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Irán

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Julián López de Mesa Samudio
22 de enero de 2026 - 05:00 a. m.
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Irán significa, literalmente, tierra de los arios (sí, los verdaderos arios no son europeos). Irán es el vocablo más antiguo para designar las tierras al sur de los montes Elburz, a donde fueron llegando, hace por lo menos cuatro milenios, las primeras carretas de ruedas radiadas, haladas por caballos —recientemente domesticados— y guiadas por personas de las culturas Andronovo y Sintashta, provenientes de la estepa de Asia Central. Su lengua daría origen a casi todos los idiomas que se hablan actualmente en Europa, así como en el norte de la India y, por supuesto, en Irán.

De las lenguas iranias —indoeuropeas— surgió el farsi, la lengua de aquellos que se asentaron en la meseta de Fars, en el suroeste del país, y que, a través de los complejos sistemas de irrigación de los qanats, lograron ganarle territorio al desierto. Conforme sus hablantes consolidaban su dominio en Fars (de donde surge el vocablo Persia), esta lengua se fue expandiendo, y con ella nació el primer imperio multicultural del mundo: el Imperio Aqueménida.

Hace casi tres mil años habló en Irán Zarathustra, profeta de lo que es quizá la religión monoteísta más antigua del mundo y que sigue vigente hasta nuestros días. El mazdeísmo no sólo se convirtió en la fe del Imperio Aqueménida de Persia (550 AEC – 330 AEC), sino que influyó profundamente en las religiones abrahámicas contemporáneas. Tal vez en ningún otro relato esta conexión sea tan evidente como en la historia de la visita de los Reyes Magos de Oriente al recién nacido Jesucristo. ¿Quiénes eran estos “reyes”? Los magos —en farsi magi o magoi no significa rey, sino sabio— conformaban la poderosa casta de escribas en la sociedad persa, y las ofrendas y la pleitesía que rinden a Cristo son símbolos que señalan la conexión del mazdeísmo con la tradición abrahámica.

Fue el Imperio Aqueménida, a través de Ciro el Grande, quien en el 537 AEC permitió al pueblo judío regresar del cautiverio de Babilonia a sus tierras y reconstruir el Templo de Salomón en Jerusalén, destruido por Nabucodonosor II, rey de Babilonia, en el 586 AEC. Fue Ciro, un persa, quien, a raíz de estos sucesos y movido por el fomento de la tolerancia religiosa y el respeto por los credos ajenos —imperativos esenciales de su fe mazdeísta—, dictó los primeros decretos de derechos humanos de los que se tenga conocimiento. El llamado Cilindro de Ciro se halla expuesto en el Museo Británico como recordatorio de que la humanidad es una sola y de que los sentimientos más elevados de los que somos capaces —como la misericordia hacia el otro: el enemigo, el opositor, el diferente, el derrotado, el raro— son precisamente los rasgos que nos hacen verdaderamente humanos.

A mediados del siglo VII de nuestra era, la primera oleada de expansión musulmana tras la muerte de Mahoma alcanzó Persia. Aunque el proceso de islamización fue largo, cien años más tarde, con el traslado del califato a Bagdad, éste se hallaba ya casi plenamente consolidado. Durante el gobierno del califa Harún al-Rashid (786 EC – 809 EC) —sí, el de Las mil y una noches—, el islam alcanzó una de sus épocas más esplendorosas. El centro del califato se había desplazado hacia territorios de profunda influencia persa, señalando la trascendencia de ésta en la cultura, la política y la economía del imperio islámico. En el siglo IX, Bagdad era la ciudad más grande, más rica, más sofisticada e influyente del mundo.

Asimismo, buena parte de los sucesos que desembocaron en el más importante fraccionamiento de la unidad de la fe islámica se produjeron en Irán durante el siglo VII: la masacre de Kerbala y la subsiguiente separación definitiva entre suníes y chiíes, que perdura hasta nuestros días. Esta tensión entre facciones alcanzó su punto culminante en el siglo XVI, con el ascenso de los safávidas de Persia y la instauración de la doctrina del chiismo duodecimano, que continúa siendo mayoritaria entre los iraníes.

Desde entonces, Irán está indisolublemente ligado al chiismo y a su historia.

Empero, la historia de Irán es mucho más larga y antigua que el islam mismo, aunque sea la religión de la mayoría de los iraníes. Los pueblos verdaderamente antiguos se enfrentan a una carga adicional frente a los demás pueblos cada vez que ocurre una revolución o un cambio de paradigma: volver a reevaluar su historia, decantar las glorias, las humillaciones y las vergüenzas no ya de décadas o centurias, sino, como en el caso iraní, de milenios. Por eso, más allá de la coyuntura política actual, Irán se halla, como en 1979, ante el reto de reconfigurar y adaptar su monumental mito fundacional a las realidades actuales y a las perspectivas futuras.

@Los_Atalayas

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Camilo Sandoval(53341)24 de enero de 2026 - 12:31 p. m.
Excelente columna. Muchas gracias
Olegario (51538)23 de enero de 2026 - 02:11 a. m.
De los mejores columnistas de El Espectador, el señor López de Mesa.
Alberto Rincón Cerón(3788)23 de enero de 2026 - 12:32 a. m.
Muy interesante, gracias.
juanmi31(37703)22 de enero de 2026 - 11:48 p. m.
Excelente lección de historia universal y geografía, además del credo religioso con base en las culturas. Felicitaciones.
juanmi31(37703)22 de enero de 2026 - 11:48 p. m.
Excelente lección de historia universal y geografía, además del credo religioso con base en las culturas. Felicitaciones.
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