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¿Votarán los jóvenes en 2022?

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Julián de Zubiría Samper
14 de diciembre de 2021 - 04:59 a. m.
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Ampliar la votación juvenil nos ayudaría a consolidar nuestra frágil democracia. Sin embargo, todo indica que, para beneficio de los corruptos y de los políticos tradicionales, muy posiblemente seguiremos teniendo niveles de abstención muy altos en las elecciones de 2022.

La baja participación de los jóvenes en las elecciones ha preocupado a las democracias modernas. El problema se ha diagnosticado en diversos momentos y latitudes. En Reino Unido encontraron que solo el 37% de los jóvenes inscritos acudió a las urnas durante la primera década de este siglo; y, aunque el 75% de ellos apoyó en 2016 la permanencia en la Unión Europea, el abstencionismo juvenil le otorgó el triunfo al Brexit. En Estados Unidos revelaron que la votación entre jóvenes de 18 a 24 años había bajado del 50%, registrado en la década del setenta, a un escaso 20% para la primera década del siglo XXI. Actualmente, la mitad de los millennials se declara progresista o muy progresista, pero inciden poco en las elecciones porque la gran mayoría no ejerce su derecho al voto. El caso es todavía más grave en América Latina, donde los jóvenes han mostrado que son tres veces menos propensos a votar que las personas mayores.

Sin duda, los jóvenes de Colombia han salido masivamente a las calles en diversos momentos durante los últimos años. Entre octubre y diciembre de 2016 lo hicieron para proteger la paz, en 2018 para impedir que los recursos públicos fueran trasladados a las universidades privadas, y en noviembre de 2019 colmaron las vías de decenas de ciudades en defensa de la vida, la paz y el medio ambiente. La pandemia frenó temporalmente la movilización juvenil. Aun así, entre abril y mayo de 2021 volvieron a salir para impedir una reforma tributaria que golpearía a los sectores medios de la población. Acompañaron la protesta con arte, cacerolas y batucadas.

Pero una cosa son las movilizaciones y otra, muy distinta, son las urnas. En Chile, por ejemplo, el triunfo en primera vuelta presidencial de un candidato hijo de un militante nazi y quien quiere continuar el “legado” de Pinochet, ha puesto a miles de jóvenes a pensar por qué no ratificaron el cambio constitucional que habían votado masivamente meses atrás, y por qué, aunque salieron miles a las calles, solo cientos acudieron a las urnas.

Según una reciente encuesta de Cifras y Conceptos, el 76% de los jóvenes en Colombia tiene la intención de votar por un candidato presidencial en 2022, aunque la mayoría todavía no sabe por quién. Sin embargo, múltiples factores nos llevan a pensar que una situación tan favorable para la democracia todavía no es posible en el país. Basta revisar la historia más reciente para suponer que la participación juvenil en las próximas elecciones será significativamente menor de lo que muestran las encuestas.

Primero. En la elección de los Consejos de Juventud, realizada el 5 de diciembre de 2021, el 90% de los jóvenes entre 14 y 28 años se abstuvo de participar, aunque las encuestas pronosticaban una votación cercana al 70%. La idea era muy original y pertinente: elegir órganos consultivos para que los jóvenes asesoraran a concejos y alcaldías en sus políticas juveniles. Para complicar el tema, se anuló uno de cada cuatro votos, lo que indica poca comprensión del tarjetón y ausencia de campañas pedagógicas para consolidar el voto juvenil y, con ello, ampliar la democracia.

Segundo. En el plebiscito del 2 de octubre de 2016, uno de los eventos cruciales de la historia reciente del país donde se definía el respaldo a los acuerdos entre las FARC y el Estado colombiano, el 81% de los jóvenes entre 18 y 24 años se abstuvo de participar. Días después, ante la victoria del No, salieron masivamente a las calles a defender la paz, pero ya era tarde y los opositores de los acuerdos se habían envalentonado ante su triunfo electoral. El odio y el miedo han sido utilizados de tiempo atrás por parte de la clase política para imponer su voluntad, y en Colombia el partido de gobierno ha sido el alumno más aventajado al hacerlo. Voceros de los líderes del No, lo reconocieron de manera asombrosa: “la orden era sacar a votar verraca a la gente”. No hay duda, lo habían logrado.

