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Cambiando el mundo en Inírida, Guainía, Colombia

Julián López de Mesa Samudio

11 de abril de 2012 - 06:00 p. m.

Inírida es un pueblo de frontera en más de un sentido.

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Como buena parte de los asentamientos humanos de la Orinoquía y Amazonía colombianas, su historia está relacionada con sucesivas oleadas colonizadoras que se han encargado de reunir en este tipo de enclaves a personas de la más diversa procedencia. La cultura de los colonizadores viaja con ellos y en Inírida, como en el resto de la región, se mezclan y sobreponen a la cultura de las etnias indígenas que allí habitaban. Dentro de este crisol se funden muchas de las expresiones culturales foráneas con aquellas de la zona, pero también se presentan conflictos.

En la cotidianidad iniridense, sin embargo, son las expresiones del espíritu más íntimas, más básicas y, por lo mismo quizás, más universales, las que matizan los conflictos y liman las asperezas entre las comunidades. Y es por eso tal vez que la música y la danza tienen tanta importancia en la región. .

José Isidro y Ninfa Esther son una pareja de esposos que ha dedicado su vida entera a la música. Pero más allá de la interpretación de un género u otro, se han consagrado en enseñar los principios más elementales de la lectura, la escritura, la interpretación y la composición musical a los niños más vulnerables de Inírida y otros municipios del Guainía. Han asumido además el reto de generar procesos musicales antes que proyectos de corta duración y, a través de los años, han logrado establecer procesos de pre-banda y banda con muchas generaciones de niños iniridenses, dándoles la oportunidad, no sólo de ocupar su tiempo libre, sino además de abrirles una puerta para un posterior desarrollo profesional.

El maestro José Isidro se enorgullece de todos sus estudiantes pero quizás un poco más de aquellos que optaron por seguir una carrera musical académica y estructurada, lo que les ha permitido a muchos salir de Inírida y perseguir carreras musicales allende su lugar de nacimiento. Y todos reconocen que el primer impulso lo obtuvieron del maestro y su esposa.

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Pero aquí no termina todo. Su sensibilidad artística les ha hecho interesarse por la música tradicional de las comunidades indígenas del Departamento, hasta el punto de haber iniciado con éxito una investigación sobre las mismas.

Ninfa Esther por su parte hace lo posible por seguir capacitándose y por buscar formas de financiar estos proyectos. A través de su gestión han conseguido recursos públicos y privados que les han permitido continuar con su encomiable labor con los niños y jóvenes de Inírida. En este tortuoso camino han tenido tropezones que desalentarían a cualquiera, pero Ninfa Esther es una mujer optimista que no baja los brazos. Este año, tras un par de reveses en años anteriores tratando de acceder a recursos del Programa Nacional de Concertación del MinCultura, Ninfa Esther sonríe, pues está segura de que ya ha aprendido de los errores pasados y que este año su proyecto pasará en el Programa. Sea como fuere, los esposos siguen optimistas.

Mientras se alejan con su pequeño hijo, los tres abrazados en la moto familiar, sus rostros reflejan paz: es la tranquilidad del deber cumplido a pesar de las vicisitudes.

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