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Yo, Petro

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Juan Carlos Bayona Vargas
30 de enero de 2026 - 09:18 p. m.
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Era predecible que el primer gobierno de izquierda en Colombia desde su fundación como República propusiera cambios. Cambios de fondo. Ingenuo creer que pasaría otra cosa. Era esperable que su preocupación por la equidad social guiara su mirada. De manera explícita, desde el primer día, el presidente dejó claro que era él el que mandaba, a propósito de la espada de Bolívar que el saliente presidente Duque no le quiso facilitar para su posesión. Por puro fastidiarlo. Pues la mandó a traer. Una pequeña muestra de la importancia exacerbada de la primera persona del singular. Tal vez era innecesario interrumpir la ceremonia y dejar a todo el país esperando a que se cumpliera su primera orden. Recuerdo su discurso a los ministros, al primer gabinete, en donde había una interesante representación de distintos sectores. Recuerdo su mensaje: no tenemos mucho tiempo.

Y luego, la ilusión de muchos, entre quienes desde luego me cuento, se empezó a desmoronar. Día tras día. Las causas se confunden con sus propias consecuencias. Los escándalos de corrupción, la incomunicación dentro del propio gobierno, la inexperiencia a la hora de lidiar con el aparato estatal, sumada a la subestimación de todo aquello que encontraron en términos de funcionarios, técnicos, burócratas del estado bien formados y con reglas de juego establecidas, que no necesariamente estaban unidos a gobiernos de turno pero sí a un profesionalismo de sus roles, la evidente falta de cohesión interna en el gabinete, los enfrentamientos con el Congreso, indispensable como contrapeso de la democracia, la postura políticamente ambigua frente a Venezuela, el lenguaje provocador, la insistencia en rodearse de personajes altamente cuestionados o incapaces; la impudicia y frecuencia de los mensajes por las redes sociales, los retrasos constantes y olímpicos del presidente a casi todas sus citas, pero sobre todo el insufrible monumento a su yo personal, modelo de extraña locuacidad retórica, no exenta de inteligencia tanto como de laberinto inextricable.

Claro que muchas de las cosas que menciono y las muchas que me falta mencionar, pero que el amable lector puede imaginar, son normales en el ejercicio del gobierno. A su modo, todos los presidentes las han tenido. Unos más y otros menos. Todos han tenido diferencias e incluso confrontaciones con el Congreso, las Altas Cortes, el Banco de la República, la prensa, los gobernadores, los gremios, los sindicatos y, como es apenas natural, con la oposición política. Lo que no es usual es la manera como el gobierno atizó los conflictos en lugar de aprender a conciliarlos. Y de parte de sus contradictores, tiene uno la sensación de que se frotaban las manos esperando la nueva salida en falso del primer mandatario, para azuzar las ascuas del día anterior y endilgarle todos los males de la horrible noche colombiana que no cesa. Porque sí y porque no.

¿Y las ideas que se propusieron, dónde están?

¿Por qué la genuina oposición política, que nunca había sido verdadera oposición, sino hasta ahora que tuvo un verdadero contradictor ideológico, no tiene la altura de reconocer las dignidades que hay en muchas de las mal expresadas, mal llevadas a cabo, pero fundamentales luchas del Gobierno para con los pobres, la dignidad humana y la paz? Pareciera entonces que vuelven al excesivo uso de la primera persona que tanto critican en el propio presidente, y que no nos deja avanzar en una visión colectiva.

No se me escapa que el problema para el gobierno de Petro fue desde un principio él mismo. Y entre que no se ayudaba y las celadas que le tendían, se fue enredando. Extraña paradoja. Y que, por su escasa capacidad de escuchar y su empecinamiento en sus ideas fijas, fue incapaz de desprenderse un poco de sus reflejos inconscientes de izquierda militante dura y pura. Y digo paradoja porque fue justamente la izquierda la que lo llevó al poder, pero una vez arrellanado en él, las dinámicas y los ejercicios de la encarnación de las ideas más puras y deseables para un país como el nuestro eran otra cosa, y pasaban necesariamente por un arduo y empinado camino de diálogo, que siempre supondrá desencuentros y renuncias, pero en cualquier caso mejor a esta crispación detestable de los polos opuestos.

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Mauricio Murcia(05056)Hace 1 hora
Muchas carreta profe le resumo en dos palabras el congreso hostil a más no poder y la oligarquía manejando los hilos del poder
Pedro Juan Aristizábal Hoyos(86870)Hace 1 hora
Petro es el mejor. Con sus defectos y todo esa perorata lo seguimos apoyando. Puso un nivel muy alto y Cepeda debe continuar su gran legado
  • Mar(60274)Hace 1 hora
    Pedro, de acuerdo con usted.
Noticioso(6975)Hace 4 horas
La triste realidad es que la Izquierda colombiana se jugó todo por llevar al poder a un tipo que lo único que sabe hacer es hablar. Que duró 30 años preparándose para ser candidato, pero no Presidente. Y al que su paso de décadas por el Congreso, le depredó la ética del trabajo (por eso trabaja 3 días a la semana y se para a trabajar a las 11am) y encima lo volvió adicto al perico y las redes sociales. Ganaron pero perdieron.
  • Pedro Juan Aristizábal Hoyos(86870)Hace 1 hora
    No jodas estudie un poquito y piense. Estos tipos no se dan cuenta de los cambios que le genera Petro. Aterrice dormido
Hernán Patiño Arias(49621)Hace 4 horas
La tarea es la de seguir con el Cambio. Elegir un Congreso alternativo y progresista que vaya de la mano pueblo avanzando con las reformas sociales que sus enemigos negaron. Y por la Constituyente Popular. Y sí hunden el salario mínimo, con mayor razón.
Mar(60274)Hace 4 horas
¡Con todo gusto volvería a votar por Petro!
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