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El circense establecimiento nacional

Julio César Londoño

21 de febrero de 2026 - 12:00 a. m.

El establecimiento no es serio. Las pruebas son innumerables, pero reseñaré solo las más protuberantes.

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La reforma laboral, un conjunto de normas diseñadas para garantizar derechos elementales del trabajador, fue satanizada por el establecimiento en pleno. Se la acusó de ser el principio del fin, el torpedo mortal del comunismo contra la empresa privada y la industria colombiana, copó buena parte de la agenda legislativa durante dos años y agudizó la polarización del país… hasta el 20 de junio del 2025, cuando el Senado aprobó un articulado que coincidía en un 87 % con el contenido de la propuesta original del Gobierno.

El porcentaje lo calculó Angélica Lozano, una enemiga acérrima de la reforma que, súbitamente conversa, salió a reclamar desde ese mismo día la maternidad de la criatura.

El caso del magistrado Jorge Enrique Ibáñez es fétido. El pobre hombre fue «drogado y abusado sexualmente» por su amante en 1982. Ella quedó embarazada y tuvo un hijo. Años después, ya hombre, el hijo demostró con pruebas genéticas que el magistrado es su padre. El medio digital Casa Macondo destapa ahora las tretas del magistrado para esquivar las obligaciones de su paternidad, y una solícita juez de Neiva, Catalina María Manrique, decide censurar a Casa Macondo y proteger al magistrado con el conmovedor argumento de amparar «la honra y el buen nombre» del hijo negado y de su madre. Salvo El Espectador, ningún medio de la gran prensa ha denunciado estas chapuceras maniobras.

Siguen cayendo en el mundo príncipes, magnates y ministros por la divulgación de los Archivos Epstein. Los grandes medios colombianos se ocupan de las repercusiones del caso en la política y en los negocios de remotos países, pero no dicen una sola palabra sobre la relación de Andrés Pastrana con esa macabra red (Nohra, las niñas y yo juramos que son perversas las suspicacias de Ana Bejarano).

En el choque Petro-Trump, el establecimiento volvió a lucirse. Cuando el gran sheriff del mundo montó el supershow de tumbar a Maduro para entronizar a la madurista Delcy Rodríguez y amenazó con «extraer» también al «narcotraficante Petro», buena parte del establecimiento aplaudió a rabiar. Poco después, los dos mandatarios tuvieron un ataque de sensatez y fumaron la pipa de la paz. «Me dijo I like you», contó un Gustavo Francisco ruborizado; «I love Colombia», escribió un Donald galante, y ambos «saludaron a la bandera», como se estila en las grandes ocasiones: lucharemos hombro a hombro para acabar el narcotráfico y la guerrilla, juraron Donald y Gustavo Francisco, y todo el establecimiento aplaudió al presidente.

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Otra perla. Todavía una parte del establecimiento desprecia a Abelardo de la Espriella, esa revelación política cuyo lema podría ser el mismo de Groucho Marx: «Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros». Figurín y supermacho, destripador y humanista, beato y ateo, outsider en camino de insider, Abelardo será muy pronto el faro moral de todo el establecimiento, que lo votará sin vacilar en la primera vuelta.

Votarán con las narices tapadas, sí, pero con el mismo entusiasmo que le ofrendaron al estadista Rodolfo Hernández en 2022. ¡Les toca duro a los votantes de derecha!

El último oso notable del establecimiento fue el del salario mínimo. No había terminado de fijarlo por decreto el presidente el 29 de diciembre, cuando estallaron las redes: ¡hecatombe, apocalipsis, populismo, clamaron el establecimiento, los empresarios y los candidatos a la presidencia! Pero el 12 de febrero, cuando el Consejo de Estado suspendió el decreto presidencial de diciembre, el establecimiento, los candidatos, Asobancaria y los empresarios fueron iluminados por el Espíritu, reconocieron que dos millones de pesos son apenas la cuota inicial del pago de una deuda infame y cerraron filas en defensa de la cifra del Gobierno.

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Lo dicho, el establecimiento es tan circense que el Gobierno, sin ser un dechado de virtudes, le da lecciones de grandeza y justicia social y le marca la agenda y hasta las cifras.

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Nota. El establecimiento era un cuerpo casi monolítico. Estaba formado por los tres poderes, los cacaos, las iglesias, la cúpula militar, los gremios económicos, los jefes de los partidos y los grandes medios de comunicación. Hoy, el Gobierno y la cúpula militar no hacen parte de esta superestructura, como lo prueba el hecho de la unánime oposición del establecimiento contra el Gobierno. Notica: no censuro la oposición, solo subrayo el inédito adjetivo, unánime.

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