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El último delicado

Julio César Londoño

12 de febrero de 2022 - 12:30 a. m.

“Cada que se les muere un Kafka, un Cortázar o un Borges sin recibir la medalla Nobel”, escribió Antonio Caballero, “los miembros de la Academia Sueca de Letras se dan una palmada en sus pálidas calvas boreales y exclaman: ¡Otro que se nos pasa!”. El tema de los nobel que nunca fueron y en concreto la negriada a Borges vuelven a estar sobre el tapete ahora que la Academia desclasificó las actas y publicó sus razones para condenar al minotauro de Buenos Aires.

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Durante todos estos años se pensó que el motivo fue político: Borges tenía charreteras en el alma, coqueteó impúdicamente con Videla y Pinochet (¡por Dios, Georgie!) y él mismo dijo alguna vez: “Tomo leche, me gustan las películas de vaqueros, soy conservador, escribo poemas rimados… soy un viejo de mierda”.

Su amor por el coraje y las batallas lo llevó a escribirle poemas al coronel Francisco Borges y a otros parientes de armas, a tal punto que mamá Leonor se burlaba: “De la historia Argentina, a vos solo te importa el papel que jugaron allí tus familiares”.

En Borges: esplendor y derrota, María Esther Vázquez asegura que el poeta perdió el Nobel el día que se burló públicamente de los poemas de Artur Lundkvist, el único miembro de la Academia Sueca que leía español con matices, dato que habla muy mal de tan severo tribunal. ¿Cómo es posible que en un colegio de 18 sabios, cuya función es dispensar la gloria, solo uno conozca bien una lengua tan importante como la española?

La versión de Vázquez encaja muy bien con las declaraciones que rindió Lundkvist en 1982. En medio del parrandón vallenato que Gabo armó en Estocolmo, los periodistas le hicieron la pregunta ya ritual, por-qué-no-premiaron-a-Borges, y Lundkvist respondió muy serio: “Porque en los últimos 20 años Borges no ha publicado nada que valga la pena”. Esto es un dislate histórico si recordamos que Borges tenía 83 años y que en los últimos 20 años había publicado El otro, el mismo, El oro de los tigres, La rosa profunda, La moneda de hierro, El libro de arena, Elogio de la sombra, La cifra y estudios sobre las literaturas inglesa, norteamericana, germánica y medievales, y tenía ya un cielo aparte, al margen del espléndido sismo estético provocado por Gabo, Rulfo, Paz, Neruda, Cortázar y Vargas Llosa.

¿Qué dicen las secretísimas actas suecas? En síntesis, que Borges es “demasiado exclusivo o artificial en su ingenioso arte en miniatura”.

El caso es que a Borges no le ha ido mal sin el Nobel. Sus miniaturas siguen despertando una admiración universal. Puso temas exclusivos al alcance del hombre de la calle. Sus cuentos son un ajedrez de fierro y luz (ingeniosos, por supuesto). Sin descuidar los deberes de la música y la emoción, sus poemas también saben reflexionar. En sus manos, la crítica literaria alcanzó una levedad y una agudeza inéditas.

P. S. Ah, recordemos que Jorge Luis Borges escribió líneas muy firmes contra los totalitarismos de cualquier color. En este punto debo llamar al estrado de la defensa a un rumano implacable, un señor que conocía la historia política del mundo y escribía en francés mejor que Proust, Emil Cioran.

“Si Borges me interesa tanto es porque representa un espécimen de humanidad en vías de desaparición y porque encarna la paradoja de un sedentario sin patria intelectual, de un aventurero inmóvil que se encuentra a gusto en varias civilizaciones y en varias literaturas, un monstruo magnífico y condenado”.

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“Borges podría convertirse en el símbolo de una humanidad sin dogmas ni sistemas. Si existe una utopía a la cual yo adheriría con gusto, sería aquella en la que todo el mundo le imitara a él, a uno de los espíritus menos graves que han existido, al último delicado”.

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