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26 Jan 2023 - 5:01 a. m.

El fanatismo alimentario

Atalaya

El triunfo de la especie humana se la debemos en gran medida al gluten. Gracias a la domesticación de los grandes cereales –cargados de gluten– fue posible el ascenso de las civilizaciones de la antigüedad, desde los imperios de Persia y China, hasta las culturas mediterráneas de Grecia, Egipto y Roma. El trigo, la cebada y el centeno hicieron posible la agricultura a gran escala generando un crecimiento demográfico estable gracias a una alimentación eficiente y nutritiva; del complejo sistema agrícola resultante se desprendió la división del trabajo, la consolidación de los sistemas políticos y la idea misma de Estado. Por más de 8.000 años una gran parte de la humanidad ha crecido de la mano de alimentos que contienen gluten.

Sin embargo, hoy parece que esos mismos alimentos son unos de los peores males para un creciente número de entusiastas de la alimentación y la salud, personas involucradas con causas y modas gastro-político-espirituales, conocidos genéricamente como foodies (anglicismo sin traducción precisa en nuestro idioma). Estos fanáticos alimentarios abrazan causas que se perciben como políticamente correctas o saludables –y, por supuesto, deseables y necesarias para pertenecer a ciertos círculos sociales– convirtiéndose fácilmente en feroces paladines de ellas. Gracias a su influencia, tal como está ocurriendo con las comidas que contienen gluten, algunos de los alimentos de los que tradicionalmente se ha alimentado casi toda la humanidad quedaron proscritos debido a la histeria general que azuzan los fundamentalistas que, como buenos conversos celosos de su nueva fe, exageran posibles consecuencias llegando a extremos apocalípticos.

Pero el caso del gluten no es único. El aumento de las alergias derivadas de alimentos y el gran aparato propagandístico y comercial propiciado por farmacéuticas y demás compañías que se lucran del incremento exponencial de éstas en las últimas dos décadas, son otro ejemplo. Los biempensantes de la alimentación saludable han ido proscribiendo cada vez más alimentos so pretexto de los riesgos alergénicos que de ellos supuestamente se derivan. En aquellas regiones del planeta donde no llegan los medicamentos para las alergias o donde no se sabe que las fresas o los mariscos las producen, ¿cómo manejan sus alergias? ¿Será que el asunto de las alergias es así de grave y se exacerbó en tan poco tiempo sin motivo aparente? Lo dudo. Quisiera saber cuántos niños son alérgicos al maní en Senegal, gran productor a nivel mundial, y comparar esa tasa con la de Norteamérica, en donde las nueces y el maní (no siendo éste una nuez, pero a menudo confundiéndose con una) están prohibidas en las escuelas públicas…

En esta sociedad del riesgo y del temor al futuro, en un mundo cada vez más precavido, más medroso, más aséptico, capaz de generar pánicos colectivos instantáneos gracias a las redes sociales, la obsesión por lo ´saludable´ puede llevar a actos de estupidez masiva como el actual rechazo por el gluten, las excesivas precauciones frente a las alergias y últimamente el creciente repudio por los embutidos y las carnes rojas, o por los transgénicos, so pretexto de posibles cánceres… El foodie es casi siempre el agente propagador de estas y otras causas, ya que pertenece a una generación educada y completamente globalizada que a pesar de ello usa la información de manera superficial. Por esto muchas veces confunde o ignora inquietudes válidas y reales frente a algún alimento para propagar información falsa o propagandística y que adicionalmente apunta a ser escandalosa. Lo que es quizás más grave es que esta persona carece de todo espíritu crítico. Su obsesión por ser influyente le impide cuestionar las lógicas de las causas que abraza y de las decisiones de vida que toma; no son pocas las veces que se fanatiza y es entonces cuando agresivamente hace proselitismo por su causa. En el camino, los efectos de ese fanatismo poco a poco van erosionando nuestra diversidad alimentaria y la riqueza cultural que se desprende de ésta.

@Los_Atalayas

Atalaya.espectador@gmail.com

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