29 Jun 2021 - 3:00 a. m.

Un gobierno que no cree en la ciencia

El presidente Duque no escuchó a la comunidad científica y decidió posesionar como ministro de Ciencia al cuestionado Tito José Crissien, ex rector de la Universidad de la Costa. La pregunta que hay que hacerse es: ¿hacia dónde va el país en materia de ciencia y educación?

El 21 de julio de 1994 el país recibió uno de los informes más importantes en materia de ciencia y educación: Colombia: al filo de la oportunidad. El presidente César Gaviria invitó a científicos como Eduardo Posada, a educadores como Carlos Vasco y al Nobel García Márquez, entre otros, para conformar una Misión de sabios. Se trataba de encontrar la ruta para que Colombia se encaminara hacia la consolidación de la ciencia y la transformación educativa. El neurofisiólogo Rodolfo Llinás se refirió a un “momento mágico en la historia del país” en el que iban a confluir educación, ciencia y desarrollo.

Hoy, 27 años después, podemos decir que ninguno de los gobiernos posteriores adoptó los lineamientos propuestos por la misión. La ciencia y la educación continuaron siendo convidadas de piedra en la fiesta del desarrollo. En este mismo lapso, también se han escrito tres planes decenales de educación y los tres han tenido la misma suerte: siguen archivados. Tristemente, educación y ciencia han respondido a intereses electorales y partidistas. Vaya ironía: ¡quienes no entienden de ciencia ni de educación, han trazado la política científica y educativa del país! Por eso estamos como estamos. Cuando el gobierno convoca a los científicos, lo ha hecho para tomarse la foto, pero todos sabemos que no los escucha. Al fin de cuentas, no cree en la ciencia, ni en la educación.

Por eso cuando el presidente Duque conformó la Misión Internacional de Sabios, muchos le recomendamos al gobierno que leyera y adoptara el informe elaborado por la primera comisión que dormía sueños eternos en los anaqueles del Palacio de Nariño. No nos hizo caso y con muchas fotos y gastos en publicidad, llamaron a 49 científicos para que, una vez más, trazaran la ruta en materia de ciencia y educación. La Segunda Misión volvió a hacer la tarea, pero una vez más, nada de lo señalado ha sido tenido en cuenta por el gobierno. Eso se puede inferir de manera muy sencilla en la elección de los dos primeros ministros de Ciencia que ha nombrado el presidente Duque.

La primera ministra, Mabel Torres, apareció varias veces en los medios, pero principalmente para aclarar los escándalos generados porque impulsaba una bebida de plantas naturales contra el cáncer sin ninguna investigación publicada o evidencia científica acreditada.

El nuevo ministro se llama Tito Crissien y es más conocido como administrador de empresas y político, que como científico. Ha sido mencionado recientemente en los medios porque le fueron comprobados diversos casos de plagio en artículos en los cuales aparece como coautor. Varios de ellos, después de rigurosas investigaciones de verificación, han sido retirados de las revistas indexadas en las que estaban publicados. La explicación que ha dado el nuevo ministro no ha sido para nada satisfactoria para la comunidad científica. Crissien divulgó un comunicado en el cual explica que su nombre fue incluido para “darles visibilidad” a las publicaciones, pero que todo se había hecho “a sus espaldas”. Esta explicación tiene múltiples problemas dado que esos artículos están incluidos en su hoja de vida como investigador. ¿También fueron subidos sin que él supiera? ¿Fueron fundamentales esas publicaciones para ascender a la categoría de investigador senior? ¿No le habían informado las revistas que habían sido recibidos y aceptados? ¿Nadie le había informado que ya estaban publicados?, entre otras preguntas sin respuesta.

En cualquier país desarrollado si a un investigador se le comprobara plagio, tergiversación de los resultados o uso de procedimientos pseudocientíficos, se le acabaría la vida como científico, porque se perdería confiabilidad en él, en sus publicaciones y en los resultados alcanzados. En Colombia, por el contrario, los nombran ministros de Ciencia.

Las más importantes asociaciones científicas del país se opusieron al nombramiento. Así lo hizo la Academia Colombiana de Ciencias, la Asociación para el Avance de la Ciencia, el Consejo Nacional de Bioética o la Fundación Alejandro Ángel. Esta última es la entidad que premia la trayectoria de los grandes científicos en el país. Recientemente doce de los ex directores de Colciencias expidieron un comunicado pidiéndole al presidente que tuviera en cuenta “criterios éticos en su nombramiento”. A ninguno de ellos escuchó el presidente. Por eso, la nación extraña el silencio de los rectores de las universidades. Su voz era necesaria en estos momentos. Así lo entendió Ignacio Mantilla, ex rector de la Universidad Nacional, quien concluyó que la única esperanza es que el recién posesionado ministro conozca los verbos enmendar y dimitir. Ojalá, pero conociendo su trayectoria, es poco probable.

Rodolfo Llinás decía que los países se defienden con armas o con ciencia, ya que sin ciencia terminaríamos dependiendo de los demás. Desafortunadamente, todo indica que Colombia, en los próximos años, seguirá defendiéndose exclusivamente con armas.

El actual gobierno cree muy poco en la ciencia. Es por eso que en el manejo de la pandemia han primado los intereses políticos y no las recomendaciones médicas. Por lo mismo, reactivaron la economía en el peor momento de la pandemia, con el mayor número de muertes, positividad y contagios. Así mismo, y desde tiempo atrás, promovieron la llegada del virus en avión, demoraron la compra de vacunas, ralentizaron las pruebas, impulsaron los días sin IVA y eliminaron la PCR para los inmigrantes. Son serios los errores que se han cometido en el manejo de la pandemia por no escuchar la voz de los epidemiólogos desde el inicio. No es casual que el telediario de la presidencia estuviera a cargo del propio mandatario y no de científicos que comprendieran el tema. Fue pensado como espacio propagandístico para mejorar la imagen del presidente y no para orientar pedagógicamente el autocuidado de los ciudadanos. La explicación es clara: el gobierno tiene compromisos con la vieja clase política que lo sostiene.

Todo indica que este gobierno tampoco cree en las evidencias reales. El día en que el Reino Unido llegó a las primeras cien mil muertes por COVID, Boris Johnson, el primer ministro, pidió excusas y dijo que haría todo lo necesario para cambiar la política y proteger la vida. Eso es lo que tiene que hacer un presidente responsable. En Colombia, por el contrario, cuando llegamos a las cien mil muertes por la pandemia, el presidente salió a decir que él no era el responsable y que la culpa la tenía la juventud que, desesperada por carecer de oportunidades y en medio de la pandemia, había salido a las calles a protestar. Al parecer, para este gobierno la realidad es una ficción. ¿Necesitarán psicólogos nuestros gobernantes o más bien les llegó la hora a nuestros jóvenes, por fin, de inscribir sus cédulas y votar más responsablemente? Por el bien del país, espero que sea lo segundo.

* Director del Instituto Alberto Merani (@juliandezubiria).

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