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Atalaya

Corcaraño 1: autogestión, comunidad y paz

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Julián López de Mesa Samudio
23 de septiembre de 2021 - 05:00 a. m.
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Muy temprano en la mañana llega el camión del ejército al parque Turbay de Florencia; en un santiamén los soldados organizados diligentemente por las mujeres de Corcaraño montan las carpas y ayudan a organizar los productos del mercado campesino. Antes incluso de estar totalmente instaladas las carpas, una fila de automóviles empieza a formarse para comprar. Todos los sábados llegan allí muchos de los más de cien productos que se originan en el corregimiento de El Caraño.

A media hora al norte de Florencia, ascendiendo por la cordillera oriental, en los límites entre Caquetá y Huila, se encuentra el corregimiento de El Caraño. La zona está dominada por cerros de pendientes pronunciadas separadas por profundos cañones donde corren tumultuosos ríos y caños de aguas cristalinas propios de la cuenca amazónica. La región posee casi todos los pisos térmicos en unos cuantos kilómetros ya que las partes bajas están casi al nivel del mar, mientras que en algunos de los cerros hay páramos y bosques de niebla que superan los dos mil metros de altura.

Como casi todo el Caquetá, El Caraño ha sido poblado por diversas comunidades originarias y tras la Colonia por múltiples olas de migrantes y colonos: por allí pasaron los buscadores de El Dorado en tiempos coloniales y luego los buscadores de quina en el siglo XIX; con la vuelta del siglo XX, el horror del caucho se hizo sentir allí por unos años y más adelante pasaron madereros y buscadores de pieles. En los años sesentas el café tuvo un pequeño auge que llevó buena parte de la precaria infraestructura que aún subsiste a las pocas familias campesinas que habitaban las laderas de estas montañas. En los últimos cincuenta años la coca y la ganadería extensiva, dos de los más grandes flagelos que haya vivido el Departamento y el mismo país, se adueñaron de la zona. Durante aquellos años muchas familias tuvieron que huir de la violencia; cientos de miles de hectáreas de bosques se talaron para hacer potreros, generando que algunos caños se secaran para siempre y los ríos disminuyeran sus caudales. Muchos de los pequeños campesinos que se quedaron y que anteriormente trabajaban sus propias tierras y conservaban una cultura campesina rica y variopinta, se volvieron jornaleros de grandes latifundistas perdiendo, casi siempre irremediablemente, su independencia económica, sus saberes tradicionales y su cultura.

Con la vuelta de este siglo, poco a poco las pocas familias de El Caraño que aún se aferraban a su modo de vida tradicional cimentada en una economía autosuficiente, base fundamental de la soberanía alimentaria, empezaron a vincularse a las Juntas de Acción Comunal volviéndose políticamente activas. Sin embargo, con los Acuerdos de Paz y los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) derivados de los mismos, estos ejercicios de política autogestionada por la propia comunidad empezaron a dar frutos tales como la constitución de la Corporación de El Caraño o Corcaraño, gestora desde su fundación de cambios profundos y positivos para la comunidad que le da su nombre.

A media mañana ya se han vendido casi todos los productos. Las heliconias de doña Nidia se fueron todas al igual que las increíbles carnes ahumadas con madera de congo de doña Ester. Huevos, pollos, cachamas, yuca, bore, arazá, lulo amazónico, ajíes, hortalizas y plátanos de diversas variedades, panela, tomates, cilantro cimarrón e innumerables hierbas aromáticas más se pueden encontrar bajo las carpas del mercado. Mujeres campesinas orgullosas de serlo, de la calidad de sus productos y de las bondades de sus tierras han podido liderar una revolución social armoniosa de la cual este próspero mercado es tan sólo la punta del iceberg.

@Los_Atalayas, atalaya.espectador@gmail.com

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Gracias por esa dolorosa radiografía y por mostrar esa luz maravillosa de esperanza. Magnífica.
Julio(87145)23 de septiembre de 2021 - 10:55 p. m.
Que interesante lo que narra sobre la organización campesina. El país campesino íntegro debiera organizarse de forma similar, eliminar intermediarios y exigir tierras productivas.
DORA(2370)23 de septiembre de 2021 - 08:41 p. m.
Moraleja: Hay que llegar con apoyo no con armas.
Guillermo(10826)23 de septiembre de 2021 - 07:39 p. m.
Para orgullo nacional obra de mujeres, además campesinas, en beneficio de la sociedad florenciana
Atenas(06773)23 de septiembre de 2021 - 03:02 p. m.
Idílico tamb. López de Mesa hoy. Y con tanta emoción nos pone sobre la mesa el agitar de un minúsculo día mercado campesino de cultivos y actividades de pancoger, q’ solo alcanzan pa entretener y algo ensoñar. Y cómo se ve q’ del campo todo lo ignora, estos tiempos de globalización y sinergias productivas no dan, lamentable/, pa desarrollar pequeños feudos o parcelas, amén de la obvia migración.
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