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Fútbol y democracia

Julián López de Mesa Samudio

27 de octubre de 2022 - 12:01 a. m.

En 1982, el club de fútbol Corinthians, uno de los más populares de Brasil, no pasaba por su mejor momento ni administrativamente, ni financieramente, ni mucho menos deportivamente. En abril de aquel año fue electo Waldemar Pires como presidente de un club que se hallaba al borde de la banca rota. Esto obligó a Pires a designar a un sociólogo, Adílson Monteiro Alves, como gerente general del club, a pesar del casi nulo conocimiento que tenía este último de las particularidades del fútbol. Monteiro, consciente de sus limitaciones, le propuso al club y a todos sus miembros que todas las decisiones concernientes al equipo fueran discutidas por todos y votadas también por todos. Hay que decir que contó con la fortuna de tener una plantilla politizada y liderada nada más y nada menos que por Sócrates, el brillante mediocampista y capitán de la Selección. Es así como comenzó la democracia corinthiana.

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La democracia corinthiana fue el período de la historia del club en el cual todas las decisiones – como las contrataciones, los horarios de entrenamientos, las reglas para las concentraciones, la libertad para expresar opiniones, etcétera, - eran decididas a través del voto de todas las personas vinculadas al club. El voto del director técnico valía lo mismo que el de un dirigente o un jugador. Esto redundaba en el funcionamiento autogestionado del equipo lo cual era algo revolucionario para el contexto dictatorial en el que se encontraba Brasil. El movimiento causó malestar entre los militares quienes pidieron moderación al club, cosa que, por supuesto, no ocurrió, y, antes al contrario, hasta 1984/85, el equipo y sus miembros desafiaron abiertamente al régimen, sabedores de su popularidad como uno de las escuadras más seguidas en un país donde el fútbol es intocable y sagrado.

Corinthians fue el primer club de Brasil en utilizar una camiseta con mensajes políticos. El equipo estamparía en su vestimenta consignas a favor del retorno a la democracia en el país, tales como “diretas-já” (“elecciones ya”) o “eu quero votar para presidente” (“quiero votar para presidente”). En los actos protocolarios de los partidos los jugadores llevarían pancartas con consignas como “Ganar o perder pero siempre con democracia”. Esta época coincidiría con el último quinquenio de la dictadura, cuando se estaba empezando a hablar de nuevo, tras casi 20 años, del retorno a la democracia.

Para entonces la hegemonía militar había entrado en crisis pero el país había pasado prácticamente una generación entera sin democracia y el cálculo de la cúpula militar era que dicha falta de cultura política les iba a permitir seguir gobernando. Sin embargo, el futbol se atravesó en el camino y hoy se considera que la democracia corinthiana contribuyó decisivamente a que los brasileros dejaran el miedo a las represalias y reclamasen democracia. En 1985, se realizó la última elección indirecta, disputada solo por candidatos civiles. A partir de entonces y con la Constitución de 1988, Brasil retomaría el camino de la democracia.

Este domingo 30 de octubre Brasil acudirá de nuevo a las urnas, casi un mes después de la primera vuelta, para definir quien, entre Luiz Inacio Lula Da Silva y Jair Bolsonaro, será su próximo presidente. En esta coyuntura decisiva para Brasil, el fútbol sigue jugando su papel: de un lado, buena parte de los futbolistas de la selección y otros deportistas de élite se han alineado con Bolsonaro, antiguo capitán del ejército durante la dictadura en Brasil (1964-1985), y quien no ha desaprovechado ocasión para ensalzar el régimen militar y sus supuestas virtudes. Pero otros, han desempolvado sus viejas banderas de la Democracia Corinthiana recordando cómo, hace poco mas de cuatro décadas, el equipo del que es furibundo hincha Lula Da Silva, lo arriesgó todo para sacudir al país de la opresión.

@Los_Atalayas

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