El miércoles se encontraron en la Comisión de la Verdad Timochenko y Mancuso. En suma, nada nuevo. Generalidades. Repetición de términos gaseosos sobre los responsables de la barbarie: el Estado, el establecimiento, la degradación del conflicto… O quizá es que estamos tan acostumbrados a escuchar horrores que ya nada nos conmueve.
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Timochenko repitió que las Farc nacieron como una tropa de defensa campesina frente a la violencia estatal, y Mancuso repitió que el paramilitarismo nació como la defensa de los empresarios del campo ante la «vacuna» guerrillera (ahora necesitamos un ejército que nos defienda del Estado, de las bacrim y de las disidencias de las Farc).
Ambas versiones son ciertas. Lo que no contaron es que las dos hordas excedieron un pelín sus funciones defensivas y pasaron a la ofensiva con un entusiasmo que inundó de sangre los campos del país y generó una contrarreforma agraria que les arrebató a los campesinos 2,2 millones de hectáreas (como el Valle del Cauca). Solo en este punto fue preciso Mancuso: contó que les compraban la tierra a los campesinos a $25.000 la hectárea y que en una ocasión las Auc le vendieron 8.000 hectáreas al Fondo Ganadero de Córdoba. Olvidó contar el precio de venta.
Reconoció que creó las Auc por medio de las Convivir, «una confesión clave para entender el conflicto —trinó el jueves León Valencia—. Mancuso era líder nacional de 420 Convivir, cada una tenía no menos de 25 miembros, los líderes se reunían en Medellín durante la gobernación de Uribe».
La confesión de que «… operábamos con el Ejército, la Policía, el DAS y la Fiscalía. La inteligencia del Estado nos entregaba listas de personas que teníamos que matar y nosotros cumplíamos las órdenes sin preguntar», fue noticia de tercera página el jueves.
Una comisionada le pidió que concretara cómo habían planeado la «refundación del país» las Auc y los parapolíticos, pero Mancuso se hizo el sordo.
Cuando le preguntaron a Timochenko cómo era posible que las Farc, «el Ejército del Pueblo», hubieran cometido tantos ataques contra la población civil de pueblos pequeños, respondió que la culpa era de la Policía, que construía sus cuarteles en el casco urbano de la población. Y cómo los cuarteles eran reconstruidos con mayor solidez, las Farc tenían que atacarlos con cargas explosivas más fuertes. «También fue un error nuestro», reconoció compungido.
¡En Caldono, Cauca, el error se repitió 248 veces!
Cuando le preguntaron por el horror de las minas, dijo que tuvieron que sembrarlas «por la asimetría de la guerra, porque el Ejército tenía más armamento».
Mancuso sostuvo que el exterminio de la UP fue obra del Ejército y la Policía, y que las Auc no participaron en esa operación.
Dijo que no podía reparar a las víctimas porque estaba en la cárcel (este fue el momento más conmovedor de su intervención). Timochenko no tocó el punto y, en general, habló poco. Ambos pidieron perdón a las víctimas con fórmulas frías y lacónicas.
Conclusión. Las declaraciones de los dos comandantes contribuyen muy poco a la construcción de un cuadro general del conflicto. Incluso considerando que la Comisión de la Verdad no es un tribunal de justicia y que sus objetivos son morales y académicos, los resultados del encuentro del miércoles son discretos.
Nota. Hay un suceso que se ha comentado poco. Mancuso anunció que quiere declarar sobre los falsos positivos ante la JEP. ¿Fue un mensaje cifrado? Puede ser. Quizá Mancuso les está diciendo a los generales y a los líderes políticos implicados en «el Caso 03» que, si no mueven ciertos hilos en las cortes estadounidenses y colombianas, puede recuperar la memoria y rendir declaraciones mucho más precisas que las del miércoles.