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Iván Cepeda es celoso con su vida privada porque ya enterró muchos amigos con los cuerpos llenos de plomo para-estatal: un día fue su padre; otro día, Bernardo Jaramillo, José Antequera, Jaime Pardo Leal, Carlos Pizarro… o los miles miembros de Unión Patriótica, el genocidio por el que pidió perdón el presidente Juan Manuel Santos en nombre del Estado en 2016.
De su vida privada solo sabemos que duerme poco, que tiene tres perras y que se fue a vivir con su esposa, Pilar Rueda, cuando enfrentó el cáncer de colon que lo condenó a renunciar al vino y a los chocolates y a comer solo verduras, arroz y pollo.
Pilar Rueda es antropóloga de la Universidad Nacional y tiene maestrías en conflictos, derechos humanos, justicia y asuntos de género en la Universidad de Notre Dame. Ha sido asesora de investigaciones de la JEP, de la Usaid (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) y de la ONU en temas de migración. Sus aportes fueron claves para la inclusión de la perspectiva de género en Los Acuerdos de La Habana. Considera fundamental el feminismo como enfoque teórico, pero toma distancia del feminismo como identidad política.
Cepeda conoce el frío del exilio desde niño, pero estas errancias le permitieron conocer el esplendor y la derrota del comunismo, y los cinturones de miseria de las grandes urbes capitalistas, y ser testigo de excepción de la manera como el mundo sigue buscando una fórmula económica sostenible en las socialdemocracias de Nueva Zelanda, Islandia y los países nórdicos, o en el capitalismo social de los chinos. También le sirvieron los exilios para estudiar filosofía en Bulgaria, aprender y olvidar el checo, hablar búlgaro y francés y defenderse en griego, aunque reconoce que su inglés es «rudimentario» cuando lo compara con el perfecto inglés de su esposa.
A Cepeda le enrostran ser hijo del senador comunista Manuel Cepeda… pero el 9 de agosto de 2011 el ministro del interior Germán Vargas pidió perdón público por el asesinato del senador a manos de agentes del Estado, y dijo que «Manuel Cepeda había luchado de manera incansable y valerosa por la defensa de sus ideas y de los valores democráticos».
En sus últimos días, Germán Vargas hizo llamados dramáticos a la unión en primera vuelta de los candidatos de la derecha. Sus preocupaciones tenían fundamento: las posibilidades de triunfo de Cepeda son altas. Llega con el hándicap de las prebendas sociales del Gobierno del Cambio en todo el país, de los millones de personas que se han beneficiado con la reforma laboral, el salario mínimo vital, etc. En 2022, Petro solo tenía para mostrar los resultados de su gestión en Bogotá.
Cepeda Llega con una ventaja holgada en las encuestas, Petro llegó con números apretados; Cepeda está recibiendo adhesiones importantes en primera vuelta, Petro las recibió en la segunda; los discursos de Cepeda no son tan emotivos como los del Petro del 2022, pero sus mítines son mucho más nutridos que los de Paloma y los de Abelardo; contra Petro se argumentó que expropiaría los latifundios, Cepeda demuestra que compró 400.000 hectáreas sin expropiar un metro cuadrado.
Contra Petro dijeron que era «castro-chavista» y que nos volveríamos como Venezuela, una fábula que no pueden repetir hoy, cuando Venezuela va a ser el Estado 51 de los Estados Unidos. Contra Petro dijeron que se atornillaría en el poder (lo dijeron justamente los dos presidentes que se atornillaron) y que sería dictador, pero hoy sabemos que nunca el poder legislativo y el judicial, e incluso la prensa, estuvieron tan unidos entre ellos y tan separados del gobierno como en los últimos cuatro años.
Algunos le critican a Cepeda el fracaso de la Paz total. Curiosamente, son los mismos que se enfurecieron con el éxito de los diálogos de paz de La Habana.
La derecha descalifica a Cepeda con los argumentos chapuceros y las etiquetas apolilladas que allá se estilan, pero la realidad es que su trabajo ha sido reconocido por personalidades como Ernesto Samper, Gilberto Murillo, Juan Manuel Santos y el Nobel de Paz Adolfo Pérez Esquivel, y fue distinguido con el Premio Alfonso López Michelsen, el reconocimiento que otorga la Corporación Vivamos Humanos “a quienes realizan una labor destacada en Colombia por la construcción de paz y el respeto a los derechos humanos”.
En varias ocasiones, el Panel de Opinión de Cifras y Conceptos lo ha destacado como uno de los mejores congresistas del país. José Félix Lafaurie afirma que Iván Cepeda es «un hombre ponderado, reflexivo y de convicciones firmes. Tenemos un diálogo franco y civilizado», dijo y pronosticó que Cepeda sería mejor presidente que Gustavo Petro.
El programa de Cepeda tiene seis puntos básicos: 1. Insistir en la necesidad de un diálogo nacional. 2. Defensa integral de los derechos humanos. 3. Reformas sociales profundas, el único camino hacia la paz. 4. Fortalecer la educación y la salud públicas, las garantías laborales y la presencia del Estado en los territorios. 5. Desarrollo rural y una reforma agraria que reduzca el obsceno Gini de tierras del país (0.89). 6. Transparencia institucional y desarticulación de la «liga» conformada por el político, el paramilitar, el guerrillero y las mafias económicas.
A Colombia le urge un gran diálogo nacional, y es obvio que personas tan pugnaces como Abelardo o Paloma (ambos mutaciones de Uribe) no son las indicadas para moderar ese diálogo. Iván Cepeda tiene el respaldo político y popular, el orden y la fortaleza mental, la formación académica, la experiencia política, la ecuanimidad psicológica y la generosidad espiritual necesarias para coordinar el diálogo y dirigir el rumbo de la nación.
