Pongo a consideración de los colegas este borrador de comunicado: Los artistas colombianos recibimos con beneplácito la noticia de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA visitará el país. Pertenecemos al 76% de la población que apoya el paro (Centro Nacional de Consultoría, CNC, junio 1° de 2021) y rechazamos con vehemencia:
La insensibilidad y la torpeza del Gobierno nacional, que enfrenta un estallido social como si fuera un asunto de orden público (el 79% de la población repudia este manejo).
Los actos vandálicos de algunos manifestantes y de agentes encubiertos de la Policía.
Los delitos de lesa humanidad de la Policía contra peatones y manifestantes pacíficos, consignados en miles de videos y repudiados por la comunidad internacional.
La abierta complicidad de la Policía con civiles armados, y el silencio de las autoridades civiles, la Fiscalía, la Procuraduría y el defensor del Pueblo frente al caso.
La militarización de varios departamentos, la usurpación de las funciones de las autoridades civiles por oficiales de Policía y el decreto presidencial que ordena levantar por la fuerza todos los bloqueos del país. Son inconstitucionales, ponen en riesgo la población civil y agravan el ya agudo desbalance de la democracia colombiana.
Los bloqueos son un tema complejo, claro: ralentizan la economía, complican todas las diligencias civiles y cotidianas y son rechazados por el 79% de la población, pero es obvio que deben ser levantados por la vía de diálogos que brinden garantías jurídicas y vitales a los manifestantes, propongan actos simbólicos de reparación por los atropellos sufridos por los manifestantes, planteen medidas de corto plazo para paliar el hambre y el desempleo y tracen una hoja de ruta para revertir, a largo plazo, las causas estructurales de las injusticias sociales que provocaron este estallido.
Hay que recordar que los bloqueos han sido fragua de grandes cambios políticos y son, con salvedades, un derecho constitucional en todas las naciones libres. Estos bloqueos, en particular, son valiosos porque provocaron el traumatismo social necesario para que el paro generara una reflexión sin antecedentes en la historia del país.
Además, decenas de jóvenes y adultos han sido asesinados defendiendo estas barricadas, y decenas de mujeres han sido ultrajadas sexualmente por la Policía, y decenas de personas han sufrido lesiones oculares, y centenares siguen desaparecidas hoy.
Pensamos, con el 61% de la población, que los bloqueos deben ser levantados sin utilizar la fuerza y que los diálogos deben incluir a los jóvenes de las «líneas», los que han defendido las barricadas durante 38 días y 38 noches de lucha heroica frente a un enemigo fuerte y brutal.
El paro ha puesto sobre la mesa la solidaridad y la fortaleza contestataria del pueblo y la ruda insensibilidad del Gobierno. Esta explosión social no puede terminar en un mar de sangre; debe llevarnos a un debate inteligente y generoso que ajuste el modelo económico y nos enrute hacia la economía social de mercado que piden los movimientos sociales y los analistas económicos de Latinoamérica y del mundo.
Agradecemos a la prensa seria, a los parlamentos de Estados Unidos, Alemania y la Unión Europea y a cientos de organizaciones de derechos humanos la solidaridad con el pueblo colombiano y el repudio contra los excesos de la Policía.
Rogamos a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que nos ayude a parar esta barbarie. Es una condición indispensable para que los diálogos tengan un buen clima, las instituciones recuperen su legitimidad y salvemos miles de vidas; para que el país se salve y la civilidad prevalezca.