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29 Sep 2022 - 5:00 a. m.

Cuando el café era una droga

Atalaya

El 1 de octubre es el Día Internacional del Café. Aunque los últimos tiempos casi todos los días se celebra o conmemora un día internacional, el del café tiene connotaciones especiales para nuestro país, pues desde hace casi un siglo Colombia ha atado buena parte de su destino, su cultura y su imagen frente a la comunidad internacional alrededor de esta bebida. Y no es para menos: el café no es sólo el producto estrella de Colombia, sino que se convirtió, durante el siglo XX, en la droga para la productividad laboral más consumida en el mundo.

Precisamente el hecho de ser un estimulante, una droga, hizo que la historia del café no siempre fuese celebratoria y pacífica, sino sujeta a las mismas polémicas, prohibiciones y vicisitudes propias de las discusiones sobre las drogas a lo largo de la historia.

La primera evidencia fehaciente del consumo de café es de principios del siglo XV cuando místicos musulmanes (sufís) del puerto de Mocha en Yemen importaban de Harar, en el interior de Etiopía de donde es originaria la planta, café que utilizaban para permanecer despiertos y alerta en sus rituales durante las noches. La bebida les permitía concentrarse y alcanzar una suerte de intoxicación espiritual deseable, mientras repetían sin cesar sus letanías para fundirse con Dios.

Desde el sur de Arabia el consumo de café se fue expandiendo rápidamente – siempre asociado a los rituales sufíes – por buena parte del mundo musulmán pasando por Egipto y el norte de África, el Imperio Otomano y el Imperio Safávide de Persia a lo largo de todo el siglo XVI. Empero, ya en 1511 se sabe que en La Meca fue prohibido, por primera vez, por los efectos estimulantes que tenía en las personas que lo consumían. En El Cairo el consumo y la posesión de granos de café se volvió ilegal en 1532 pues los efectos se asociaron, para muchos jurisconsultos y doctrinantes del islam, a los efectos nocivos, terminantemente prohibidos para los musulmanes, de las bebidas alcohólicas. Para el islam, el consumo de alcohol altera la mente, tornando a sus consumidores en bestias salvajes e irracionales sometidas a su adicción.

La prohibición alcanzó su punto más álgido durante el gobierno del sultán Murad IV (1623-1640): el consumo de café estaba social y legalmente proscrito en todo el Imperio Otomano y las fuentes de la época mencionan al café con horror, refiriéndose a la sustancia como un narcótico. Beber café era una actividad inmoral, ilegal, y penada con la muerte.

Pero no sólo en el mundo musulmán se trató al café como una droga y se proscribió su consumo durante los siglos XVI y XVII. En la misma Etiopía, lugar de origen del café, la iglesia cristiana etíope prohibió el café desde finales del siglo XVII hasta bien entrado el siglo XIX al asociarlo, al igual que hacía el islam, a una droga con efectos estimulantes nocivos para la razón humana y, sobre todo, por la adicción que generaba entre sus consumidores.

En 2021 se consumieron en el mundo 166,3 millones de sacos de 60 kilogramos de café y, salvo un leve bajón en 2019, el consumo de este producto se ha ido incrementando año a año en las últimas cuatro décadas. Muchas economías nacionales, incluyendo la nuestra, se han beneficiado de los réditos de su producción y su comercio e incluso países que históricamente no eran cafeteros como Indonesia y Vietnam han entrado al negocio en fechas relativamente recientes con mucho éxito.

En 2015 se instauró el 1 de octubre como el día internacional del café para reconocer su importancia para millones de personas y celebrar el consumo de esta bebida estimulante, aromática y energizante, que, además, en nuestro caso, ha ayudado a construir la Nación.

@Los_Atalayas

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