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Fue lindo

Juan Carlos Bayona Vargas

10 de julio de 2026 - 12:30 p. m.

Dolió, y mucho, que nos hayamos quedado por fuera del mundial de fútbol. Conversando con el antropólogo y académico Felipe Cárdenas, recordamos su libro, Complejidades Ambientales, a propósito de la triste eliminación. Nos conocimos cuando ambos éramos profesores de la universidad. Él persiste. Yo, en cambio, ya solo acepto invitaciones esporádicas, y solemos estar en amable desacuerdo, pero para este caso, nos encontramos en el centro de algo que, tanto a él como a mí, nos pareció particular de muchos jugadores de la selección y de otras selecciones, en especial suramericanas: el explícito mensaje religioso.

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La conversación sobre la complejidad de los sistemas humanos llegó por fin a una bisagra, cuando convenimos que el paradigma del pensamiento complejo es, sobre todo, un ejercicio de humildad para no entregarle a Dios, el capital, las multinacionales o los fundamentalismos de cualquier punto cardinal, la lectura de los problemas. Y de sus soluciones. Las decisiones que afectan a la vida humana son responsabilidad de actores humanos.

¿Tiene esto que ver con la nueva derrota? No, por supuesto que no. Sería tanto como sacar un conejo de una chistera. Pero se me ha ocurrido pensar en ello a propósito de la conversación con mi colega y del diestro arte que tiene afinado este periódico para titular, en especial su portada, al día siguiente de habernos quedado por fuera contra Suiza, un equipo que, claramente, no jugó mejor que nosotros: "Fue Lindo".

Y lo fue. Gran título. Y ahora "a llorar al parque", como me dijo alguien en la ardiente Barrancabermeja donde vi el partido. Y no es reprochable que hayamos vuelto a casa antes de lo imaginado. Dejaron la piel en la cancha. Pero fue. No siguió siendo. Aunque puedo resultar injusto, siente uno que muchos de los jugadores diluyen su responsabilidad en una escatología evangélica, que atribuye todo cuanto ocurre a un plan de Dios previsto desde siempre. Eso de que “los tiempos de Dios son perfectos”, pues sí, pero no.

Yo no reprocho ni remotamente que muchos jugadores declaren que la gloria es primero para el Señor, o que se persignen al entrar al campo de juego o al salir. Cada quien con sus creencias personales y su relación con los misterios divinos. Pero es un juego de humanos entre humanos, y volvimos a quedar fuera después de 120 minutos, por errar lo que el contrario, menos devoto, no erró. El plan de Dios no era que perdiéramos, sino que perdimos por nosotros mismos, porque Dios, en su infinita sabiduría, nada tiene que ver con que, una vez más, cobremos mal los penaltis. Como en Rusia 2018 contra Inglaterra. Nada estaba escrito desde el comienzo. Lo escribimos nosotros. Punto.

Llama la atención que los equipos europeos poco se encomiendan al Creador cuando van a competir, y si lo hacen, lo hacen en la intimidad de cada personal silencio. Me atrevo a decir que sería recomendable entrenar mucho más el ejercicio para cobrar penaltis sin dejar de honrar al Señor por los favores recibidos. Si hacemos más lo segundo que lo primero, es posible que le reduzcamos al juego su complejidad y, como por arte de magia, a pesar del esfuerzo realizado, lo veamos desde una sola esquina que, como en este caso, cubre con su protector bálsamo las responsabilidades colectivas. Dios entendería, y además, seguiríamos compitiendo.

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