan hayan confundido una base militar o un arsenal de guerra con una escuela para niñas. Cuesta trabajo aceptar que todo se trató de un error humano como tantas veces nos han dicho y que son los daños colaterales de los conflictos armados. Miserable explicación.
Durante décadas la maquinaria mediática de Estados Unidos y sus aliados ha escrito en los imaginarios colectivos de occidente una imagen del islam como un enemigo potencial. Eso es así. Sospechamos de ellos. Son los malos. Se parecen al diablo. Tienen otras costumbres. No toman alcohol. No exhiben sus cuerpos. No tienen imágenes. Son raros. Una mirada epidérmica por supuesto, dirigida a señalarlos con el índice inquisidor de quien se siente dueño del mundo, como si no supiéramos que si Irán estuviera sembrado de lavanda o cubierto de girasoles, el Imperio se hubiera tomado el tiempo siquiera de considerarlo, y en cambio ahora lo ataca, como a Venezuela, porque Irán cuenta con las terceras reservas del crudo más importantes del mundo.
Hay quienes piensan que el ataque a la escuela fue intencional. Y lo piensan porque la tecnología de guerra de Estados Unidos e Israel es altísimamente sofisticada y exacta como para no haber distinguido un objetivo militar de una escuela. De eso presumen. El ataque es para borrarlos de la faz de la tierra y que sus mujeres no tengan la posibilidad de engendrar gente como ellos. Así como suena. Y no tiene nada de preventivo, como lo han declarado los agresores. Quienes creen que el bombardeo con misiles fue intencional, lo dicen porque a la luz de la lógica del exterminio sionista es lo que corresponde. Razones no les faltan para afirmarlo. Israel ha bombardeado hospitales en Gaza porque decía que allí se escondían combatientes de Hamás. ¿Qué nos van a decir que escondía la escuela?
Yo me resisto a pensarlo, y además no tengo la información. Pero sobre todo no tengo el corazón para creerlo.