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Los ciclos del desarrollo: una estrategia para transformar la escuela

Julián de Zubiría Samper

17 de febrero de 2026 - 12:00 a. m.

Cuando Abel Rodríguez (QEPD), expresidente de FECODE, fue secretario de Educación en Bogotá trabajó para garantizar una organización por ciclos del desarrollo en todos los colegios públicos de la ciudad. Durante sus dos secretarías, la capital avanzó significativamente tanto en el derecho a la educación como en la transformación pedagógica. Sin duda, fue un momento estelar para la capital en esta materia. En equipo, los docentes reflexionaban sobre currículo, evaluación formativa, didáctica, modelos pedagógicos y campos del pensamiento. La transformación pedagógica estaba en curso. Desafortunadamente, ese impulso se diluyó en las dos secretarías siguientes y todavía no se ha adoptado una idea similar en otra región del país.

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La organización por grados que rige la educación en Colombia favorece el trabajo fragmentado, informativo, lineal, acumulativo, poco integral y muy poco colectivo de los docentes. Se trata de transmitir cada año un poco más de informaciones y de lograr un poco más de aprendizajes. Es una organización adecuada para una educación muy tradicional. Por el contrario, la estructura por ciclos del desarrollo ha ayudado a transformar la escuela en diversos países del mundo.

La UNESCO ha dicho que el cambio más importante que tendrá la educación será pasar de ser una profesión individual a una colectiva. Sucede que los ciclos permiten hacer ese tránsito desde ahora al dotar de sentido y trascendencia el trabajo en la escuela. Así lo hemos entendido en el Instituto Alberto Merani, donde hemos trabajado durante cuarenta años por ciclos del desarrollo. Cada ciclo tiene una duración de tres años –para un total de doce años de escolaridad– y se caracteriza según el desarrollo cognitivo, socioafectivo, comunicativo y práxico alcanzado por niñas, niños y jóvenes. De allí que los ciclos también reivindican una vieja ilusión incumplida de la escuela: el desarrollo integral.

Acompañamos a Abel en la reorganización curricular por ciclos en todos los colegios públicos de Suba, fortalecimos ese trabajo con los docentes de cuarenta colegios oficiales durante la secretaría de educación liderada por Edna Bonilla y, desde hace cinco años, estamos acompañando a todos los docentes del Magdalena en una transformación pedagógica similar. De allí que sea un programa que también hemos llevado, con muy buenos resultados, a la educación pública.

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Para diferenciar un ciclo de otro, en el Merani partimos del principio de la actividad rectora postulado por la escuela histórico-cultural, aunque tuvimos que reelaborar significativamente su propuesta. Estamos hablando de aquellas actividades principales que caracterizan cada periodo del desarrollo. Las demás giran en torno a ella. Una enorme ventaja del concepto de actividad rectora es que permite explicar el tránsito de un ciclo al siguiente. La otra es que ayuda a orientar a los docentes sobre cómo trabajar en cada periodo del desarrollo.

El primer ciclo lo denominamos Exploratorio (grados 0, 1º y 2º) por la actividad dominante: la exploración. Lo que hacen los niños esencialmente es explorar, indagar y preguntar. Se movilizan por la curiosidad y las ganas de aprehender. Lo esencial en este primer ciclo es que los niños y niñas se adapten a la escuela y a sus compañeros. A nivel cognitivo, indagan y exploran. De allí que las clases deben fundamentalmente cuidar y promover sus preguntas.

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Es un período en el que prima la dimensión socioafectiva y, durante su tránsito, los docentes deberíamos contribuir a que los niños comiencen a comprenderse a sí mismos. Deberíamos ayudarlos a mejorar su capacidad de autorregulación, particularmente su atención voluntaria, autonomía y seguimiento de instrucciones. Sin embargo, para lograrlo se requiere que los padres les lean en voz alta para cultivar sus preguntas y les enseñen que conviven con otros niños y que todos tienen derecho a expresarse y jugar. Si lo hacen, serán niños que fácilmente socializarán en los colegios. Si no lo hacen, tenderán a ser más anómicos y egocéntricos en el aula de clases.

El segundo ciclo es Conceptual (grados 3º, 4º y 5º) y la actividad rectora es la conceptualización. Es un ciclo en el que predomina la dimensión cognitiva, con énfasis en lectura, estudio y aprehendizaje. Lo propio del niño es –desde el punto de vista cognitivo– comprender los principales conceptos de la ciencia y recurrir a la lectura y las preguntas para dar respuesta a sus inquietudes.

