En apenas tres meses el Gobierno de Petro ya obró varios milagros. El más notable consiste en la conversión de la extrema derecha. Ahora son revolucionarios, viven en las calles y su lema podría ser: “¡No produzco, marcho en primera línea!”; rechazan la reforma tributaria, que tiene el visto bueno de la OCDE, el Vaticano del capitalismo; lamentan la muerte de los líderes sociales, el genocidio cuyos móviles eran “problemas de faldas”, como explicó un agudo mindefensa de Duque; ayer eran aristócratas y partidarios de gravar la canasta familiar de la chusma, hoy viven preocupados por precios del pan, la salchipapa y la gaseosa.
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