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La parábola del buen hijo

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Julio César Londoño
05 de diciembre de 2020 - 03:00 a. m.
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Algunas de las respuestas de Tomás Uribe a la entrevista de Semana fueron muy buenas. Por ejemplo, cuando le preguntaron sobre su negocio más cuestionado, la venta de un lote de la familia Uribe para la expansión de la Zona Franca de Mosquera, Tomás explicó que el cambio del POT del municipio se hizo en el 2000. Punto para Tomás. ¿Republicanos o demócratas? Lo importante es que haya apoyo bipartidista estadounidense a la lucha contra el crimen en Colombia. ¿Las marchas en el país? Participantes legítimos y saboteadores ilegítimos.

Sus otras respuestas oscilaron entre la ternura filial y el credo que el joven profesa, que es obtuso y reduccionista como todos los credos extremistas (es verdad que las ideologías son como religiones, pero los extremismos son meras sectas. Ni siquiera tienen dogmas, solo supersticiones).

La novedad es que Tomás dice «neosocialismo» en vez de «castrochavismo» (tiene el sentido del ridículo del que carece su padre): «Los neosocialistas no confiscarán la propiedad, necesariamente, pero suben los impuestos a un nivel que confisca las rentas de la propiedad, que es peor aún». Hay que decirlo, Tomás está en otro nivel.

Cuando le tocaron ciertos temas, su cerebro se cortocircuitó. Así, cuando le hablaron de la JEP, Tomás dijo que era muy cara, que tenemos muchos jueces y que «en Colombia hay 15 por cada 100.000 habitantes mientras que el promedio de la OCDE son 30» (¿?). Cuando le recordaron, en mitad de una larga diatriba contra el precandidato, que Fajardo escribió muchas columnas elogiosas sobre Álvaro Uribe, Tomás dijo, sin solución de continuidad, que «en la familia le tenemos cariño personal».

El tema Iván Cepeda también le trueca los cables: «¡Hay un frente de las Farc que lleva el nombre del papá de Iván Cepeda!». Hombre, Tomás, respete. O al menos lea. El Estado colombiano fue condenado por el asesinato del padre del senador, que hizo parte del genocidio de la UP, la página más sórdida de nuestra sórdida historia.

Y agregó esta candidez: «¡Imagínense que un bloque paramilitar llevara el nombre de mi padre!». No, Tomás, no lo imagino: llamar «Álvaro Uribe» a un mero bloque sería un honor mezquino para el gran trabajo de su padre en la gesta paramilitar.

Luego confiesa su terapia, que parece inspirada en los pasajes más tiernos de Petro: «Con Iván Cepeda pongo en práctica la bondad amorosa, una meditación que consiste en desear el bien para uno, las personas que uno ama y los que nos han hecho daño».

Despacha la ñeñepolítica diciendo que el Ñeñe era un bocón y que las interceptaciones fueron ilegales. Cuando le recuerdan que también Caya Daza está involucrada, balbucea: «No… no sé de Cayita desde hace mucho tiempo. Para mí fueron una sorpresa esos audios. Es diferente a la persona que yo conocía».

Cuando le recuerdan los líos de su padre con la justicia, Tomás dice que las cortes quieren vengarse de Uribe, pero olvida decir qué es lo que querrían vengar. Para demostrar que el magistrado que le dictó detención domiciliaria a su padre tenía conflictos de intereses en el caso, afirma que fue contratista de la administración Santos, pero no explica qué tiene que ver Santos con Cepeda, el «abogánster» y este lío de Uribe.

El remate es de antología: ¿qué piensa cuando llaman genocida y paramilitar a su papá? «La verdad, ya poco me afecta. Mi mamá no habría estado casada 40 años con Álvaro Uribe si tuviera la más mínima duda de su integridad».

Conclusión. Como precandidato, Tomás es buen hijo. Tiene la simpleza necesaria para ser candidato del Centro Democrático e irradia una bondad amorosa capaz de defendernos del neosocialismo, sí, ¿pero quién nos salvará de Tomás Uribe?

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Gloria(31573)12 de diciembre de 2020 - 10:50 p. m.
Tan tierno el hijo de papi. Que a punta de vender manillas es un multimillonario. Solo es cuestión de buenos contactos: el Zar de la chatarra, alcalde comprado para cambiar el POT, socios con bolsillos robustos (no importa cómo) para invertir en centros comerciales en todo el país, etc. etc. etc. Poner cara de acólito y repetir mantras contra Cepeda y Petro y ¡abajos! al neosocialismo.
Bernardo(31155)06 de diciembre de 2020 - 08:21 p. m.
* "Tom" es nadie en la ciencia política para entender, primero, y explicar, segundo, algo que se llame "neosocialismo". * El viejo socialismo que el expresidiario criticó en El Tiempo (empezando noviembre) es sólo la mampara distractora del VIEJO FASCISMO de carriel y poncho que viene parido desde la más pura paisalandia.
Bernardo(31155)06 de diciembre de 2020 - 08:19 p. m.
* Una entrevista en medio sesgado, en absoluto resulta útil para mirar de soslayo un proyecto fascista que MADURA desde hace algo más de 20 años. * Ya lo reveló Patricia Lara esta semana: el aguapanela que tiene por sangre el ex Santos, habría servido para que los fascistas pretendan tragarnos a los colombianos con unos cuantos buñuelos envenenados.
Bernardo(31155)06 de diciembre de 2020 - 08:17 p. m.
*No sería posible, con escasas excepciones, diferenciar entre SECTA y RELIGIÓN.* La "bondad amorosa" que se auto atribuye "Tom", va en contravía contra el cinismo que le ha caracterizado en la concepción, manejo y evasión de responsabilidades en sus oscuros negocios. * Manifiesta en su contra, todas las mañas de su padre, respondiendo a medias.
luis(89686)06 de diciembre de 2020 - 03:34 a. m.
¿Quién les vendió la finca de la Zona Franca de Mosquera a los emprendedores hijos del ejecutivo?
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