Lo esencial en el ciclo Conceptual debería ser aprehender los conceptos científicos fundamentales en cada una de las áreas. A nivel comunicativo, es necesario que alcancen la lectura inferencial para que puedan llegar a las ideas esenciales de los textos y a los conceptos de las ciencias. A nivel socioafectivo lo principal será la comprensión de los otros: captar, reconocer y valorar las diferencias entre los diversos seres humanos. Solo así formaremos niños más empáticos que comprendan y socialicen adecuadamente con sus compañeros.

El tercer ciclo es Contextual (grados 6º, 7º y 8º). La vida del preadolescente gira en torno a conversar y reflexionar con otros. Lo esencial es la comunicación entre pares. Durante esta etapa, inevitablemente aparecen crisis de identidad y autoridad, ya que somos los adultos quienes los seguimos viendo como niños. En este proceso son esenciales la reflexión y el diálogo con compañeros, así como que logren realizar una lectura contextual.

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Los jóvenes en esta edad de desarrollo conforman diversos grupos. Con ellos crean amistades íntimas e inician sus primeras exploraciones afectivas. Como todos sabemos, es un periodo en el que las hormonas se alborotan, por lo cual es un ciclo esencialmente volcado a la interacción social y las competencias comunicativas. De allí que todas las clases deberían iniciar con lecturas previas muy contextualizadas y culminar en mesas redondas y debates. Se trataría de fortalecer la independencia de criterio, la autonomía cognitiva y el conocimiento y la comprensión de sí mismo a través de asignaturas como autobiografía, lectura contextual y debates.

En Proyectivo (grados 9º, 10º y 11) lo esencial es debatir con el grupo de pares y definir los proyectos en diversas dimensiones de la vida. El joven pasa la mayor parte del tiempo en estas actividades, que le permitirán definir sus propias posturas a nivel ético, político, ideológico, religioso, científico y artístico. Un joven, se podría pensar, lo es en tanto hace parte de un grupo y debate e interactúa con él. Por eso en este ciclo los jóvenes construyen por primera vez los principios que regirán su vida familiar, académica, social y profesional.

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Proyectivo es un ciclo en el que predomina la dimensión socioafectiva. Lo esencial será elaborar los proyectos de vida a nivel ético, político, ideológico, social y profesional. La actividad rectora es proyectar y la pregunta fundamental es por la identidad, por el rol de cada uno en un contexto social y cultural determinado. Debido a eso, es frecuente que se tensionen las relaciones con la autoridad en la familia, la sociedad y la escuela. La escuela debería pasar a trabajar mediante seminarios e, idealmente, alcanzar la lectura crítica. Aun así, eso será imposible si no se han consolidado los niveles previos de la lectura inferencial y contextual.

La gran ventaja de trabajar por ciclos del desarrollo es que permite convertir la educación en un proceso colectivo en el que participan todos los docentes. Los ciclos le dan sentido a la labor de los profesores y ayudan a que la tarea de ellos trascienda. En realidad, es muy poco lo que puede hacer un docente aislado, pero un buen equipo de docentes, que enfatiza en grupo las competencias transversales y con propósitos bien claros, puede llegar a transformar por completo la vida de los estudiantes. Al mismo tiempo, el ciclo les permite a los estudiantes pensarse como sujetos colectivos y sociales, como parte de un grupo con una identidad clara.

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El tránsito de un ciclo a otro significa que se ha transformado la edad de desarrollo de los estudiantes y se ha producido un salto cualitativo en las actividades centrales que realizan. De esta manera, Pensamiento, Comprensiones Humanas y Competencias Comunicativas adquieren el carácter de áreas transversales que orientan la acción conjunta de todos los docentes en un momento del desarrollo de los estudiantes. Esto es lo que garantiza que la escuela supere la visión informativa, individualista, tradicional y fragmentaria que la ha caracterizado hasta la fecha.

En el inicio del Merani, nos equivocamos al darle un peso excesivo a la dimensión cognitiva y al caracterizar cada ciclo exclusivamente desde el punto de vista cognitivo. Aun así, desde hace cerca de treinta años, cuando hablamos de ciclos del desarrollo pensamos en todas las dimensiones, en la integralidad, el diálogo y la interestructuración. Los seres humanos nos desarrollamos en distintos aspectos y la escuela debe evaluar y fortalecer cada uno de ellos. Ojalá al hacerlo tenga en cuenta la actividad rectora y el ciclo del desarrollo. Si no lo hace, la escuela dejará de cumplir su misión más importante: impulsar el desarrollo integral.

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*Director del Instituto Alberto Merani (@juliandezubiria)

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