Hay dos niveles intelectuales que siempre nos han maravillado, la inteligencia y la genialidad. El misterio de la inteligencia está resuelto; incluso tenemos su “fórmula”, identificados sus cómplices: actitudes flexibles, la gracia de la pasión, sentido del humor, de la ironía y de la oportunidad, capacidad de síntesis y de trabajo, dominio del arte de la conjetura, olfato para descubrir patrones en series de sucesos muy disímiles y diferencias en conjuntos casi idénticos; y lo más delicado: habilidad para combinar modelos racionales, soluciones paradójicas y revelaciones intuitivas.
El genio, en cambio, es un engendro refractario...
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