Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
El expresidente Álvaro Uribe ha dicho hace poco que Iván Cepeda, el candidato del Pacto Histórico, es un bandido disfrazado de derechos humanos y que representa el narcoterrorismo. Eso dijo. Que yo sepa, sólo es de izquierda. A nadie ha robado, a nadie ha estafado, y mucho menos a nadie a herido o matado, ni a nadie ha mandado matar como se lo gritó, en pleno Congreso de la República, Paloma Valencia refiriéndose a ella. Mal. Muy mal.
Les duele, cree uno, que haya sido el eficaz facilitador en el acuerdo de paz firmado hace 10 años por invitación del entonces presidente Santos, y que el Centro Democrático, el partido político de Uribe Vélez, declaró en pleno que volvería trizas. Cepeda es, además, víctima del conflicto. En el exterminio de la Unión Patriótica, donde murieron asesinados más de ocho mil de sus militantes, cayó el padre del candidato Cepeda en lo que constituyó el genocidio político más aterrador de la década del ochenta y comienzos del noventa en Colombia, reconocido como tal por el propio estado colombiano.
El expresidente entonces atiza las ascuas del viejo discurso: el candidato es guerrillero, es malo, le va a entregar el país a las FARC, o mejor, a las disidencias que aún quedan de la otrora guerrilla. Y es raro, porque a él también le asesinaron a su padre en hechos muy confusos por intentar secuestrarlo. Hace 43 años. Uribe Vélez, sin pruebas, asegura que fue la guerrilla, y la guerrilla, por su parte, nunca se atribuyó ese intento de secuestro ni ese asesinato. Lo cierto es que los dos son víctimas de la violencia, y uno pensaría que ese hecho tan doloroso que ambos tuvieron que vivir por separado mucho antes de que se conocieran, acercaría los espíritus, los atemperaría.
Pero no. El expresidente no les da tregua a sus resentimientos. Lo mismo hizo en su momento, con mi inolvidable profesor Carlos Gaviria, cuando fue candidato presidencial en las elecciones de 2006 y le disputó el solio de Bolívar. Uribe Vélez entonces lo estigmatizó de comunista, de peligroso, de estar al servicio de la guerrilla. Y no era ni lo uno ni lo otro y mucho menos estaba al servicio de la guerrilla. Simplemente era un humanista muy bien formado preocupado por los derechos humanos, la justicia social, y la teoría política. Se puede ser de izquierda y ser un buen ciudadano y una persona proba. ¿O es que alguien sigue pensando que esas cualidades son patrimonio exclusivo de una única posición política, moral o religiosa? Por supuesto que no. Pero el expresidente es así. Todo lo que no se le parece lo señala con el hierro ardiente de su odio. El expresidente nada que sana sus heridas. Respira por ellas, vive de ellas, se abriga con ellas. Debe ser muy difícil vivir así.
Yo no sé si el candidato Cepeda ganará la presidencia en las próximas elecciones. Tiene muchas posibilidades según dicen los que saben de esas cosas. Pero volver a esparcir la gasolina de su enemistad porque lo venció en los tribunales y va liderando la intención de voto es blandir más la inquina de su amargura que la fuerza de los argumentos. Cepeda, hasta donde puedo percibir, no es Petro. Su talante, su estilo, su formación en filosofía, sus modales, distan mucho en mi opinión, del modo usualmente pendenciero, confuso y demagógico del presidente, quien extravía las ideas valiosas en la maraña de su propia verborrea.
Como con Juan Manuel Santos en su momento, Cepeda no se ha desmarcado de la nave nodriza del presidente Petro. Santos lo hizo ya siendo presidente, y se ganó para siempre un puesto privilegiado en el podio de los odios de Uribe Vélez. Ojalá Cepeda lo hiciera antes, sobre todo en aquellos asuntos en donde éste gobierno ha sido ambiguo y confuso. Aunque es comprensible que no lo haga todavía, sería muy interesante verlo tomar honrada distancia de su amigo y mentor, que lo descubra como heraldo de una visión nueva de la izquierda democrática, más dialogante y moderna, menos furibunda y errática, que tenga en cuenta que el muro de Berlín cayó hace 37 años, pero sobre todo, que esté blindada contra la corrupción y los cultos a los voraces egos.
