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1 Jul 2022 - 7:53 p. m.

Maduro y las franquicias del crimen organizado

Julio Borges

Julio Borges

Columnista internacional

El fenómeno del crimen organizado en Latinoamérica es complejo por sus raíces, expresiones y consecuencias. En los últimos tiempos, ha pasado de ser un fenómeno focalizado en un grupo de naciones asediadas por el narcotráfico, las guerras entre grupos armados y la poca institucionalidad para garantizar el control del territorio, a ser un problema enquistado en toda la región. Es como una especie de cáncer que ya hizo metástasis y tiene rostros visibles en cada uno de los territorios de este lado del planeta. Por supuesto que este proceso de expansión guarda una estrecha relación con la erosión del sistema democrático venezolano. Venezuela pasó de ser un faro de luz frente al oscurantismo que representaba este flagelo y sus distintas manifestaciones, a ser hoy el principal puente de la droga que circula en la región, o a, mejor dicho, ser la meca del crimen en América.

Para percatarse de lo que recién enuncio solo hay que ojear algunos datos. De acuerdo con la firma Ecoanalítica, una de las consultoras en materia macroeconómica más prestigiosas de Venezuela, el 22 % del Producto Interno Bruto (PIB) venezolano depende de la economía ilegal. Es decir, de cada US$10 millones que produce nuestra economía, dos provienen de rentas ilegales que emanan de actividades como el narcotráfico, el contrabando de minerales, la trata de personas, el lavado de activos y la corrupción.

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