El falsificador de moneda más famoso de la Europa del siglo XVIII fue William Chaloner. Le fue muy bien hasta que se enfrentó con un rival de cuidado, Isaac Newton. Newton resultó envuelto en el asunto porque aceptó un cargo burocrático, episodio que Bertrand Russell comentó así. «En enero de 1699 Isaac Newton fue recompensado, con verdadero espíritu inglés, con un destino de gobierno que le robó tiempo precioso para sus investigaciones físicas y sus delirios de alquimista» (La perspectiva científica). El «destino de gobierno» fue el cargo de director de La Casa de la Moneda. Bajo la dirección de Newton, aumentó la calidad y la cantidad de la acuñación y se produjo la captura de más de un centenar de falsificadores.
Francés, alto, pelirrojo, agraciado y de exquisitos modales, William Chaloner llegó a Inglaterra en 1690 huyendo de la justicia francesa. Sólo tenía lo que llevaba puesto. Al principio vivió de la generosidad de señoras londinenses que perdían, al verlo, corazón y ahorros. Luego fue relojero y fabricó relojes de hojalata, sin ningún mecanismo ni valor, que vendía a transeúntes incautos. Cuando hubo un número peligroso de estos cronómetros de la eternidad en los basureros londinenses, fue curandero y astrólogo. Luego llevó durante dos años una vida honrada y fue aprendiz en un taller de metalurgia donde aprendió las técnicas del fundido y vaciado de metales.
Entonces decidió que estaba preparado para trabajar por su cuenta. Primero probó con la falsificación de guineas y doblones franceses que, haciéndose pasar por un hombre de negocios recién llegado del continente, cambiaba por libras de buena plata. Estaba tan orgulloso de su trabajo, y era tal el volumen de sus transacciones, que realizaba todas sus operaciones directamente con los bancos.
Las libras inglesas eran unas monedas acuñadas en plata de ley 900, toscas, grandes, gruesas, de dimensiones no muy bien definidas y forma aproximadamente circular. Chaloner consideró que eran un desperdicio de plata y recortó todas sus libras. Con los recortes acuñaba monedas un poco más pequeñas aunque en plata de ley, y las libras recortadas las cambiaba en transacciones bancarias por buenas libras. En poco tiempo se convirtió en un socio próspero y respetado del Banco de Londres. Cuando Isaac Newton fue nombrado director de La Casa de la Moneda (enero de 1699) la práctica del recorte se había extendido de tal manera, y había tantos pleitos por la diferencia de valor real entre monedas de igual denominación, que el físico decidió emprender una reacuñación con nuevas técnicas, dimensiones y aleaciones bien definidas, y bordes acanalados de seguridad. (Los grabados en los bordes de todas las monedas del mundo son, pues, «newtonianos»).
Chaloner tenía influencias en la corte porque unos años antes, en 1696, hizo una jugada diabólica y maestra: reunió un grupo de partidarios del depuesto Jacobo II y los incitó a conspirar contra Guillermo de Orange. Persuadió a un impresor de que reprodujera los incendiarios discursos con los que Jacobo desahogaba su ira en el exilio y los distribuyera en el grupo. Convertido en líder de los jacobinos, programó una reunión que calificó de «crucial para los destinos de Inglaterra». Recomendó al impresor que llevara algunas copias de los discursos para repartir entre los asistentes. Todos asistieron, excepto Chaloner, que delató a las autoridades la conspiración y el lugar y la fecha de la reunión, ganando así mil libras de recompensa y el favor de Guillermo de Orange.
Las medidas de Newton dieron resultado y la falsificación disminuyó de manera considerable. Entonces Chaloner jugó sus cartas. Primero trató de introducir un cómplice suyo, Thomas Halloway, como inspector de La Casa de la Moneda, pero fracasó porque el aspirante fue rechazado. Entonces enfiló baterías contra el director. Acusó a Newton de dilapidador por la enorme suma que le había significado al reino la reacuñación. (En el proceso se habían cambiado, sin compensación alguna para las arcas reales, las viejas y recortadas libras de la gente por libras nuevas de mayor valor real). Recordó también que el problema de la falsificación no había sido eliminado completamente, y le pidió al rey una oportunidad de probar sus revolucionarias técnicas de acuñado que, de ser adoptadas, eliminarían para siempre el mal.
Newton se opuso. Aceptar la propuesta de Chaloner implicaba permitirle el acceso a La Casa y a secretos que no estaba dispuesto a compartir con nadie, y menos con él. Demostró que los métodos del francés eran, aunque seguros, nada rentables. A pesar de su informe, Chaloner obtuvo licencia real para trabajar en La Casa.
Y se habría salido con la suya de no mediar un acto fortuito. Halloway encargó a un herrero la fundición de una troqueladora y una acanaladora, instrumentos cuya sola posesión era un delito capital, y le pagó con monedas falsas. El herrero denunció a Halloway mediante un anónimo. Las autoridades allanaron su casa y encontraron los instrumentos y gran cantidad de monedas de excelente cuño y baja ley. La víspera de su ejecución, Newton visitó a Halloway y le prometió el indulto a cambio de su delación. El convicto señaló a Chaloner como su jefe y proporcionó a la corte pruebas decisivas de su culpabilidad. Newton faltó a su palabra y ambos, Halloway y Chaloner, fueron colgados en Hyde Park el 22 de marzo de 1699.