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El puente quebrado y la cáscara de huevo

Julián López de Mesa Samudio

12 de enero de 2023 - 12:01 a. m.

“El puente está quebrado / ¿Con qué lo curaremos? / Con cáscaras de huevo/ burritos al potrero…”

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Desde hace unos diez años, siempre que paso por los puentes en los que se interseca la calle 134 con la Autopista Norte en Bogotá, sobre todo el del costado sur que tiene ya demasiadas décadas encima y por el que pasa todo el tráfico que cruza de occidente a oriente (el que hace 40 años era conocido como “el segundo puente”, siendo el único que queda de la época en la que sólo había tres puentes sobre la Autopista y por tanto eran conocidos popularmente como el primer, segundo y tercer puentes…), siempre que paso recuerdo las antedichas estrofas de la muy conocida ronda infantil.

¿Por qué tarareo en mi mente las estrofas cuando paso por allí? Porque dicho puente está literalmente quebrado y su estructura frágil día a día se ve y se siente más débil hasta el punto en que comienza a preocupar que haya una tragedia: el puente no sólo fue construido en una época en la que su capacidad de carga, por el flujo vehicular de hace cuatro o cinco décadas, era muchísimo menor a la que debe soportar hoy, sino que por el uso sus junturas se han ido separando al punto que al tomar el arco del puente, de subida y de bajada, hay sobresaltos tan pronunciados que los vehículos han de disminuir la velocidad para subir y bajar por él, lo que contribuye a generar (más) trancones en horas pico. La estructura del puente está tan deteriorada que en una de sus vigas de soporte se ha formado una grieta tan grande hace tanto tiempo que crece, casi milagrosamente pues sus raíces se hunden en el concreto, una acacia que ya es prácticamente un árbol.

Este puente debió haber sido reemplazado por puentes de estructuras más fuertes que se ajustaran al incremento del tráfico actual como ocurrió con los puentes de la calle 100 (primer puente) y el de la calle 170 (tercer puente) e incluso con el paralelo que se construyó en la misma 134 y por el que hoy cruza el tráfico en sentido oriente-occidente. Sin embargo, el puente al que me refiero ha sido mantenido casi como un recuerdo de una época en que al lado y lado de esta parte de la Autopista había aún fincas.

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Con la explosión desordenada, poco planeada y chambona de construcción, renovación y mantenimiento de obras públicas en Bogotá durante y tras la pandemia, se anunció con bombos y platillos que a mediados del 2022 comenzarían las obras de reparación y mantenimiento del puente. Como ya es habitual en Bogotá con la presente administración, las obras se comienzan, pero no se sabe cuándo se terminan, los horarios de trabajo y ruido parecen coincidir siempre con las madrugadas, sea entre semana o en días festivos, y el trabajo no parece avanzar a pesar de los cierres y las incomodidades.

Pero lo que en mi concepto es más grave, es que ante el peligro inminente y la amenaza de ruina palpable que presenta la estructura, los encargados de evaluar y tomar decisiones frente a las obras públicas de la ciudad, comenzando por la alcaldesa, decidieron no reemplazar el puente sino repararlo reforzando los enclenques pilares de soporte con unas cuantas capas de concreto (tal y como dice la canción infantil: “con cáscaras de huevo”).

El puente sigue cada vez más quebrado, aunque su “reparación” continúa, casi seis meses más tarde. Mientras tanto, la acera que va desde dicho puente hacia el sur por el costado oriental de la paralela de la autopista, y que estaba en perfecto estado antes de la pandemia, también fue intervenida y completamente rehecha (aunque no había necesidad) en menos de dos meses…

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@Los_Atalayas

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