27 Jul 2021 - 2:59 a. m.

El contexto y el derecho a la educación en Colombia

“Para enseñar latín a Juan hay que conocer el latín, pero hay que conocer sobre todo a Juan”. Este aforismo expresa un principio pedagógico esencial: la necesidad de tener en cuenta el contexto al enseñar. Todo indica que estamos ante un verdadero desastre educativo y que es poco lo que hemos hecho como sociedad para superarlo.

Somos seres cultural, social e históricamente determinados. Tenemos conocimientos, representaciones, necesidades, intereses, prácticas, valores y problemas diferenciados, según la época, la cultura y el contexto socioeconómico, familiar y sociocultural en el que nos desenvolvemos.

Es por eso que no es lo mismo enseñar en un país occidental que en uno oriental. Tenemos maneras diferentes de reconocer y valorar a los otros, de apreciar la vida y abordar cada una de las dimensiones humanas. Los orientales, por ejemplo, privilegian lo colectivo, el desarrollo moral, los aspectos prácticos, la integralidad y, en muchos casos, la obediencia. Los occidentales, por el contrario, enfatizan en el individuo, el dinero, la razón y las libertades individuales.

En un mismo país es muy diferente enseñar en un colegio rural o en uno público, así como en uno privado ubicado en una gran ciudad. También es muy distinto enseñar en medio de una pandemia. No es lo mismo enseñar en un colegio mixto y laico que en otro femenino y religioso. Con seguridad varía el PEI, el clima institucional, la cohesión de la comunidad, el papel de los padres, el liderazgo y las relaciones entre los distintos miembros de comunidad ¡Todo eso constituye muy diversos contextos!

Hay un aforismo anónimo que expresa la idea anterior de manera brillante: Para enseñar latín a Juan hay que conocer el latín, pero hay que conocer sobre todo a Juan. Tenemos que saber, entre otras cosas, ¿quién es?, ¿qué le interesa?, ¿cuáles son sus expectativas y sus frustraciones? También tendríamos que conocer ¿cómo está conformada su familia?, ¿qué hacen sus padres? y ¿cómo ha sido su proceso educativo previo? Es esencial tener claro ¿qué tan autónomo es y cuál es el nivel de consolidación de sus competencias para pensar, comunicarse y convivir?

Sin dar respuesta a las preguntas anteriores, podríamos enseñar algunas muy pocas cosas a Juan, pero sería imposible formarlo y lograr su desarrollo humano integral. En ningún caso impactaríamos sus estructuras profundas para pensar o convivir, porque sin conocerlo a profundidad –y esto es lo clave-, no podríamos garantizarle una educación pertinente y contextualizada.

El MEN ha sido ciego y ha hecho oídos sordos sobre las diferencias culturales y regionales. Por eso equivocadamente diseñó un currículo único y pretendió que se implementara de manera homogénea en todas las regiones e instituciones. Enviaba supervisores para garantizar que se estuviera trabajando lo mismo en todos los lugares del país. Recientemente volvió a cometer el mismo error con los Derechos Básicos de Aprendizaje. Como suele suceder, los más castigados fueron los colegios de las regiones más distantes y los que tenían maestros con menor formación y cohesión. Después hizo exactamente lo contrario y, sin acompañamiento, orientación, mediación o formación, le pidió a cada colegio que diseñara su propio currículo. En ninguno de los dos extremos tuvo en cuenta el contexto de manera adecuada.

Hoy el MEN vuelve a cometer un grave error de contextualización. Les exige a todos los colegios que retornen a clases presenciales sin tener en cuenta la infraestructura y los diversos contextos. En algunos colegios no hay agua, en otros no hay baños y en casi ninguno hay jabón. Así mismo, algunos salones no pueden garantizar la ventilación adecuada. El MEN tiene una deuda histórica con la educación y quiere aplazarla indefinidamente. La mitad de los colegios de Antioquia, por ejemplo, no cuentan con agua. Ningún colegio de Chocó tiene el preciado líquido. En el 70% de los colegios del Magdalena no existen las condiciones mínimas para la presencialidad durante la pandemia. La ministra de educación ha reiterado en medios que el 85% de los colegios tienen las condiciones para un retorno seguro a la presencialidad. ¿De dónde sale esa información?, ¿cómo podemos verificarla en cada una de las regiones? Muy seguramente es un dato con claro interés político, pero sin respaldo técnico.

