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Jorge Iván Ospina y Daniel Quintero, ¿ángeles o demonios?

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Julio César Londoño
25 de abril de 2026 - 05:13 a. m.
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Los nombramientos en altos cargos del sector de la salud de Daniel Quintero y Jorge Iván Ospina cayeron muy mal en la derecha, claro, pero también en la izquierda, que disparó «fuego amigo». Los nombres de Quintero como Súper de salud y de Ospina como interventor de la Nueva EPS son cuestionados porque tienen investigaciones pendientes, y porque Quintero carece de experiencia en salud (Ospina es médico y dirigió el HUV, el Hospital Universitario del Valle). Ambos son líderes alternativos y ambos son criticados por políticos tradicionales debido a sus nexos… con políticos tradicionales.

Es inevitable: ningún líder tiene el músculo financiero ni la cauda electoral suficiente para prescindir de las alianzas non sanctas. Fajardo necesitó la «donbernabilidad», Juan Manuel Santos se apoyó en Uribe y luego en la izquierda, Rodolfo Hernández aceptó las adhesiones de los líderes a los que había insultado, Abelardo recibe incluso apoyos de gente honrada y Paloma Valencia insiste en que es hija de un señor que repite que él no es su padre, o que, en todo caso, ella no es responsable de los pecados que él ha cometido.

Aventuro aquí un análisis rápido de las alcaldías de Quintero y Ospina, y de las razones de sus nombramientos.

Daniel Quintero desarticuló la invaluable red de lideres sociales que habían tejido pacientemente sus antecesores, y la cultura le importó un pito (todos los alcaldes piensan que el arte es una dependencia de una secretaría menor, la de cultura). Pero hasta sus enemigos reconocen que, bajo su batuta, Medellín fue la ciudad que mejor sorteó la crisis de la pandemia, y creció en infraestructura y tecnología.

Tiene abiertas varias investigaciones en contra… y cero condenas judiciales en firme. Contra todo pronóstico, desnudó al sacrosanto Grupo Empresarial Antioqueño (GEA): la Contraloría General de la República dictaminó que en Hidroituango hubo un detrimento patrimonial por 4,3 billones de pesos, suma que Medellín recuperó mediante el cobro de las pólizas de seguros firmadas por los contratistas de las obras, gracias a la gestión del equipo de Quintero y pese a las presiones del GEA.

En rigor, el GEA no fue responsable directo del detrimento: no era propietario de la obra ni operador formal del proyecto, pero su papel resultó significativo porque: 1. Fue ejecutor directo a través de firmas vinculadas al Grupo, y una de sus empresas, Suramericana, hizo parte del grupo de aseguradoras del proyecto. 2. Tuvo influencia en decisiones corporativas mediante su presencia en juntas directivas y redes empresariales asociadas al proyecto. 3. Tenía capacidad de presión institucional, como se evidenció en la crisis de gobernanza que sufrieron las Empresas Públicas de Medellín a raíz del duelo Quintero-Gea.

El nombramiento de Quintero como Supersalud obedece a que su experiencia en tecnología será muy útil en: A) el manejo de la intrincada contabilidad del Sistema Nacional de Salud. B) asesorar al Pacto Histórico en los temas relacionados con el software electoral y el control de los conteos. Tiene, además, la misión de contrarrestar la votación de la derecha en Medellín. En el Pacto Histórico calculan que se puede ganar en primera vuelta si Cepeda saca una votación alta en Antioquia y El Eje Cafetero, fortines de la derecha.

Jorge Iván Ospina, ambientalista y miembro del Partido Verde, genera en la élite caleña una resistencia tan grande como la de Quintero en Medellín. Tienen razones para odiarlo. Ospina es el principal actor de la política caleña, y durante los 27 años de su vida pública (asumió la dirección del HUV en 1999) ha sido imputado muchas veces y nunca fue condenado. Les ganó dos veces la alcaldía a los políticos tradicionales, canceló megaproyectos de vivienda en la zona de recarga hídrica del río Pance, en el sur de la ciudad, la declaró «reserva natural» y la blindó convirtiéndola en el espléndido Ecoparque Corazón de Pance.

Como si fuera poco, es hijo del comandante guerrillero Jorge Iván Ospina, cuya muerte lloró Enrique Santos Calderón en una bella nota editorial. En 2021 tomó partido por los derechos de la población civil en el Estallido Social, y es el artífice de la renovación urbana de Cali. El Bulevar de Oriente y el Bulevar del Río, los principales puntos de reunión popular de la ciudad, son obras suyas. Ospina tiene imaginación y sensibilidad social, y sabe construir ciudad, virtudes que el notablato caleño no le perdona.

Su nombramiento como interventor de la Nueva EPS tiene dos objetivos: A) aprovechar su experiencia en gerencia hospitalaria para superar la crisis de esta entidad. B) refrendar la adhesión a Cepeda de un amplio sector de «los Verdes». Ospina y la que fuera su secretaria de gobierno, Nhora Mondragón, hoy directora del Dapre, tendrán un rol clave en el buen remate de la Administración Petro y, en consecuencia, en el éxito de la campaña de Cepeda en el suroccidente y en el país.

Entonces, ¿ángeles o demonios? Tal vez Quintero y Ospina no son tan angélicos como sugiere este cándido columnista, pero definitivamente distan mucho de ser los demonios que ve en ellos la derecha. Si el establecimiento no ha podido condenarlos con su ejército insomne de abogados, periodistas y magistrados, por algo será, digo.

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