Tal vez no haya un problema más apasionante que el Destino. Fue una obsesión para los griegos, que adoraban la tragedia, la esfera y los muchachos. Sus dramas giraban en torno a la lucha de los hombres contra el Destino. En estas tierras lo formulamos así: la vida es la lucha del hombre contra el paisa.
Los escolásticos llevan siglos tratando de explicarnos que, así nuestras elecciones no sean libres porque la voluntad de Dios es inexorable, somos culpables de una vieja infamia de la que nada, ni siquiera el sacrificio de Jesús, un profeta disidente que anunció el fin de los tiempos, pudo redimirnos.
San Agustín, la más aguda...
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