Tercero. Los jóvenes no creen en las instituciones políticas colombianas. La encuesta de Cifras y Conceptos de mayo de 2021 es muy diciente al respecto: la aceptación del Congreso y el presidente Duque entre los jóvenes es similar a la que tenían en ese momento el ELN o Maduro: ¡nula! Tan solo el 7% de los jóvenes entre 18 y 32 años confiaba en el Congreso, y el 9% en los partidos políticos y el presidente. Los jóvenes confían en los médicos, en los medios alternativos y, sobre todo, en las universidades, en sus profesores y científicos. ¿Será por eso que el partido de gobierno tiene como una de sus banderas la estigmatización de los docentes y de las universidades públicas?

Cuarto. Contrario a lo que dice el partido de gobierno, la educación política en los colegios de Colombia es muy débil. No cuenta con currículos, áreas, textos, estrategias, debates o argumentos. Algunos políticos han llegado al extremo de presentar un proyecto de ley para condenar con cárcel a los docentes que concedieran espacios y tiempo al debate político en las aulas, cuando lo que necesitamos es exactamente lo contrario: que los estudiantes conozcan, reflexionen y valoren nuestra realidad histórica, cultural y política para que comprendan las necesidades del país y las alternativas para satisfacerlas. Al fin y al cabo, la educación tiene que ayudarnos a desarrollar la autonomía y a formar mejores ciudadanos. Por eso en las aulas se debería promover que los jóvenes ejerzan consciente y reflexivamente sus derechos.

En un diálogo que tuve con un grupo de la Registraduría en 2016 les propuse que, para favorecer la formación política, se hicieran elecciones de alcaldes, gobernadores y presidente con los jóvenes mayores de 14 años en todos los colegios del país. La respuesta fue que eso sería muy costoso. Lo que les dije entonces lo volvería a repetir en 2022: lo que está saliendo excesivamente costoso es que, por carecer de formación política, la gran mayoría de los jóvenes se abstiene de votar; y, al hacerlo, perdemos la oportunidad para consolidar nuestra frágil democracia.

Lo que todo joven debe tener bien claro es que, si no participan en las elecciones, alguien decidirá por ellos; y probablemente, en contra de ellos. A propósito, ¿usted ya inscribió su cédula? No olvide: allí se inicia la votación.

Por eso sigue siendo muy pertinente el mensaje de Jaime Garzón: “Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvárselo. ¡Nadie!” ¿Cambiará esto en 2022? Para desgracia de la democracia y para beneficio de los corruptos y políticos más tradicionales, me temo que cambiará poco y lento. Pero, como decía Helen Keller, “ningún pesimista ha descubierto nunca el secreto de las estrellas, o navegado hacia una tierra sin descubrir, o abierto una nueva esperanza en el corazón humano”. Por tanto, tenemos que guardar la esperanza de que los jóvenes escucharán a Jaime Garzón y no a tanto politiquero obsesionado con el 2022 pero desentendido de las necesidades de educación, salud y empleo de las próximas generaciones.

P.D: Esta columna se suspende hasta mediados de enero de 2022.

* Director del Instituto Alberto Merani (@juliandezubiria)

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Hernando(58851)15 de diciembre de 2021 - 12:17 a. m.
Un columnista ya propuso el voto obligatorio, con lo que estoy de acuerdo, aunque sea por vía de experimentación; creo que son más las ventajas y ese lapso de experimentación se debería aprovechar para debatir y, ojalá definir, en todo nivel y escenario, su conveniencia o inconveniencia. Sería un magnífico momento para lograr la participación en la democracia.
Bernardo(31155)15 de diciembre de 2021 - 12:13 a. m.
Los colegios estàn concentrados: a. En enseñar de memoria el padrenuestro; b. En enseñar de memoria el himno nacional. (Apaguèmoslos a ver què pasa...)
PEDRO(90741)14 de diciembre de 2021 - 11:16 p. m.
Cuenta regresiva: faltan 236 días para que termine este inmoral gobierno. No comprometa su voto a cambio de dádivas o elementos materiales.
Magdalena(45338)14 de diciembre de 2021 - 09:55 p. m.
La herramienta como usted deja entrever, consistiría que en los colegios públicos ,privados y universidades se desarrollen,sin ningún sesgo político, campañas educativas relacionadas con la importancia del voto,y su relación con el desarrollo del país.
jorge(40b1g)14 de diciembre de 2021 - 07:39 p. m.
Buena pregunta. incierta respuesta.
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