Al fin la Corte Constitucional despenalizó el aborto, asunto que fue y vino entre la Corte y el Congreso desde que Florence Thomas estaba chiquita. Ahora cualquier mujer podrá exigirle a su EPS que le practique un aborto por la razón que sea hasta la semana 24, e incluso después si se trata de un “aborto terapéutico” o el embarazo es producto de una violación.
Las EPS volarán solícitas a cumplir la sentencia si la madre es usuaria de la medicina prepagada, o le mamarán gallo hasta la semana 25 si es una colombiana de “segunda categoría”, como las del sistema subsidiado, y las IPS se declararán “objetoras de conciencia”, como si los edificios y las IPS tuvieran conciencia. ¡Como si alguien supiera qué diablos es eso!
El único que podría saberlo, Rodolfo Llinás, dijo un día, muy orondo, que la conciencia era un sistema de osciladores eléctricos situados en la oliva inferior del cerebro. Un poco más y se hace una selfie con la conciencia, encuentra “la piedra de la locura” y salva al mundo de la insania.
Durante varios años la Corte consideró el aborto terapéutico como una necesidad básica, y los congresistas alegaron que el aborto era un asesinato, cuando estaban serenos, o “una carnicería”, cuando estaban en modo “pastor frenético”. No es un asunto sencillo, hay que reconocerlo. La vida es tabú y el aborto será siempre un procedimiento traumático para cualquier mujer. Es infame que los santones salgan a decir que ahora ellas utilizarán el aborto como un método anticonceptivo. Canallas.
Los “provida” alegan que, a diferencia de las vacas, los toros, los negros y los indígenas, el feto sí tiene alma, otra entelequia famosa.
Nota. El alma es una entidad ectoplasmática del hombre e incluso de la mujer, que es insuflada en el feto entre el quinto y el séptimo día de la primera semana de gestación. El intervalo no es arbitrario. El alma no puede ser insuflada antes en previsión de un suceso extraordinario: que el cigoto (óvulo + espermatozoo) se divida en dos embriones dando lugar a gemelos univitelinos, milagro que ocurre al final de la primera semana. Dios no puede insuflar el alma en el cigoto antes del séptimo día porque entonces uno de los gemelos quedaría sin alma, sustancia que no puede dividirse en dos mediante simples contorsiones meióticas, como cualquier ameba.
Durante decenios, los magistrados lidiaron con este intrincado dilema que involucraba el riesgo de muerte de la madre, la sacralidad de la vida, la desdicha de un niño baldado, el infierno de una mujer violada y la excentricidad de un gemelo univitelino desalmado.
Finalmente decidieron respetar la autonomía de la mujer sobre su cuerpo, privilegiar la salud física y emocional de la madre, su bienestar y el de su entorno familiar. También pesó un argumento económico, el “capital social”: la madre, una mujer que tiene amigos, amores y parientes, y en cuyo desarrollo la sociedad y la naturaleza han invertido grandes recursos, es más valiosa que una criatura que apenas despunta a la vida.
P. S. 1. Los más indignados con la sentencia de la Corte son los mismos que no se inmutan por el robo de los recursos para los desayunos escolares o para la conectividad de los estudiantes más pobres, ni por la mendicidad y la prostitución infantiles, ni por los bombardeos a los campamentos donde hay niños-máquinas-de-guerra.
P. S. 2. La más indignada es la Iglesia católica, que lleva varios siglos encubriendo y cambiando de parroquia a decenas de miles de servidores de Dios que han abusado de millones de niños a lo largo y ancho de los cinco continentes.
P. S. 3. Los “provida” y los enemigos de la eutanasia rezan en coro: “Yo ordeno que tú obres de acuerdo a mis creencias”.