En todas las profesiones, incluso en las científicas, existen supersticiones. Con mayor razón las encontramos en las artes y en las letras. Ejemplos. Los poetas aborrecen los signos de puntuación. Los consideran obviedades propias de sus hermanos menores, los prosistas. Suponen que un lector promedio sabe que el final de un verso conlleva una pausa, que puede ser corta, como una coma, o larga, como un punto, o larguísima, caso en el cual insertan un doble espacio luego del verso. A veces condescienden a puntuar, pero jamás pondrán un punto y coma, signo que consideran el culmen del manierismo. «Shakespeare nunca lo utilizó, y mire usted cómo le ha ido de bien», me dijo un poeta ayer con la determinación de un punto final.
La superstición más extendida en el gremio es la que supone que la novela es más importante y mucho más difícil que el cuento. Pamplinas. «Es verdad que la novela exige una “calidad sostenida” en el tiempo, pero esto es materia de mera perseverancia y apenas guarda una relación colateral con el talento», escribió Poe en la nota XXX de Marginalia.
Gabo destripaba en las mañanas, con un lápiz rojo y severo, los versos alejandrinos que se le habían colado en la prosa en la noche, y evitó siempre los adverbios terminados en mente. En lugar de escribir que Amaranta luchó silenciosa y largamente contra el acoso de su sobrino, mientras en el cuarto de enseguida su esposo belga inventaba un velocípedo, Gabo, fiel al precepto de mostrar sin calificar, dice que el forcejeo de la tía contra el fogoso sobrino fue tan largo que alcanzaron a florecer las begonias del patio.
En realidad el sufijo -mente no suena peor que -aco (policiaco, cardiaco), -osa (jugosa, melindrosa) o cualquier otro sufijo, pero Gabo les compró esta superstición a los poetas métricos, que odiaban los adverbios en mente porque son muy largos y copaban la capacidad de sus versos. En suma, los poetas no rechazaron los adverbios en mente por feos sino por largos, pero Gabo entendió mal… un error que le permitió escribir pasajes tan eróticos como el de las begonias abriendo sus corolas afelpadas en el patio de la casa de Amaranta.
La superstición más extendida en el tiempo es la creencia de que Shakespeare es el número uno de todos los tiempos. Error. El dominio de la literatura es la singularidad, no la cantidad. En el mundo de las letras, el número es un actor de reparto que nunca será protagonista. No tiene sentido alguno establecer jerarquías entre los genios de las letras.
Sobre los clásicos, un ensayo de Borges que demuestra la fragilidad de los ránquins, termina así: «Cada cual descree de su arte y de sus artificios. Yo, que me he resignado a poner en duda la indefinida perduración de Voltaire o de Shakespeare, creo (esta tarde uno de los últimos días de 1965) en la de Schopenhauer y en la de Berkeley. Clásico no es un libro que necesariamente posee tales o cuales méritos; es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad».
Durante 17 inviernos prediqué este evangelio: el «mensaje» es una necedad. Cabe en las fábulas, que son infantiles y didácticas, nunca en las obras destinadas a lectores adultos. Pero un día una alumna levantó la mano y dijo con una tranquilidad casi altanera: «Todas las obras del arte están contaminadas con intenciones morales, inmorales o ideológicas. Todos los autores quieren vendernos algo. El ensayista lo hace de frente, el poeta y el narrador deben ser sutiles, pero todos tiran línea».
Yo sentí que una gota fría me bajó por la espalda, pero me sobrepuse: Deme ejemplos de autores que tiren «mensaje» sin incurrir en las vulgaridades del panfleto, la reté. Sin inflexiones en la voz, la joven recitó: «El voto y la plegaria besan las cadenas. (Vargas Vila) * Hay que ser como Dios que nunca llora o como Satán que nunca reza. (Almafuerte) * Como les parecen pocas las penas de este mundo, los orientales inventaron la reencarnación y los occidentales castigos eternos. (Emil Ciorán) * Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa. Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo. Wislawa Szymborska».
«La regla del dos» es un precepto sensato, no una superstición. Dice que no debemos juntar dos adjetivos, ni dos preposiciones, ni dos infinitivos verbales, ni dos conectores, ni dos de nada. Ahora, si usted se llama san Juan de la Cruz, puede poner tres «que» seguidos y lograr un efecto extraordinario, como en ese pasaje de «El cantar de los cantares» donde ella pregunta por su amado y solo le responden con balbuceos: «… y déjanme muriendo un no sé qué que quedan balbuciendo». Los críticos dicen que estos tres «que» persiguen un efecto onomatopéyico que quiere imitar el tartamudeo. La realidad es que san Juan de la Cruz quería fastidiar a los autores de «La regla del dos».
Aristóteles descubrió que los buenos dramas observaban «La regla de las tres unidades»: sucedían en un único intervalo de tiempo y en una misma locación, y abordaban solo una historia. La estructura tenía que ser simple y ordenada: inicio, nudo y desenlace. Y así se construyeron los dramas hasta que Shakespeare dinamitó «La regla de las tres unidades», el cuentista Nathaniel Hawthorne entendió que la lógica era la excepción, no la regla (recordemos el cuento «Wakefield»), Ánton Chéjov le restó importancia al nudo y Franz Kafka les enloqueció la brújula a los críticos poniendo el nudo en todas partes y la solución en ninguna.
Trataré estos asuntos con la poeta Betsimar Sepúlveda hoy entre las 10 a.m. y las 12 meridiano. Hablaremos también del cuento, ese género que huele a mil y una noches; de la crónica, una mezcla precisa de narrativa y periodismo, la sistematización del chisme; de ensayos de divulgación científica, para conocer las noticias de los trabajos de los genios; de crítica literaria, porque muchas veces el comentario es más apasionante que la obra; y de poesía, por supuesto, la longitud de onda del espíritu que nos hace humanos. Será una clase de acceso libre y el lector puede asistir al Centro Cultural Comfandi, Cali, o conectarse mediante el link https://surl.li/uuvdfb