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Pregunta

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Juan Carlos Bayona Vargas
13 de febrero de 2026 - 06:28 p. m.
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Aunque siempre hay que tomarla con pinzas, no deja de ser inquietante. A mí me ronda de tiempo en tiempo, y en especial cuando termino una clase. Aparece de repente y sus posibles respuestas pueden ser muchas e incluso estar entrelazadas secretamente. En todo caso, creo que es bueno hacérsela y meditarla mucho, claro, sin exageraciones. Estoy seguro de que a todas las profesiones les sucede, cada una a su manera y desde la forma como el que se la pregunta lo permita. Se trata de provocar que ocurra sin incurrir en dramas innecesarios, pero tampoco en falsas autoindulencias. Pensar en ello ya es ganancia.

Sucede que uno se cansa. De todo. De lo que hace y, por extraño que parezca, de lo que deja de hacer. No tiene nada de raro. Ni de malo. Y tampoco tiene que ver con la edad. Simplemente, uno se cansa. Los maestros, para mi caso, tenemos una fuerte tendencia a la rutina, a repetirnos, a convertir en círculos concéntricos el noble y bello arte de la docencia. Por lo que sea.

Con frecuencia, las razones del cansancio del sector están asociadas al ámbito laboral de la escuela, a las condiciones concretas de su trabajo y a las limitaciones que se imponen. Y por paradójico que parezca son esas mismas restricciones las que hacen posible que el maestro reflexione sobre su labor de enseñar un determinado saber que, al menos en teoría, lo convierte en maestro.

La verdad, sin embargo, es más compleja. Al maestro no lo hace maestro el saber que trasmite. Aunque indispensable, el saber disciplinar es apenas uno de los componentes del interesante entramado de saberes que un maestro debe tener en cuenta. Son sus alumnos los que lo convierten en maestro, de ahí su deber de conocer a sus estudiantes y los distintos contextos en que se desenvuelven, conocer cuál es la relación que íntimamente establece con el saber que transmite porque es evidente que un maestro ha tomado su saber para ser enseñado; es decir, para convertirlo en un saber pedagógico, y finalmente estar al corriente de los centros de creación e información de las comunidades que desarrollan los saberes y que él como maestro apropia de algún modo, e interpreta. Eso sin dejar de mencionar la relación que sus discípulos van estableciendo con aquello que les enseña y que cada uno aprende desde su propia personalidad e intereses.

Ese andamio de relaciones que se construye a diario en un aula de clases y fuera de ella es donde surge la pregunta. ¿por qué hacemos lo que hacemos? O su pariente cercano, ¿qué pasaría si lo hiciéramos de otra manera? Pensar nuestras prácticas docentes es un primer paso para investigar nuestros saberes y la forma como los transmitimos y, de paso, espantar el cansancio.

Me lo pregunto, además, porque sé que pocos de nuestros alumnos han querido tomar el camino de convertirse en maestros. Parecerse a nosotros. Se cuentan con los dedos de las manos. Las razones son múltiples. Lo cierto es que, en general, las cohortes de bachilleres eligen todo tipo de carreras profesionales, entre las que se cuentan poco o casi nada las licenciaturas y las carreras de educación y pedagogía. ¿Por qué? ¿Cuánto tenemos que ver nosotros en todo ello?

En mi caso, a pesar del agotamiento que aparece y desaparece, yo quise emular a mis maestros, a algunos en particular, ser como ellos, dedicarme a la enseñanza porque es sin duda una de las formas más bellas del cansancio humano.

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Ana Rico(0bhb2)14 de febrero de 2026 - 12:36 p. m.
La docencia es mucho más que trasmisión de conocimiento. Es como Ud. dice penetrar en las historias personal sin intromisiones, considerar a nuestros/as estudiantes como seres humanos y no como anaqueles que guardan conocimientos. Podría decir mucho más sobre esta noble profesión, pero lo parafraseo: es la más bella forma del cansancio humano.
Carlos Augusto Bonilla Torres(txeb0)14 de febrero de 2026 - 12:25 p. m.
Es Bien Complejo realizar el Sueño de dejar Reemplazó, en treinta años de enseñanza solo he dejado tres " Herederos"
Atenas (06773)14 de febrero de 2026 - 12:21 p. m.
Pregunta torpe/ este sectario docente “¿por qué pocos alumnos quieren convertirse en <maestros> como nosotros?”. Maestro es una profesión de muy altos quilates, y según te he leído acá, en mi discernido parecer, no dejas de ser simple docente o tiza. Y los educandos no son tontos, igual se la pillan. Desde q’ comencé a leer este necio texto tuve clara la idea: un tardo exordio q’ conduciría a torpe conclusión y pregunta: desgracia q’ comporta el sectarismo a ultranza de los docentes.Atenas
  • Ángela Maria Lalinde Posada(19738)15 de febrero de 2026 - 02:23 a. m.
    Sorprende su megalomanía, todo lo sabe, nada es suficiente. Difícil será para los que conviven con usted.
  • Felipe Cox(18091)14 de febrero de 2026 - 06:59 p. m.
    Que lamentable leer sus comentarios. Quizás pueda reflexionar sobre la naturaleza de su aportes como el comunista lo hace de su oficio.
Alberto Rincón Cerón(3788)14 de febrero de 2026 - 12:42 a. m.
Muy buena.
Gildardo Guzman Barbosa(fbds6)13 de febrero de 2026 - 10:52 p. m.
Muy buena su columna. Sólo he leido las dos últimas desde que soy suscriptor del Espectador y me ha parecido que llevan a reflexionar sobre el oficio en estos tiempos de escasez de alumnos y al parecer de interés de los estudiantes en temas que no permiten obtener un rédito económico inmediato.
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