Primero, unas precisiones necesarias. * La lógica occidental, la que veía el mundo como un tablero de cuadros negros o blancos, caducó hace 100 años: hoy el mundo es un fresco de matices del gris. Los chinos sabían esto hace dos mil años. Es por esto que el símbolo del yin y el yang entrelaza el negro y el blanco; los colores no están separados con una línea recta sino por una curva; la zona blanca tiene un punto negro, y la zona negra tiene un punto blanco.
* Guerrillero no es sinónimo de antisocial y senador no significa necesariamente pulcritud moral. Por el contrario, el Senado encabeza siempre el ranking de las instituciones más desprestigiadas del Estado, y guerrilleros como Nelson Mandela y Pepe Mujica son símbolos mundiales de austeridad y sabiduría. (Nota. Sí, las Disidencias de la FARC y el ELN son grupos de delincuencia común).
* El capitalismo no es un engendro satánico. Es un modelo económico que privilegia la economía de mercado y pelecha en las democracias sólidas, en dictaduras zurdas o diestras (China, Singapur) y en monarquías parlamentarias (Suecia, España, Noruega).
* El comunismo clásico no se practica en ningún país del mundo. Nicaragua y Cuba son antros premodernos del nepotismo, y Venezuela es una fusión singular: es un «trumpismo chavista» especializado en el rubro de los hidrocarburos.
* El socialismo moderno no es una utopía ingenua: es una corriente económica del liberalismo que privilegia la economía social de mercado; es decir, una economía redistributiva, con cargas tributarias progresivas y una injerencia moderada del Estado en los negocios privados.
* Las naciones que tienen bajos índices de homicidios y altos indicadores de desarrollo humano son las que mezclan lo mejor de los dos mundos: el capitalismo, que aprovecha el dinamismo de la empresa privada, y el socialismo, que regular los mercados y aplica políticas redistributivas (vía impuestos altos y subsidios) para proteger a los sectores más frágiles. China, Nueva Zelanda, Brasil, Francia, Alemania, Inglaterra, Islandia y los países nórdicos pertenecen a este grupo.
Sentadas estas premisas, repasemos los programas de Cepeda y Abelardo.
En los primeros cien días, Cepeda convocará a un gran acuerdo nacional; propondrá un modelo de salud mixto, con rectoría estatal y enfoque preventivo, y una fiscalía especializada que combata la macrocorrupción y el crimen organizado.
A Abelardo le sobran diez días. «Retomará el país» en 90 días por la razón o por la fuerza, bajará la tasa de interés al 2 % anual con ayuda de la banca extranjera si los bancos nacionales no se someten a su «programa milagro», y recortará el Estado en un 40 % (700.000 empleados).
Estados Unidos. Cepeda ha dicho que trabajará con ellos en un marco de respeto y soberanía. Abelardo es un admirador rendido de Trump, su ídolo. Sueña destripar opositores como Trump destripa palestinos, venezolanos o iraníes.
Abelardo debería enterarse de las bajas notas que le asignan a Trump, en economía y en política exterior, la opinión pública y todos los medios estadounidenses, incluidos los de Fox, el conglomerado de medios de comunicación de filiación republicana.
Medioambiente. Cepeda es partidario de cuidar «la casa grande»; que no enturbiemos las aguas ni tiznemos el aire ni maltratemos a los animales. Abelardo, por su parte, se relame: «hay que meterle al fracking a lo que dé».
Educación. Cepeda quiere llevar la gratuidad de la universidad pública al 100 % (hoy es del 97 %). La educación estará centrada en el ser y el saber: en lo cognitivo pero también en el desarrollo emocional, los valores humanos y las competencias ciudadanas.
Abelardo propone la creación de «una plataforma avalada por el Ministerio de Educación que ofrezca ciclos cortos de estudio (máximo un año), la entrega gratuita de computadores y conectividad para los jóvenes».
Ciencia. Cepeda propone: 1. integrar la tecnología con los saberes locales y la economía popular, diseñando los programas académicos que respondan a la vocación productiva de cada municipio. 2. Impulsar la investigación científica enfocada en la defensa de los ecosistemas, la transición energética y el fortalecimiento de universidades regionales.
Abelardo propone «la universidad virtual en casa, donde los jóvenes se formen en inteligencia artificial, robótica y programación en ciclos cortos (máximo un año), con el objetivo de asegurar su rápida inserción laboral».
La ética de Cepeda es clara: no se maquilla ni se acomoda ni trabaja con sujetos como Benedetti ni buscó una fórmula vicepresidencial de centro.
La ética de Abelardo cabe en la frase famosa: «Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros». Su estrategia favorita es el insulto cínico: tilda de guerrillero a Cepeda para que olvidemos su compadrazgo con los mafiosos. Abelardo me recuerda al ladronzuelo que huye y se camufla gritando ¡cójanlo, cójanlo!
Tiene dos frases memorables: 1. «Salvatore Mancuso se echó a la espalda una lucha que debimos haber dado todos los cordobeses». 2. «Ernesto Báez era el romántico de las autodefensas». ¿Que significará «romántico» en el vocabulario de Abelardo? ¿Jugar fútbol con cabezas humanas en el potrero de una vereda con rancheras al fondo y bajo la luz de la luna?