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EN DÍAS PASADOS DISCUTÍ CON UN creyente sobre la homosexualidad. Yo defendía el derecho de la gente a hacer de su fondillo un sayo, y el hombre lo atacaba con razones morales y científicas.
Citó “autoridades”, homófobos recalcitrantes, como José Galat, ese señor que odia tanto a los homosexuales que uno termina por pensar si no será que algún muchacho le rompió el corazón. Yo le recordé que hace más de 30 años que los médicos dejaron de considerar la homosexualidad una patología mental. Cité conceptos en boga (tolerancia, bipolaridad, biodiversidad, metrosexualidad) pero finalmente me arrinconó con una cita de Las Escrituras: “No cometas pecado de sodomía porque es una abominación”. (Levítico, 18:22). Uno puede desconfiar de Galat y de la ciencia (la moral es una materia relativa) pero ante el Libro no hay nada qué hacer. Agaché la cabeza y me fui a estudiarlo.
En el mes largo que llevo aplicado sobre sus páginas, he aprendido más sobre la literatura y el alma humana que en toda mi vida. También, debo decirlo, me han asaltado muchas dudas. Transcribo algunas de las principales por si algún lector quisiera darme luces al respecto.
Levítico 5:19-24, por ejemplo, proscribe el trato con mujeres que estén menstruando. Muy bien, vade retro “pacho” y la impureza, pero ¿cómo distinguirlas? Uno no puede ir por la calle preguntándoles a las señoras esas cosas así como así.
Otra inquietud: tengo una hermana insoportable y quiero venderla como esclava siguiendo los consejos de Éxodo, 21:7. Considerando que es una mujer madura pero fogosa y no del todo fea, ¿cómo la taso?
Levítico, 25:44 me autoriza a tener esclavos, tanto varones, como hembras. Yo sólo tengo una sirvienta y me gustaría adquirir un muchacho italiano. ¿Nihil obstat?
Me aseguran que la versión original del decálogo decía: “No desearás la mujer del prójimo… ¡ni al prójimo!”. ¿Es verdad? A pesar de los ruegos de toda la familia, mi suegro insiste en trabajar los sábados en la finca. Según Éxodo 35:2 debe recibir la pena de muerte. Como yerno mayor, ¿debo matarlo yo mismo? En tal caso, ¿puedo hacerlo en sábado?
En Levítico, 21:20 se prohíbe que los mancos, cojos, ñatos, narizones, jorobados, sarnosos, legañosos o ciegos se acerquen al altar de Dios. No arrastro con ninguno de estos estigmas, gracias al Señor, pero mi visión, dista mucho de ser 20/20. ¿A cuántos metros del altar puedo llegar?
Los fines de semana juego fútbol. Punta izquierda. Solía ser buen portero hasta que leí que tocar la piel de un cerdo muerto me hace impuro (Levítico, 11:6-8). Ustedes dirán que qué tiene ver lo uno con lo otro. ¡Pues todo, porque cómo voy a saber con qué clase de piel está hecho el balón!
Mi tío se pasa por la faja el precepto de Levítico, 19:19 plantando dos cultivos distintos en el mismo campo. También lo viola su mujer, que combina prendas de tejidos diferentes. ¿Es realmente necesario reunir a todos los habitantes del pueblo para lapidarlos (Levítico, 24:10-6) o podemos quemarlos vivos en una pequeña reunión familiar, como se hace con los que duermen con sus parientes políticos? (Levítico, 20:14).
(Volviendo al asunto del fútbol, ¿puedo volver al arco y salvarme usando guantes sintéticos?)
Ignorantes de Levítico, 19:27, todos mis amigos varones se peluquean y se rasuran. ¿Cómo explicarles que eso es una abominable superstición gentil? ¿Cómo pedirles que dejen de hacerlo sin que piensen que me enloquecen los hombres barbados y llenos de cachumbos rodándoles por el rostro?
Quedo a la espera.
