13 Jul 2021 - 3:00 a. m.

¿Cuándo volverán los niños a clases presenciales?

El MEN quiere que todos los niños vayan desde mañana a clases presenciales y FECODE pide esperar hasta que todos los menores estén vacunados. Ambos se equivocan: el MEN porque desconoce que el retorno tiene que ser gradual, seguro y contextualizado y FECODE al desconocer los derechos de los niños.

FECODE ha puesto todas las trabas posibles para el retorno a las clases presenciales. Exigió la vacunación, pero una vez vacunados docentes y administrativos pidió también inmunizar a los niños. En la circular No. 19 del 21 de abril de 2021 exigió, entre otras, la vacunación de los niños desde los diez años. Cuando disminuyó el segundo pico, no promovieron el retorno a clases. Tampoco apoyaron la presencialidad en las regiones en las que había un número bajo de contagios o en las que los colegios tenían buenas condiciones de infraestructura y ventilación. Actuó como gremio en defensa de sus propios intereses, pero ha desconocido el derecho a la educación de los niños.

Casi nada le preocuparon al sindicato los dramáticos efectos de la ausencia de clases presenciales sobre las emociones de niños, niñas y jóvenes. Poco tuvieron en cuenta que el confinamiento exacerbaba la violencia en el hogar, el acoso, la violación y el maltrato a los niños. Una de cada tres mujeres perdió su empleo entre 2020 y 2021, en parte porque sus hijos menores no pudieron retornar a sus aulas. Fuimos testigos del preocupante aumento en la tristeza, la depresión, la ideación y consumación del suicidio en los menores de edad. También vimos el incremento en el trabajo infantil y el embarazo de adolescentes. Tampoco eso los hizo cambiar de posición.

Antes de la pandemia Colombia tenía una muy preocupante brecha entre la educación pública y la privada. En competencias comunicativas, por ejemplo, los estudiantes de noveno grado de colegios públicos estaban, en promedio, tres años atrás en la consolidación de sus competencias lectoras frente a quienes cursaban el mismo nivel en los colegios privados. Como demuestra el Banco Mundial, en Colombia el principal factor que atenta contra la movilidad social es la baja calidad de la educación. En este criterio ocupamos el puesto 76 entre 82 países evaluados para el año 2019. Muy seguramente en 2021 estudiantes del mismo grado tengan un atraso mayor en la consolidación de sus competencias al estudiar en un colegio oficial. Los niños y jóvenes de estratos altos continuaron con su educación virtual y alternaron con la presencialidad, ahora con mayor flexibilidad, mediación asincrónica, trabajo en equipo e innovación; mientras tanto desaparecieron las guías y los estudiantes de los colegios públicos prácticamente no tuvieron clases presenciales y, con el tiempo, se fueron debilitando las virtuales. Según el Laboratorio de Economía de la Universidad Javeriana, a fines de 2020 cuatro de cada diez estudiantes de colegios oficiales abandonaron sus clases sincrónicas y seis de cada diez dejaron de realizar los ejercicios asincrónicos (talleres, tareas y foros).

El MEN no se queda atrás. Tampoco garantizó el derecho a la educación de los menores durante los 16 meses anteriores. No convocó a expertos para realizar una adecuada programación de televisión educativa que involucrara televisión y radio internacional, nacional, regional y local. No impulsó la conectividad para los estudiantes de colegios públicos, lo que condujo -en un periodo de pandemia-, a la sistemática violación del derecho a la educación de niños y jóvenes. No imprimió textos escolares que garantizaran sistemas de aprendizajes asincrónicos. No promovió soluciones regionales. No contrató nuevos docentes para dividir los grupos y favorecer la presencialidad. No convocó a rectores, a los sindicatos de maestros, a las Asociaciones de padres de familia y a los secretarios de educación para encontrar soluciones regionales y contextuales que garantizaran el derecho y la calidad de la educación. No conformó grupos de seguimiento para determinar qué escuelas y en qué lugares podían retornar a la presencialidad.

La ministra actuó como los docentes que no lideran, no convocan y no se ganan la atención de los estudiantes. Recurrió a medidas arbitrarias para simular que tenía el control, pero todos sabemos que no es así. En lugar de convocar a la comunidad educativa, decidió recurrir a la Procuraduría para que persiguiera rectores y docentes y averiguara si era necesario descontarles salarios y suspenderles las primas. No escuchó a la comunidad científica ni a la Federación Médica, no estableció aforos en las rutas, los salones y los descansos. Tampoco disminuyó el número de estudiantes por grupo. Hizo pírricas inversiones en infraestructura y bioseguridad. Al fin de cuentas la ministra está bajo el amparo de un gobierno que no tiene la credibilidad de la población y que tampoco convoca o lidera a la nación. Estamos ante un gobierno que no gobierna y todos sabemos que el autoritarismo siempre ha sido el arma de los gobiernos débiles.

Convocar a la presencialidad a todos los niños al tiempo es una decisión política, contraria a lo que han encontrado los científicos en el mundo. No en todas las regiones las condiciones epidemiológicas y de infraestructura son iguales. Somos un país de regiones y contextos totalmente diversos. No todos los colegios pueden volver, mucho menos pueden imponerse las mismas condiciones. Fue necesaria una pandemia para que el gobierno reconociera que una buena parte de los colegios del país no cuentan con agua y que, en otros, existe el preciado líquido, pero no es potable.

La prestigiosa Revista Nature publica una síntesis de investigaciones mundiales sobre COVID y reapertura de escuelas. Es una lectura crítica del tema y tiene en cuenta múltiples perspectivas; algo que este gobierno, el de las historias únicas, nunca ha considerado. Lo que evidencia el seguimiento mundial es que las soluciones extremas perjudican a los niños. En casi todos los países del mundo los niños han retornado a clases presenciales y el proceso ha marchado muy bien cuando ha contado con seguimiento, gradualidad, planeación, contratación de nuevos docentes, división de cursos, inversión y medidas de bioseguridad, pero también es claro que ha fracasado en aquellos países que retornan sin la preparación, trazabilidad y seguimiento adecuado.

La firma Bloomberg volvió a ubicar en junio a Colombia como uno de los países con peor calificación en el manejo de la pandemia. Ocupamos el puesto 52 entre 53 países. No hay que olvidar que fuimos de los que más tarde y lento inició el proceso de vacunación. Afortunadamente la tendencia se revirtió en junio y hemos mejorado de manera importante el ritmo de inmunización de la población. En este tema hay que destacar el exitoso proceso de vacunación de los docentes.

Los niños retornarán a una nueva presencialidad con distanciamiento, grupos burbujas, disminución de horarios, evaluación con énfasis socioafectivo, ausencia de deporte de contacto y flexibilidad curricular. Al hacerlo, se protegen la socialización y las emociones de niños y jóvenes. El 15 de julio es buena fecha para iniciar el proceso siempre y cuando se cuente con la planeación y el seguimiento que se requiere para ir ajustando las decisiones en un periodo que requiere flexibilidad, innovación y diálogo. También hay que asegurar el derecho a la educación de los estudiantes que no asistan a la presencialidad. No hay duda, las soluciones radicales atentan contra los derechos de los niños. La consigna sigue siendo la misma: por un retorno gradual, seguro, progresivo y que tenga en cuenta las condiciones del contexto. La sociedad civil debe ayudar a lograr lo que el sindicato y el MEN no han podido hasta el momento: ¡garantizar el derecho de los menores a una educación de calidad!

* Director del Instituto Alberto Merani (@juliandezubiria)

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