El MEN actúa como si en Colombia nos gobernara un rey que dispusiera de manera arbitraria lo que se debe hacer. Sus palabras serían las órdenes a ser cumplidas so pena de sanciones económicas y legales para quienes osen tener en cuenta las condiciones particulares que impone el contexto.

A FECODE le pasa algo relativamente similar. Llevamos cuatro semanas seguidas en las que han disminuido las tasas de contagios y eso no lo reconocen. Tampoco reconocieron cuando superamos la segunda ola del COVID, ni cuando múltiples municipios del país demostraron ritmos de contagios muy bajos o cuando mejoró el ritmo de la vacunación en el país. Siguen repitiendo el mismo discurso de hace diez y seis meses, como si nada hubiera cambiado, como si no hubiéramos aprendido nada sobre el virus en el tiempo que ha transcurrido y como si los maestros no estuvieran inmunizados.

Si observamos y analizamos un lapso mayor de tiempo, deberíamos reconocer que en los últimos quince años muchas administraciones en diversos lugares del país hicieron un esfuerzo enorme por mejorar de manera notable la infraestructura. Bogotá y Medellín son los mejores ejemplos. El sindicato tampoco parece reconocerlo. Quieren hacernos creer que la presencialidad no es posible en ningún municipio, colegio o salón de clase de Colombia. Para lograrlo, usan una trampa argumentativa muy simple: comparten fotos de los lugares en los que evidentemente hay fallas muy graves en infraestructura, baños y ventilación. Con 44.000 sedes educativas en el país, muchas tienen fallas protuberantes, pero eso no demuestra que la presencialidad no sea posible en miles de las instituciones que tienen mejores condiciones.

FECODE llenó las redes de videos que generan angustia en los padres y profesores y por eso muchos docentes temen asistir y la gran mayoría de padres no ha enviado a sus hijos a clases. También publica en redes los listados de los colegios en los que hay algún miembro de la comunidad contagiado, ocultando que en todos ha habido y, muy seguramente, seguirá habiendo en los próximos años. Debemos tener en cuenta que el virus seguirá entre nosotros.

La palabra clave que han olvidado el MEN y FECODE es la de contextualizar. Hay municipios, colegios y salones en los que es posible tener una adecuada educación presencial. Deberían estar abiertos todos esos salones y los niños y jóvenes deberían estar asistiendo a sus clases presenciales. Son muchos más los municipios, colegios y salones en los que ya es posible la asistencia de los niños a las aulas presenciales, pero se les siguen negando los derechos, porque tanto FECODE como el MEN piensan poco en los niños.

Desafortunadamente tenemos un presidente que no quiere reconocer los problemas, un gobierno que quiere hacernos creer que vivimos en Dinamarca y se ha dedicado a mejorar su imagen y la de su partido con miras a las elecciones de 2022. Con muy poca conexión con la realidad, autocrítica y reflexión y con poca inversión, es muy difícil resolver un problema complejo como el del derecho a una educación de calidad para todos. Al congreso le ha pasado algo similar: ha estado concentrado en las triquiñuelas políticas y ausente en los grandes temas nacionales. Por algo la desaprobación del presidente es del 76% y la del congreso es del 84% (Invamer, mayo de 2021). No están pensando en las necesidades nacionales, sino en las elecciones del 2022. Es tan grave la situación, que la imagen positiva del congreso es apenas levemente superior a la que tienen las disidencias y el Eln.

También tenemos un sindicato que no oye el llanto de los niños, que piensa gremialmente y que tiene poco en cuenta las particularidades de cada contexto. Es preocupante que el sindicato pretenda que sólo retornen los maestros a las aulas de clase cuando se supere la deuda histórica con la educación y cuando los científicos del mundo descubran la vacuna para inmunizar a los niños de diez años.

Estamos ante un verdadero desastre educativo que agudizará las brechas socioeconómicas. En promedio en los países de la OCDE, se suspendieron las clases 55 días durante la pandemia. En contraste, en Colombia se suspendieron durante 16 meses y el tiempo sigue corriendo. Aun así, es poco lo que hemos hecho como sociedad para resolver este problema.

En pocas palabras, creo que muchas personas en el sindicato, el congreso, el ministerio y la presidencia, puede que sepan latín, pero poco interés han demostrado por los millones de Juanes que hay en el país. La gran mayoría de esos niños, siguen sin asistir a una educación de calidad.

* Director del Instituto Alberto Merani (@juliandezubiria)

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