Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

La invención de la muerte

Julio César Londoño

26 de enero de 2024 - 09:00 p. m.

La conciencia de la muerte es un abismo joven, tiene 250.000 años, la edad de la tumba más antigua conocida. Antes también moríamos, claro, y nuestros abuelos homínidos sintieron ese vacío en el alma que deja la muerte de un amigo, pero los antropólogos consideran que fue solo con la invención de la tumba que la muerte nació como una entidad metafísica, un horror sagrado.

PUBLICIDAD

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar

Podemos, estirando la conjetura, suponer que la muerte, la conciencia y el lenguaje fueron fenómenos simultáneos. El ritual fúnebre presupone una conciencia, la conciencia demanda un pensamiento sutil y esta sutileza exige un sustrato verbal.

La inmortalidad física es tan antigua como la vida, ese hálito que empezó hace 4.000 millones de años con las bacterias, criaturas inmortales porque se reproducen sin coito, por simple división. La bacteria crece, en 20 minutos se escinde y ya hay dos bacterias idénticas. Luego 4, 8, 16, 32… 550 billones de bacterias idénticas en 13 horas. Es muy probable que siga viva la primera bacteria del mundo, ese Adán microscópico, como lo llamó Antonio Vélez. Salvo que la mate un bactericida o una temperatura extrema, una bacteria puede dividirse eternamente. Lo que trato de decir es que ninguna bacteria muere de muerte natural.

La muerte no duele porque nos robe el futuro sino porque borra el pasado: la gran tragedia del hombre es la muerte del yo, pero el yo es solo una suma de recuerdos, lo que perdemos con la muerte es el pasado, escribió Kundera y la muerte lo borró por andar inventando paradojas con lo sagrado.

La bacteria es inmortal porque es un organismo unicelular, básico, le basta un mínimo vital de energía en el ambiente. La “muerte natural” y la vejez nacen con la aparición de los organismos pluricelulares, cuya vida depende de la sincronización precisa de muchas funciones fisiológicas, y basta una pequeña vacilación del cerebro para que se desencadene una cascada de disfunciones fatal. Somos mortales porque somos biológicamente complejos. Urge que la evolución cree un segundo cerebro.

Read more!

A la muerte la hemos enfrentado con ardides técnicos y operaciones mágicas. Los técnicos son las yerbas, los fármacos, la nutrición y el ejercicio, y ahora la ingeniería genética. Las mágicas son las religiones, los mausoleos, los conjuros y el arte, que es un sistema de conjuros estéticos: las esculturas, la escritura, la fotografía y las canciones son operaciones contra el olvido y la muerte.

Para vencerla, las religiones crean “alargues”: la vida eterna y la reencarnación son el tercer tiempo de la vida.

En un cuento suyo, Borges demostró que la inmortalidad es una condena atroz, un tedio infinito. Para castigarlo, el destino lo hizo inmortal. “La desgracia de ser famoso se abatió sobre él. Merecía algo mejor, haber permanecido en la sombra, en lo imperceptible”, se lamentó Cioran, el valiente teórico del suicidio (la práctica es cosa seria). Como la muerte es la pena máxima, tendemos a pensar que la vida es un don maravilloso… ¡pero hay tantos millones de desdichados repitiendo este mantra en Instagram! Sería prudente que el ser pidiera con fervor agustino desde la nada: Señor, dame la vida, pero no ahora.

Ya que estamos vivos por fatalidad o por cobardía, debemos capotear la existencia y coquetearle a la felicidad, esa zorra arisca cuya fórmula los filósofos y los coaches cifran con sumatorias cándidas: salud, dinero, amor, sabiduría. O todo lo contrario, una vida franciscana, austera. Pero toda suma es parcial y toda plegaria corre el riesgo de ser atendida, como advirtió santa Teresa, y ninguna vida humana es plena sin una buena muerte, sin un bel morir. Atento al asunto, Álvaro Mutis lo resumió todo en un verso rigurosamente esférico: “Que te acoja la muerte / con todos tus sueños intactos”.

Read more!
Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.