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Notas para un balance del «peor gobierno de la historia»

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Julio César Londoño
22 de agosto de 2026 - 05:05 a. m.
Vicepresidenta Francia Márquez y presidente Gustavo Petro junto a su gabinete en Leticia (Amazonas).
Vicepresidenta Francia Márquez y presidente Gustavo Petro junto a su gabinete en Leticia (Amazonas).
Foto: Cancillería
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Trazo aquí, a mano alzada, un balance de los cuatro años del Gobierno del Cambio (GC).

La Paz Total fue un desastre ídem. Se pensó que si un gobierno de derecha como el de Santos negoció de manera exitosa con las FARC, un gobierno de izquierda liderado por un exguerrillero y figuras como Iván Cepeda y Álvaro Leyva podía redondear la tarea, pero el ELN y el Clan del Golfo tenían planes más jugosos. El establecimiento celebró ruidosamente el fracaso de la Paz Total, con un regocijo casi comparable a las iras de la derecha por el éxito de los Acuerdos de La Habana. Se comprobó, una vez más, que la paz no es el fuerte del homo sapiens, esa criatura que vibra con la fiesta de la guerra, «partera de la historia», alma y nervio de la tecnología y del mercado.

La corrupción fue otro lunar enorme, y no solo por los detrimentos patrimoniales, que fueron cuantiosos, sino también por la complicidad del ejecutivo. ¿Valió la pena empañar la imagen del GC para entronizar a Benedetti, sostener a Juliana Guerrero y poner en el DAPRE a Angie Rodríguez, exnovia del hijo de «Jorge 40»?

Se le criticó mucho «el tonito» a Petro, y es verdad, el señor tiene su temperamento, pero nunca oímos, desde la otra orilla, un llamado a ejercer una oposición constructiva ni a bajarle al tono a la campaña cerrada y pugnaz que libraron contra el GC la gran prensa, el Congreso, las Cortes, los gremios económicos y la oposición.

Quizá el mayor logro del GC fue la reforma agraria, la mayor en dos siglos, una vasta operación que entregó 2,5 millones de hectáreas a los campesinos. Es mucho si las comparamos con las 34.000 hectáreas. entregadas por los gobiernos de Santos y Duque, pero es poco frente a los 10 millones de hectáreas (4,5 veces el área del Valle del Cauca) que la contrarreforma paramilitar les arrancó a los campesinos entre 1995 y 2008. De todas maneras, la cifra del GC es notable si tenemos en cuenta su impacto sobre la seguridad alimentaria del país, y contra el principal vector del conflicto, la tenencia de la tierra. Quiera Dios que ADLE, admirador rendido de Mancuso y de Ernesto Báez («el romántico de las autodefensas», como repite ADLE con los ojos aguados) no atice una nueva contrarreforma.

La transición energética del GC fue precipitada, dicen los expertos. El nuevo gobierno deberá tomar un camino medio: no debe adoptar el credo del purismo ambiental pero tampoco aplicar alegremente el «fracking sostenible» ni insistir en la derogación del decreto que declaró reserva natural las 1.499 hectáreas que conforman la microcuenca del río La Baja en el páramo de Santurbán, el criminal debut del nuevo ministro de Ambiente. Nota: estoy seguro de que los intereses billonarios de las multinacionales mineras no tuvieron nada que ver con esta tempranísima medida del nuevo gobierno.

Hay que destacar que, por vez primera en la historia del país, el agua y el aire, el pájaro y la flor, estuvieron en el centro de un programa nacional de gobierno.

También fue este el primer gobierno que se tomó en serio las siempre alabadas y nunca aplicadas políticas de inclusión, y puso en altos cargos a miembros de las poblaciones indígenas y afrodescendientes y de las comunidades sexualmente diversas.

En materia laboral, el GC obtuvo notas altas. Después de decenios de repetir que un aumento de dos décimas del salario mínimo por encima de la inflación recalentaría la economía y arruinaría a la empresa privada, el GC casi duplicó el salario mínimo y el mundo no se derrumbó. Los nuevos manuales de economía registrarán que México, Colombia, Chile y Alemania incrementaron el salario por encima del 20 % este año y refutaron felizmente el viejo y avaro axioma de las dos décimas. La reforma laboral, que morigera normas mezquinas, fue otro de sus logros. Los empresarios y la oposición se opusieron con fiereza, pero al final aceptaron de manera unánime ambas cosas, el mínimo y la reforma.

La política económica del GC fue avalada por un Nobel de economía, Joseph Stiglitz, el magnate y filántropo George Soros, dos académicos tan reputados como Thomas Piketty y Mariana Mazzucato, y por los informes de la OCDE, el Vaticano del capitalismo, organización que reconoció varias veces los buenos indicadores económicos del país.

El sistema nacional de salud atraviesa su peor momento, aseguran ACEMI y la oposición. Puede ser cierto. Las enfermedades crónicas, como los problemas estructurales, se agravan con los años. La salud de Petro fue peor que la de Duque, que fue peor que la de Santos, que fue peor que la de Uribe. La nueva ministra de salud, Ana María Vesga, emisaria solícita de ACEMI y de las EPS y entusiasta defensora de la intermediación financiera de esos «prestadores de salud» y de la rentable fórmula de la «integración vertical», pondrá ahora los mismos pañitos de agua tibia que le han puesto al sistema de salud todos los ministros que en el ramo han sido… y la salud de ADLE será peor que la de Petro.

Para no alargar esta lista, cito dos testimonios públicos muy representativos: «El país va bien. Estamos prosperando», Luis Carlos Sarmiento, mayo 31 de 2026. Iván Cepeda, 12’708.312 de votos, junio 21 de 2026

* Miles de colombianos trabajan en los escombros del maldito terremoto. Otros cocinan para los damnificados, los visten y los acompañan y confirman la luminosa definición de Gioconda Belli: «La solidaridad es la ternura de los pueblos». Gracias, gracias de corazón.

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