RAMANUJAN FUE UN MATEMÁTICO indio que demostró más de cien teoremas de la teoría de números por caminos completamente originales. Pero no lo hacía por vanidad, sino por ignorancia. Pobre, autodidacta y aislado, tuvo que ingeniárselas por sí mismo para descubrir las demostraciones de las fórmulas de un libro de matemáticas inglesas que cayó en sus manos cuando tenía 15 años.
¿Por qué lo hizo? Ni él mismo lo sabía. Quizá porque quería estar seguro de la veracidad de esas fórmulas. "Para nosotros, los indios, todo lo que fuera inglés era sospechoso", le confesó un día a un periodista. ¿Cómo lo hizo? Él mismo no sabía explicarlo muy bien. "En sueños -dijo una vez- la diosa Namakkal me enseña caminos. A veces resultados".
En 1913 le mandó una carta con algunos de los teoremas que había descubierto a Godfrey Harold Hardy, profesor de Cambridge. Hardy quedó estupefacto (las demostraciones de Ramanujan tenían una agudeza y una originalidad extraordinarias) y consiguió que Cambridge lo invitara como profesor visitante.
"Sus métodos eran heterodoxos y bellos a la vez. Parecían partituras de música algebraica", escribió Hardy en un informe al departamento de Matemática.
Era insensible a la física matemática (es decir, al trabajo de tipos como Kepler, Newton o Einstein) y nunca se mostró interesado en discutir la posible utilidad de sus descubrimientos en otras disciplinas. El arte y la literatura le interesaban muy poco, aunque podía distinguir el oro de la escoria. Era pacifista radical. Observaba con severidad los preceptos del budismo, pero consideraba todas las religiones más o menos equivalentes y verdaderas. "Su filosofía era sutil, pero resultaba nebulosa para el moderno gusto de Cambridge, y en todo -filosofía, arte, literatura, matemáticas- tenía una marcada debilidad por lo que fuera extraño, singular, estrambótico. Poseía, por ejemplo, una pequeña librería sobre la cuadratura del círculo y otras curiosidades...", anota Hardy.
En la primavera de 1917 empezó a manifestarse su tuberculosis, y pasó buena parte de lo que le quedaba de vida en sanatorios. Era celosamente vegetariano, cosa que dificultó el tratamiento médico cuando enfermó, y cocinaba personalmente todos sus alimentos.
En 1919 regresó a la India, donde murió al año siguiente, a los 32 años de edad. Desde su lecho de muerte le escribió una carta a Hardy sobre integrales elípticas. No hay una sola línea sobre su enfermedad. (No hay que lamentar mucho la temprana muerte de Ramanujan. La vida media creativa de un matemático es mucho menor que el tiempo de vigencia de una modelo. Por regla general, a los 30 años un matemático está liquidado).
"Probablemente hubiera sido mejor matemático si lo hubieran descubierto y educado un poco en su juventud -especula Hardy; habría hallado cosas más nuevas y, sin duda, de mayor importancia. Pero se habría parecido menos a Ramanujan y más a un profesor europeo, y la pérdida habría sido mayor que la ganancia".
Los milagros son incómodos para los científicos, cuyos desvelos siempre apuntan a buscar un orden lógico en los fenómenos de la naturaleza. Pero que ocurra un milagro en el aséptico y superlógico orbe matemático es una prueba palmaria del excelente humor de los dioses.
Los escépticos han tratado de explicar lo inexplicable. Aseguran que no era la diosa Namakkal la que le susurraba las soluciones a Ramanujan, sino el inconsciente, y citan en apoyo de su tesis los casos de muchos hombres de ciencia que se han despertado un día con la respuesta en sus labios. Es una tesis atendible, sí, pero ¿qué es el inconsciente sino una deidad moderna, un nombre claro para una fuerza oscura, ilógica y poderosa?