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Edgar Allan Poe es un autor que no envejece bien. Ya en su tiempo recibió críticas tan feroces como la de R. W. Emerson, que lo llamó «el poeta del retintín», en alusión a «las musiquitas» de El cuervo (el primer poema escrito con algoritmo), de Las campanas y de otros poemas suyos.
No ayuda mucho la personalidad de Poe, el borracho y opiómano que se casó con su prima, una niña de 13 años, y que vivía obsesionado con las cosas de ultratumba, una patología que resultó muy inspiradora, como han observado sus lectores, entre estos Mario Mendoza, a quien vi hablar de la necrofilia de Poe con una emoción francamente necrofílica.
H. P. Lovecraft lo admiraba con reservas: «Poeta y crítico por naturaleza y talento, lógico y filósofo por gusto y maneras, Poe fue también un espíritu afectado. Es inútil soslayar su presunción de poseer profundos y oscuros conocimientos, su humor artificioso y retorcido, y sus arrebatos críticos, a menudo vitriólicos».
Sus cuentos, poemas y diálogos filosóficos orbitaron siempre en torno al terror y a lo decadente, sostiene Lovecraft. Nunca lo abandonó «esa tensa ansiedad de penetrar en los pozos de la noche jamás sellados, ese afán de agujerear el velo de la muerte y reinar con fantástico afán como señor de los espantosos misterios del tiempo.
«Le imprimió vuelo poético a su prosa utilizando un estilo arcaico y orientalizado, y el recurso de la repetición bíblica, como hicieron luego Óscar Wilde y Lord Dunsany. Produjo así un efecto de fantasía lírica que llegó a ser altamente narcótico: un desfile opiáceo de sueños expresados en lenguaje onírico, donde cada color antinatural y cada imagen grotesca están materializados mediante una sinfonía de sonidos armónicos. El manejo magistral de estos recursos lo puso a la cabeza de los genios de la ficción miniaturista».
El estudio de Lovecraft sobre Poe está en Horror sobrenatural en literatura, el capítulo VII del volumen de ensayos literarios que lleva uno de esos títulos inspirados por la pereza: Ensayos literarios.
Jorge Luis Borges vio en Poe un inventor más que un artista en plenitud: admiró su rigor casi científico en el cuento policial y su teoría del «efecto único», pero censuró los excesos líricos y la pobreza verbal. Para Borges, Poe no fue un poeta profundo sino un artífice genial de mecanismos narrativos muy eficaces, un precursor necesario cuya grandeza es técnica y cuyos abismos sicológicos son impostados.
Julio Cortázar, en cambio, sintió a Poe como un hermano oscuro: celebró su intensidad, su descenso lúcido a lo escatológico, su oído para el ritmo y la pesadilla. Donde Borges vio artificio, Cortázar sintió revelación, un visionario que abrió grietas en la razón y nos obligó a habitar, sin compasión, la lógica endemoniada del horror.
Günter Blöcker descubrió la sintonía perfecta de Poe con su tiempo. Como adivinando que empezaba la era contemporánea y el siglo del positivismo y de las máquinas, Poe introdujo en el cuento la especulación científica, y en el horror, el cálculo matemático. (Perfiles de la literatura moderna).
Imaginó autómatas que jugaban ajedrez, escribió sobre la estafa «como una ciencia exacta» y sobre la composición literaria como un oficio algorítmico, y un tratado de astronomía, “Eureka”, el delirante ensayo «que descifra los secretos de los astros y el origen del universo».
Es verdad que el horror de Poe es truculento, y que podemos encontrar relatos de terror más intensos y naturales en Rulfo, y más cósmicos en Lovecraft, y más sofisticados en el gótico actual, pero yo siempre le agradeceré los monstruos de sus cuentos, que aterraron mi infancia, y las lecciones de teoría literaria que le regaló a mi juventud.
