La conciencia de la muerte es un abismo joven, tiene 250.000 años, la edad de la tumba más antigua conocida. Antes también moríamos, claro, y nuestros abuelos homínidos sintieron ese vacío en el alma que deja la muerte de un amigo, pero los antropólogos consideran que fue solo con la invención de la tumba que la muerte nació como una entidad metafísica, un horror sagrado.
Podemos, estirando la conjetura, suponer que la muerte, la conciencia y el lenguaje fueron fenómenos simultáneos. El ritual fúnebre presupone una conciencia, la conciencia demanda un pensamiento sutil y esta sutileza exige un sustrato verbal.
La inmortalidad física...
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