Aunque tienen fama de brutos, los políticos de los partidos tradicionales tienen un talento admirable: saben huir con el botín a toda carrera gritando: “¡Ladrón, ladrón!”.
Así, después de decenios de saqueos al erario público por una entusiasta gavilla de políticos tradicionales, ahora resulta que el ladrón es el Pacto Histórico, que solo lleva nueve meses en el poder —compartido, hay que decirlo, con los gavirias tradicionales—.
Después de muchos años de descrédito del Ejército por las directrices excretadas desde los conciliábulos de los generales con paramilitares, varios gremios y setentaitantos parapolíticos de los partidos tradicionales condenados por la Corte Suprema de Justicia, ahora resulta que las tropas están desmoralizadas porque el presidente es un guerrillero. Como si fuera poco, el BID y el FMI aprueban las políticas de este Gobierno, los líderes del “primer mundo” reciben con honores al guerrillero y la ONU califica al mindefensa de héroe mundial en la lucha contra la corrupción.
Nota. Es oportuno recordar que, a raíz de la purga de 52 generales ordenada por el presidente en agosto, la Asociación de Oficiales Retirados de las Fuerzas Militares de Colombia se pronunció: “Los que salieron, con una o dos excepciones, han estado involucrados en diferentes tipos de investigaciones”. (El Colombiano, agosto 13 de 2022).
Después de décadas de “flexibilización” de la contratación laboral, engendro alcahueteado por varios gobiernos tradicionales, hoy proliferan las SAS, la tercerización en los contratos de servicios generales, la capitación en las IPS y los contratos por cuatro meses para los profesores, y tenemos las tasas de informalidad y desempleo más altas de la región. Pero la tradicionalísima procuradora vocifera que la reforma laboral es un pliego sindical y los empresarios amenazan con marcharse nuevamente del país (¿cuándo volvieron?). Esto nos pasa, se lamentan, por no elegir al ingeniero Rodolfo.
Pero el campeón del cinismo es el fiscal general. El hombre más preparado del mundo, el sheriff intergaláctico cuya obsesión es perseguir fiscales refractarios a sus amenazas, que cobraba unas clases que no dictaba en una universidad donde se cocinaban maniobras oscuras, que engavetó el caso de la ñeñepolítica, que les imputó cargos a los investigadores que grabaron las conversaciones del Ñeñe Hernández y la Caya Daza, cuyos perros van al parque a hacer popis en las camionetas de la Fiscalía escoltados por funcionarios suyos, este sheriff, digo, vocifera que Petro les vende puestos del bus de la paz total a los mafiosos de La Picota.
En estos días Barbosa ha tenido todos los micrófonos abiertos, pero el más obsecuente fue el de Julito en W Radio. Julito se ahondó en cóncavas venias ante el fiscal, despachó en 14 segundos el punto grueso, la denuncia de Petro sobre la presunta complicidad de la Fiscalía con el Clan del Golfo, y le dedicó más de 20 minutos al otro punto, la salida en falso de Petro contra la separación de poderes. Para empezar, Julito se declaró sorprendido. “… Yo tenía en mente la separación de poderes”, dice, y le pone la pelota en el área a Barbosa: “Siendo Petro jefe suyo, ¿usted le debe reportar a él?”, le pregunta con una ingenuidad conmovedora. Ni corto ni perezoso, Barbosa se derramó en prosa constitucional.
Está bien que el fiscal capitalice el estúpido error del presidente, claro; lo imperdonable es que ignore el otro asunto, la posible complicidad de la Fiscalía con el Clan del Golfo, tema que Julito y el fiscal no tocaron. Luego una fiscal aclaró que no fueron 200 los homicidios sino apenas 20, una explicación que se parece mucho al “análisis” de la masacre de las bananeras de una polémica y divertida senadora de la política tradicional.